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8.572196 - ALBÉNIZ, I.: Piano Music, Vol. 3 (González) – 6 Danzas españolas / 6 Pequenos valses / 6 Mazurkas de salon
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Isaac Albéniz (1860–1909)
Música para piano • 3

 

Isaac Albéniz nació en Camprodón (Cataluña) el 29-V-1860, hijo de padre alavés, siendo el menor de cuatro hermanos. Muy pronto la familia se trasladó a Barcelona. Su hermana Clementina le enseñó a tocar el piano, dando Albéniz su primer concierto con cuatro años en el Teatro Romea, causando la admiración del público. Estudió con Narcís Oliveres hasta los seis años, en que se trasladó a París para estudiar con Marmontel. De nuevo en España continuó estudios con Narcís Oliveres. En 1869 la familia se trasladó a Madrid, donde Albéniz estudió con Ajero, Mendizábal y Compta.

Con diez años (1870) abandonó la casa familiar y organizó sus propias giras de conciertos, recorriendo toda España. En 1872 viajó a Sudamérica dando conciertos en Argentina, Uruguay y Brasil. En 1873 regresó a España realizando otra gira de conciertos por la península. Con quince años (1875), regresó a América, dando conciertos en Puerto Rico, La Habana y Santiago de Cuba. De Santiago viajó a México, Nueva York y San Francisco. Regresó a Europa, con gira de conciertos por Inglaterra y viaje a Leipzig para estudiar con Jadassohn y Reinecke. En una carta a su hermana se queja de estar cansado de recorrer el mundo ¡a los quince años de edad!

Regresó a Madrid en 1877, obteniendo la protección del conde de Morphy, secretario particular de Alfonso XII, que le costeó estudios con Gevaert y Brassin en Bruselas. Nuevo viaje a Estados Unidos en 1878, antes de obtener en 1879 el primer premio del Conservatorio de Bruselas con un jurado en el que estaban von Bülow y Anton Rubinstein. En 1880, en un viaje por Praga, Viena y Budapest, Albéniz cuenta que conoció a Liszt, que le aceptó como uno de sus discípulos escogidos, pero es imposible confirmar documentalmente esta afirmación, fruto de su admiración por el músico húngaro.

En 1881 volvió a Cuba, México y Argentina, regresando a España en mayo, con giras por Aragón, Navarra y el País Vasco. Descubre la guitarra a través del guitarrista “El Lucena” incorporando la escritura guitarrística andaluza en sus obras pianísticas.

En 1886 se presentó en el Salón Romero, principal sala de conciertos de Madrid. La crítica lo definió como “un gigante que lleva la poesía en los dedos”. Su fama es enorme en toda España. En mayo de 1886 realizó otro viaje a Cuba. La Exposición Universal de París de 1889, con los recitales que le organizó la casa Erard, fue trascendental para la difusión de la música de Albéniz, con la utilización del uso pianístico del rasgueado de guitarra, procedimiento inédito en la música de teclado. Al ser escuchado por Dukas, Fauré, Debussy, Ravel y Chausson, entre otros, produjo la eclosión del hispanismo en Francia. Los éxitos ininterrumpidos en toda Europa lo convierten en el mentor de la escuela nacionalista española, introduciendo en los círculos musicales de París a Manuel de Falla, Joaquín Turina y otros muchos españoles. Tocó en público por última vez en los conciertos de la Libre Esthétique de Bruselas. En marzo de 1909, muy enfermo, se trasladó al balneario de Cambo-les-Bains, (país vasco-francés), falleciendo allí el 18 de mayo de ese año.

La gran aportación al nacionalismo musical español de Isaac Albéniz culmina con su Iberia o las Douze Nouvelles Impressions en Quatre Cahiers (1905–1909) pero, antes de esta magna obra, dejó una importante cantidad de música para piano en el estilo propio de la música para salón del siglo XIX, que satisfacía una demanda de la educación femenina de la nobleza y alta burguesía, que en España tenía en el estudio del piano uno de sus pilares educativos, junto con el idioma francés y las labores.

Hay que distinguir entre este tipo de música, demandada por una sociedad que había hecho de la música de salón uno de sus principales pasatiempos en toda Europa, y aquella otra en la que los compositores innovaban tanto en la técnica como en la forma e iba destinada a los pianistas profesionales cuyos conciertos, en los que exhibían su alto virtuosismo, eran igualmente demandados por esa misma sociedad.

Estas primeras obras se resienten en su valoración si las comparamos con las que conforman el gran repertorio virtuosístico de la música para piano, pero cobran un nuevo y diferente valor si se las considera como lo que son: reflejo de la sociedad de su tiempo, músicas que escuchaban y tocaban nuestros antepasados y que forman parte de la vida cultural convencional, músicas agradables, correctamente compuestas y de belleza intrascendente, pero no por ello menos emotiva. Se trata de un entrañable repertorio que habitualmente permanece a la sombra de las grandes obras que definen la evolución de la técnica pianística.

Compuestas hacia 1885 las Seis Mazurcas de salón, op. 66, están editadas por Antonio Romero en 1886. La 1 y la 2 son iguales que First Mazurca, Second Mazurca, editadas en Londres por Stanley Lucas, Weber & Co., en 1890. Obras de compromiso en su labor docente con las damas de la nobleza y la burguesía, presentan en la portada de cada una de ellas, dibujadas, tarjetas de visita con sus esquinas dobladas y el nombre de las destinatarias. Tienen una influencia chopiniana evidente. La mazurka nº 1, “Isabel, está dedicada “A la Exma. Señora Condesa de Benhavis”, la Isabel del título. Tiempo enérgico y tonalidad de la bemol mayor. La mazurka nº 2, Casilda”, dedicada “A la aristocrática y eminente Artista Señorita Casilda Alonso Martínez”, tiene tempo Allegro y tonalidad de fa menor. La mazurka nº 3, “Aurora”, la dedica “A mi distinguida amiga Señorita Aurora Benamejís”. Non troppo con la indicación elegante, propia de la música de salón. La mazurka nº 4, “Sofía”, es la más corta de todas y la más chopiniana, dedicada “A mi distinguida discípula Señorita Sofía de Patilla”. La mazurka nº 5, “Christa”, dedicada “A mi adorable amiguita Christa Morphy”, hija de su protector y amigo el Conde de Morphy. Es la más extensa de las seis. Su tempo es Presto y no tiene por ello carácter de vals. La mazurka nº 6, “María”, dedicada “A mi buena y querida discípula Señorita María de Vida”, es la de mayor riqueza armónica. Tempo giusto, en sol mayor.

Los Seis pequeños walses,(sic, con w) Op. 25 fueron compuestos en torno a 1880 cuando contaba 20 años de edad, en plena época romántica del compositor en la que abundan, estudios, pavanas, mazurcas, barcarolas y otras piezas de salón, escritas a cinco pesetas la página para el editor Romero y a tres setenta y cinco para el catalán Pujol, “Evidentemente—confesaba Albéniz a M.C. de Castera—no era caro, pero yo hacía aquello muy de prisa”. De claro influjo chopiniano, no llevan otro título que la indicación de tempo o el carácter de cada uno y están dedicados como “Respetuoso recuerdo a la Srta. de Morphy”

El vals Nº 1, Allegretto. marcato il canto, indica ligero, y está en re bemol mayor. El vals Nº 2, Melancólico, en mi bemol mayor, presenta un tema muy chopiniano, siendo el más breve de toda la serie. El vals Nº 3, Allegro, ben ritmado, en la mayor, ofrece un claro contraste con el carácter del precedente. El vals Nº 4, Allegretto, en mi bemol mayor, de nuevo nos recuerda la escritura de Chopin o Schubert y es el más extenso de los seis. El vals Nº 5, Con brio e ritmo, en fa mayor, en el que de nuevo la influencia de Chopin es evidente. El vals Nº 6, Allegro molto y en la bemol mayor.

Escritas antes de 1887 dentro de ese estilo de “música de salón” las Seis danzas españolas tienen otra vez una justificación didáctica, al estar dedicadas (salvo una) a sus alumnas. Presentan los primeros atisbos de la necesidad de Albéniz de encontrar su propio lenguaje españolista, abandonando el estilo de Chopin y Schumann que hasta ahora orientaba su estética. Son a la vez cubanas y españolas, (Cuba era provincia española) y recogen la experiencia cubana de Albéniz. Aquí insiste en el aspecto rítmico, que será una de las características de su producción posterior, trabajando en la rítmica propia del “tango” o “habanera” que alterna o simultanea el ritmo binario y el ternario. Danza Nº 1 en re mayor. Sin indicación de tempo. Dedicada “a mi querida discípula Raimunda de Llorens”, es la más corta de las seis. Danza Nº 2 en si bemol mayor. Allegretto y la dedicatoria “a mi querida amiga y discípula Srta. Pilar de Lora”. Danza Nº 3 en mi bemol mayor. Allegretto, dedicada “a mi buena discípula Srta. Victoria de Patilla”, hermana de Sofía de Patilla.

Danza Nº 4 en sol mayor. Dedicada “al insigne pintor Gomar recuerdo afectuoso del autor”. Antonio Gomar y Gomar (Benigánim, 26 Marzo 1849—Madrid, 1911) es un olvidado pintor valenciano que en la actualidad está en vías de recuperación. Por sus contrastes, plan tonal y mayor elaboración, se distingue en calidad de las anteriores. Danza Nº 5 en la bemol mayor, dedicada “A mi querida discípula Pepita Patilla”, hermana de Sofía y Victoria. Es la más interesante desde el punto de vista armónico y deja traslucir al Albéniz del futuro, por su búsqueda de lo español y por su riqueza armónica. Danza Nº 6 en re mayor, dedicada “A mi distinguida discípula Concha Grandera”, igual que las anteriores en 2/4 y esquema rítmico semejante al de la danza nº 5.


Antonio Martín Moreno


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