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8.572419 - HALFFTER, R.: Chamber Music, Vol. 2 - Giga / 3 piezas breves / 2 Sonatas / Homenaje a Antonio Machado (Madrid Community Orchestra Soloists)
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Rodolfo Halffter (1900–1987)
Música de Cámara • 2

 

El catálogo de Rodolfo Halffter abarca casi todos los géneros sonoros, desde el teatral a la miniatura solista y nos hallamos ante un músico instrumental cuyo pensamiento nace y se adapta a ese género que tendemos a identificar con la música pura o absoluta.

Nacido en Madrid el 30 de Octubre de 1900, fallecido en México el 14 de Octubre de 1987, su vida se polariza precisamente en esa dualidad hispanomexicana. Formado en Madrid con su madre y con Francisco Esbrí, temprano descubridor de las vanguardias europeas, Schönberg incluido, fue pieza fundamental en la intelectualidad de la Generación del 27 y en el afán regeneracionista surgido en torno a la II República. Apoyado por el pianista Fernando Ember y el crítico Adolfo Salazar, desde 1922 su presencia compositiva es notable transitando los senderos que van desde el neoclasicismo a la vanguardia, desde la influencia internacionalista de corte francés a la entraña de la música hispánica animada por Falla.

Tras la guerra civil se instalará en México. Allí, durante treinta años, desempeñará la cátedra de Análisis Musical del Conservatorio Nacional de Música y se integrará de lleno en la vida musical y cultural mexicana de la que llegará a ser también un símbolo. Fue creador de la revista Nuestra Música (veintinueve números entre 1946 y 1953), de las Ediciones Mexicana de Música y maestro de varias generaciones de compositores mexicanos.

Aunque se sintió plenamente mexicano, no dejó nunca de considerarse igualmente español y en sus últimos años multiplicó sus contactos con España. Su lenguaje musical fue evolucionando sin perder sus bases y se acercó claramente a una vanguardia que él practicará con tanta libertad como personalidad.

La Giga, op. 3, para guitarra, surge en 1930, petición de otro músico intelectual de la época, el guitarrista Regino Sainz de la Maza. A él está dedicada la obra y él la estrena en Madrid el 18 de Noviembre de 1931. La edición parisina de 1934 estará digitada por Emilio Pujol. Musicalmente es una pieza breve, inserta en la estética scarlattiana de la época, con aire de danza viva, delicada y matizada a la vez.

Nicanor Zabaleta transcribió para arpa las tres últimas piezas del Homenaje a Antonio Machado entre 1950 y 1951, habiéndolas ya tocado por todo el mundo. Pero luego la obra sería publicada por Unión Musical Española revisada y digitada por María Rosa Calvo Manzano, lo que disgustó no poco a Zabaleta. La obra ahonda en la tradición de la antigua música española y en su versión para arpa se acerca claramente al lenguaje, modernizado, claro, de los antiguos vihuelistas del Renacimiento español. En ese sentido resulta un buen ejercicio repasar esta versión al mismo tiempo que el original pianístico para comprobar en qué medida el diferente tratamiento instrumental afecta a la música no sólo técnicamente sino también en cuanto a la orientación estética.

Obra aparecida cuando está gestando una estética de corte neoclásico y lenguaje moderno en el que los componentes scarlattianos y solerianos se estudian por consejo de Falla. A través de Adolfo Salazar, el compositor conoce a Falla, acepta su magisterio y en una visita a Granada le lleva varias obras y analiza con él sonatas de Scarlatti. Las Dos sonatas de El Escorial, op. 2, están influidas desde el recuerdo de Antonio Soler, que había sido monje escurialense.

La obra será la primera estrenada del autor, el 26 de Junio de 1930 en Madrid con el pianista Enrique Aroca y ya había sido publicada en 1928, año de la composición, por Unión Musical Española. Se trata de piezas de sonoridad cristalina, compendio de la técnica y la estética que desarrollará después el autor. La primera de ellas está claramente inserta en una estética scarlattiana y la dedica al poeta Rafael Alberti. La estructura española se refleja a través de las alternancia entre tiempos binarios y ternarios. La segunda la dedicó al escritor Esteban Salazar Chapela (1900–1965) luego exiliado en Inglaterra. De características cercanas a la primera, destacan en ella la uniformidad rítmica y el empleo profuso del intervalo de séptima.

Antes de las tres sonatas, el Homenaje a Antonio Machado, op. 13, fue ya una obra de envergadura en la creación pianística de nuestro compositor. Se escribe en México en 1944 y es estrenada en la Sala Schiefer el 29 de Noviembre de ese año con el pianista Miguel García Mora. La obra sería editada tanto por Ediciones Mexicanas de Música como por Unión Musical Española. Antes de que Machado muriera, Rodolfo Halffter había pensado escribir alguna canción sobre su poesía pero luego decidió glosarla instrumentalmente en estas cuatro piezas. La primera se distingue porque es formalmente más estricta y ambiciosa siendo una forma sonata concentrada. Se titula simplemente Allegro y es una mixtura entre la forma neoclásica y la métrica española con una forma sonata bitemática. La pieza lleva una cita del poema España en Paz de Machado y para las otras tres usa citas de Soledades. El Allegretto tranquillo es una pieza en forma de Lied con estructura A–B–A y un aire nostálgico modal. El Lento que sigue tiene características similares desde el punto de vista estructural y expresivo ya que ambos movimientos pueden caracterizarse como los más emotivos de la obra.

El Allegro final toma un aire de danza y resulta más movido y conclusivo. No es raro que para su adaptación al arpista Nicanor Zabaleta prefiriera estos tres movimientos y dejara fuera el primero que es más pianístico y formal.

De 1935 es el ballet Don Lindo de Almería sobre un argumento de José Bergamín. La obra, muy famosa, daría origen a otras secuelas instrumentales. Así, la Suite del ballet que se clasifica como opus 7b y está realizada ese año para dos orquestas de cuerda y percusión, y el opus 7a (el opus 7 a secas es el ballet) que no es otra cosa que este Divertimento. La obra se realizó en 1935 para un conjunto formado por flauta, oboe, clarinete, fagot, trompeta y cuarteto de cuerda. Se trata de una reducción del propio ballet, no propiamente de una suite, adaptada en cuatro movimientos (Allegretto, Andante calmo, Allegro deciso e energico y Tempo di marcia). No está muy claro su destino ni su estreno y esta versión no sería publicada hasta ya fallecido el compositor, en 1990 por Ediciones Mexicanas de Música.

Laberinto, op. 34, para piano, es la obra en que más se profundiza en los elementos aleatorios. Compuesta en 1972 será estrenada el 3 de Abril de 1973 en el Instituto Cultural Hispano-Mexicano de México con la pianista María del Carmen Higuera. Pero la obra está dedicada a María Teresa Rodríguez. Fue publicada por Ediciones Mexicanas de Música y por Unión Musical Española. Subtitulada Cuatro intentos de acertar con la salida, cada uno de los movimientos lleva el título numérico del intento. Son cuatro piezas diferentes entre si pero que comparten la misma serie dodecafónica y el final que es siempre sobre la nota fa ausente en la serie. Intento primero es una pieza breve y rápida en la que la serie es el tema y los elementos en notación tradicional se engarzan naturalmente con los gráficos aleatorios. El Intento segundo se basa en la repetición siempre modificada de un mismo diseño. Es como si el autor quisiera jugar con el dogma dodecafónico de la no repetitividad sin renunciar a la ortodoxia lingüística. Si cada intento es mayor en extensión que el anterior, Intento tercero es ya una página de cierta envergadura que está estructurado en tres esquemas formales diferentes. El Intento cuarto es aún más complejo y es recapitulatorio de los tres anteriores. Resulta el más extenso y brillante alcanzando cinco estructuras en las que lo fijo y lo aleatorio se complementan y la pulsación no deja de tener un papel importante.

Compuesta en 1978 por encargo de la Academia Mexicana de Artes, Capricho, op. 40, para violín solo, es estrenada el 22 de Agosto por el violinista mexicano Manuel Suárez, a quien está dedicada, y en 1980 es publicada por la revista Plural, el suplemento cultural del diario Excelsior. La obra no es muy amplia pero si virtuosa y observa una estructura ternaria arrancando de manera enérgica, pasando luego a una sección tranquila y una más lírica antes de volver a la rítmica del principio. Básicamente es una obra de virtuosismo pero es bastante más que solo eso.

Encargo de la Academia Mexicana de Artes, Epinicio, op. 42, para flauta y piano, está compuesta en 1979 y dedicada a María Elena Arizpe que la estrena el 21 de Abril de 1980 en la Sala Manuel M. Ponce del Instituto de Bellas Artes de México. La primera versión de la obra era para flauta sola aunque luego se le agregara el piano. Trabaja aquí con la posibilidad de la emisión de sonido multifónicos por parte de la flauta, un intento en el que en aquél entonces se empezaba. La base técnica es de nuevo el dodecafonismo y la intencionalidad de la obra la de un himno triunfal. La música tienen una indudable categoría hímnica y también un discurso arrollador en el que su virtuosismo se dirige hacia una meta afirmativa sin excluir pasajes netamente de virtuosismo cadencial.

Secuencia, op. 39, para piano, se compone en 1977 por encargo de la Secretaria de Educación Pública de México y sería estrenada en la Sala Manuel M. Ponce del Instituto de Bellas Artes de México el 20 de Junio de 1978 con el pianista Jorge Suárez a quien está dedicada la primera de las tres piezas de que consta la obra. De nuevo nos encontramos con una obra dodecafónica de tratamiento muy personal. Se abre con un Preludio dedicado a Jorge Suárez que se construye con motivos de la serie en un tema de fuerte carácter y otro muy delicado. Del contraste de ambos y de su imbricación en una interesante estructura rítmica surge una pieza flexible y hermosa. La parte central es el Interludio y está dedicada al musicólogo mexicano Uwe Frisch. Muy elaborada formalmente con tres variantes de una forma A y otras tres de otra B, seguida de dos nuevas A antes de abordar una Coda. El empleo de diseños pedales es importante. El final es un Postludio dedicado al musicólogo y compositor mexicano José Antonio Alcaraz. Se trata de una forma A–B–A a la que se añadirá una coda bastante extensa. Como el resto de la obra, un cierto virtuosismo instrumental no excluye un claro trabajo estructural y expresivo.


Tomás Marco


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