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8.572915 - TURINA, J.: Piano Music, Vol. 9 (Masó) - Rincones sevillanos / Por las calles de Sevilla / Contemplacion
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Joaquín Turina (1882–1949)
Coins de Séville • La leyenda de la Giralda • Por las calles de Sevilla • Contemplación • Desde mi terraza

 

En las tres obras que abren este noveno cedé dedicado por Jordi Masó a Joaquín Turina y su vasta integral pianística, el compositor torna una vez más su mirada pintoresquista a Sevilla, la sugestiva capital andaluza que le vio nacer en 1882. También en el ciclo que lo cierra, Desde mi terraza, recurre y recrea la memoria de su evocadora tierra natal, mientras que en las tres páginas que integran la colección Contemplación la inspiración se vuelca en impresiones sentidas ante la visión de tres obras de arte pictórico y escultórico tan reconocidas como La Anunciación de Fra Angelico, el cuadro Las lanzas de Velázquez y la escultura La Dama de Elche, el busto tallado en piedra caliza entre los siglos V y IV a. C. y que es uno de los más importantes y mejor conservados vestigios del arte ibero.

Coins de Séville (Rincones de Sevilla) es, como escribe Jordi Masó al autor de estas líneas, “una de esas obras tempranas de Turina tan extraordinarias y tan raramente tocadas”. El conjunto, integrado por cuatro pequeñas pero bien elaboradas páginas, se presenta como una suite de carácter popular no exenta de elementos folclóricos, con citas de temas bien arraigados en la cultura andaluza. Estos motivos aparecen envueltos en las nuevas armonías características del modernismo francés, que tanto influyó al compositor sevillano desde su llegada a París a finales de 1905 para estudiar con Vincent D’Indy en la Schola Cantorum. La colección data de febrero de 1911 y fue estrenada por el propio Turina el 6 de abril de ese mismo año, durante un recital ofrecido en la Sala Gaveau.

Aunque Turina se mantuvo siempre fiel al universo conservador de su maestro D’Indy, supo también escuchar la innovación debussysta, algo que se aprecia en el número que abre la serie, Soir d’été sur la terrasse, cuyos tintes impresionistas recrean la vaporosa atmósfera de una noche andaluza. Una sutil sucesión de arpegios ascendentes y descendentes evocan la serenidad de una noche de luna llena cargada de perfumes. Sobre la calma nace una melancólica copla, que recoge lejanos rasgueos de guitarra. La sección central deja escuchar rumores de fiesta en un claro aire de sevillanas. El fragmento concluye con la reaparición de los calmos pentagramas iniciales.

Rondes d’enfants es un pequeño y risueño scherzo que utiliza muy conocidas canciones infantiles españolas, como Quisiera ser tan alta como la luna o Me casó mi madre, chiquita y bonita. En Danse de “seises” dans la cathédrale Turina recurre a una melodía original de quien fue su maestro en Sevilla, Evaristo García Torres. Esta danza, que se interpreta aún en señaladas fechas en la Catedral de Sevilla, es tratada con riguroso respeto a la arcaica línea original, aunque sin renuncia de una libre armonización acorde con la reconocible impronta estética turinesca. El número que cierra el ciclo, A los toros, recrea a ritmo de pasodoble el desenfadado jolgorio característico de una luminosa tarde de toros.

La Giralda, la famosa torre almohade de finales del siglo XII que corona la catedral de Sevilla y que es principal seña de identidad de la ciudad, está presente en varias obras de Turina, como el sexto número de Canto a Sevilla, opus 37, o en Niñerías, opus 21, cuyo segundo fragmento se titula Lo que se ve desde la Giralda. Pero es en La leyenda de la Giralda donde el compositor confiere pleno y específico protagonismo a la torre. Está basada en una leyenda recogida de la novela La estrella de la Giralda, escrita por el ecijano José Más y publicada en 1918. Consta de cuatro episodios que se interpretan sin interrupción: Noche sevillana, Fiesta lejana, Tempestad y temblor de tierra, y Aparición del ángel gigantesco. La obra, en cuyo conjunto abundan momentos de comprometido virtuosismo, data de 1926 y figura dedicada a su maestro de piano en el Conservatorio de Madrid, el eminente José Tragó.

Por las calles de Sevilla, opus 96, es pieza de madurez; un paseo musical en tres escalas cargado de evocaciones, compuesto en 1943, cuando con 61 años el compositor afronta la etapa final de su vida. Es el propio Turina quien comenta la obra: “Dicen los escritores que las calles de Sevilla tienen alma y que hablan. Éste es el único fin que se ha propuesto el compositor: escuchar y plasmar en sonidos lo que dicen las calles sevillanas. Por eso el proceso musical es muy simple, sin complicaciones de escritura y de forma. Y en las revueltas de las calles brujas, suenan acentos y ritmos de danzas, lamentos gitanos, pasos misteriosos que llevan, como fondo, los reflejos de la torre ideal: la Giralda”. El primero de sus tres movimientos, Reflejos en la torre, recrea el garboso ambiente sevillano al que tan afín era el compositor, mientras que en el segundo, Ante la Virgen de la Merced, visita su entrañable capilla del Cristo de Pasión y hace sonar un breve canto de delicadas armonías. El tríptico concluye con La calle de Las Sierpes, página breve y brillante basada en un característico tiempo de pasodoble que describe el bullicio y ajetreo de la calle más concurrida y célebre de la ciudad de Sevilla.

También de su última época es Contemplación, opus 99, tres “impresiones” de inspiración plástica, compuestas en 1944 y dedicadas al Marqués de Lozoya. La primera, Ante “La Anunciación” de Fra Angelico, recrea un universo sonoro de gran delicadeza y franca expresión mística. En Ante “La Dama de Elche” recurre a una curiosa interválica basada en series de acordes de quinta y octava que prescinden del tercer grado de la escala musical. Sonoridades recias, contundentes y solemnes describen lo que el compositor intuía que era la cultura ibera, desarrollada por el pueblo hispánico prerromano que habitaba el Levante español. La última “contemplación” es una descripción musical teñida con aires épicos de lo que muestra y sugiere Velázquez en su famoso cuadro Las lanzas, conservado en el madrileño Museo del Prado y también conocido como La rendición de Breda.

En 1947, tres años después de concluir Contemplación y dos antes de fallecer, Turina aborda Desde mi terraza, opus 104, que será la última composición de su catálogo. Se trata de un ciclo integrado por tres “estampas” en el que la silueta de Debussy y sus Estampes resulta evidente en los tres movimientos, en forma de suite y configurados en una estructura cíclica unificada por un brioso tema en forma de fandango. A la sombra del mucharabieh -especie de celosía árabe- comienza con una ensoñadora introducción que sirve de preludio a una copla desgarrada que conduce al fandango que articula la obra, y que se repetirá, modulado a diferentes tonalidades, en las dos últimas “estampas”. En Armonías de la ciudad Turina emplea en su primera sección una cita de la popular tonadilla Yo que soy contrabandista, de su paisano Manuel García, el célebre cantante y compositor sevillano de finales del XVIII y principios del XIX, de renombre internacional y padre de las también cantantes y compositoras Maria Malibran y Pauline Viardot. La última estampa, Sinfonía de flores, es donde la sutil influencia del creador de La soirée dans Grenade resulta más latente. Para el final, Turina recupera el tema de la conocida tonadilla de Manuel García en un aire de solemne brillantez.


© Justo Romero


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