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8.573036 - GURIDI, J.: String Quartets (Complete) (Breton String Quartet)
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Jesús Guridi (1886–1961)
Cuartetos para cuerdas nº 1 y nº 2

 

Jesús Guridi nace en una familia de músicos; tras recibir sus primeras nociones de música en Madrid y Bilbao, estudia en la Schola Cantorum de París con Auguste Sérieyx, Abel Decaux y Vincent d’Indy, prosigue su formación en Bruselas con Joseph Jongen y en Colonia con Otto Neitzel, y a finales de la primera década del siglo se instala, con una muy sólida formación musical, en el entorno de efervescencia cultural y artística del Bilbao de principios de siglo, promovido por la pujante burguesía industrial y mercantil vasca. De esos años data su primer acercamiento al género del cuarteto del que no quedó satisfecho, pues lo destruyó y no volvió a abordar el género hasta un cuarto de siglo más tarde, ya cerca de los cincuenta años. Vivió en Bilbao tres décadas, en las que se desempeñó como organista, profesor de órgano y armonía, director de la Sociedad Coral de Bilbao, estudioso del folklore vasco y, naturalmente, componiendo. De esta época datan sus obras escénicas de mayor éxito: Mirentxu (1910) y Amaya (1920) (Marco Polo 8.225084–85), que se enmarcan en el intento de creación de una ópera vasca, o las zarzuelas El caserío (1926) (Naxos 8.557632) y La meiga (1928); la obra sinfónico-coral Así cantan los chicos (1909), los poemas sinfónicos Una aventura de D. Quijote (1916) y En un barco fenicio (1927) y el Cuarteto en Sol (1933). Tras la guerra, en 1939, se instala en Madrid en cuyo conservatorio ocuparía la cátedra de Armonía y del que sería director desde 1955. De su etapa madrileña procede la que es considerada su obra cumbre, Diez melodías vascas (1940) (8.557110), además de la Sinfonía pirenaica (1945) (8.557631), un concierto para piano titulado Fantasía en homenaje a Walt Disney (1956); el Cuarteto nº2 en la menor (1949) y algunas otra zarzuelas, aunque en este género nunca volvió a obtener la repercusión de sus obras de los años 20. En 1947 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más allá de disquisiciones sobre la pertinencia del concepto historiográfico de “generaciones”, Guridi pertenece a la llamada por Tomás Marco de los Maestros, junto a Conrado del Campo, Óscar Esplá, Julio Gómez, Joaquín Turina o el propio Manuel de Falla, impulsada por la voluntad regeneracionista de recuperar un papel honroso para una música española dotada de una verdadera identidad nacional. Se suele hablar de la aparición de las sociedades filarmónicas y de diversas formaciones estables como la principal razón que explica el auge de la música de cámara en España en el cambio del siglo XIX al XX. Este hecho se produce dentro de un contexto más amplio de paulatina inclinación hacia los géneros instrumentales en detrimento de los teatrales, absolutos dominadores durante el s. XIX, aunque la zarzuela sigue siendo el entretenimiento más popular. No obstante, las sociedades filarmónicas preferían las formaciones y repertorio extranjeros, por lo que los cuartetos españoles se vieron abocados a organizar sus propias temporadas, en las que alternaban el repertorio canónico de origen centroeuropeo con los estrenos de obras nuevas de compositores españoles como Chapí, Bretón, del Campo, Manén, de Lara, etc. y que tuvieron como consecuencia que sólo en la primera década del XX se escribiesen en España más cuartetos que en todo el s. XIX.

La generación siguiente, que se manifiesta durante la dictadura de Primo de Rivera (1923–1931) y la II República (1931–1936), abanderada de una renovación musical que mira a Debussy, Stravinski y Falla, prosigue el cultivo del cuarteto de cuerda, y tras la trágica instauración de un régimen fascista en 1939, es la Agrupación Nacional de Música de Cámara, sostenida por el Ministerio de Educación, la que recoge el testigo de estimular la creación de cuartetos de cuerda, un género que los compositores españoles ya no habían de volver a abandonar nunca más.

En su discurso de ingreso en la Academia, titulado El canto popular como materia de composición musical, Guridi expone las opiniones contrapuestas acerca de si es legítimo incluir temas populares en la composición de obra original o si el compositor debe crear temas propios mediante el recurso al giro característico, dejando claro que para él ambas opciones son igual de válidas pues el único fin del artista es la obtención de la belleza en la obra de arte. Se aclara esto pues a día de hoy nadie ha investigado aún si los temas de corte tradicional que se encuentran en los cuartetos de Guridi proceden literalmente de alguno de los cancioneros que tan bien conocía o si son totalmente originales, lo que es evidente es que el autor logra integrar a la perfección unos temas de neto aroma popular con los estrictos procedimientos constructivos del cuarteto de cuerda de tradición centroeuropea.

El Cuarteto en Sol, compuesto en 1933, está dedicado al cuarteto belga Pro Arte, que lo estrenó en la Sociedad Filarmónica de Bilbao el 15 de diciembre de 1934, tocándose en Madrid un año y medio después a cargo del Cuarteto AMIS, a pocas semanas del golpe militar que desencadenó la Guerra Civil. Es congruente la referencia al tono de Sol sin especificar si es mayor o menor pues aunque hay momentos en que prevalece uno u otro, en general se mantiene en una cierta indefinición modal que con su carácter arcaizante contribuye además a potenciar la pátina de música popular que impregna toda la obra. El primer movimiento se atiene a la estructura canónica de la forma sonata, con dos áreas temáticas cuyo tratamiento y desarrollo manifiestan claramente el dominio de la técnica por parte de Guridi. En el segundo, un scherzo, el aire de vivaz danza campesina lo impregna todo, incluso en el más pausado y melancólico trío central. En el Adagio Guridi se abandona casi con morbidez a la más pura inspiración melódica, sereno y expresivo, tiene momentos de gran belleza, para terminar con un Allegro final rítmico y vibrante que utiliza la técnica de la variación dentro de un esquema próximo al rondó.

El Cuarteto en la menor, nº 2, de 1949, recibió el 1º Premio del Concurso Nacional de Música que convocaba el Ministerio de Educación. Está dedicado a Juan Antonio Ruiz Casaux, chelista de la Agrupación Nacional de Música de Cámara, que lo estrenó en Madrid el 14 de mayo de 1950. En cuanto a su estructura vemos nuevamente en el primer movimiento una total adecuación a la forma sonata: material temático rico y contrastado desarrollado con amplitud y profusion de procedimientos, complejo armónicamente y enriquecido con técnicas contrapuntísticas e imitativas. En el segundo se ha destacado su apariencia religiosa por la naturaleza de su material melódico, que a veces parece imitar los melismas de la salmodia, en un clima general de contemplativa serenidad y marcado carácter modal. El scherzo vuelve a traernos el aroma de la danza tradicional sin perder nunca un gran refinamiento. El cuarteto finaliza con un movimiento de gran impulso rítmico que no se atiene a una estructura definida sino que se organiza como una yuxtaposición de secciones donde el elemento de cohesión es la utilización de un mismo material temático que va siendo objeto de sucesivas transformaciones. Tras un pasaje central más pausado, hasta lírico por momentos, recupera su potencia motriz inicial para concluir de forma contundente y enérgica.

Aunque formada solamente por estas dos obras, no cabe duda que la aportación de Jesús Guridi al género del cuarteto de cuerdas es una de las más brillantes de todo el siglo XX español, lo que equivale a decir de toda su historia, y posee méritos suficientes para figurar en el repertorio de cualquier cuarteto del mundo.


Carlos Magán


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