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8.573077 - MONTSALVATGE, X.: Sinfonía de Rèquiem / Manfred / Bric-à-brac (Barcelona Symphony and Catalonia National Orchestra, Pérez)
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Xavier Montsalvatge (1912–2002)
Manfred • Bric à brac • Simfonia de Rèquiem

 

Xavier Montsalvatge fue uno de los pocos compositores catalanes nacidos en el primer cuarto del siglo XX que desarrolló su carrera íntegramente en España. Según decía él mismo: “Todos los compositores con los que he compartido experiencias han sido mayores que yo (Mompou, Toldrà, Lamote de Grignon) o más jóvenes (Mestres Quadreny, Guinjoan, Soler). Los de mi generación se marcharon (Nin-Culmell, Benejam, Suriñach) y aquí nos quedamos muy pocos: Homs, Serra y poco más”. De todos los mencionados, Montsalvatge es el que ha disfrutado de un mayor reconocimiento internacional como compositor sinfónico, actividad que compaginó con la crítica musical en prensa y con la docencia como profesor del Conservatorio de Barcelona.

Xavier Montsalvatge nació en Girona en 1912 y pronto se mudó a Barcelona para estudiar música, donde sintió una gran influencia del wagnerismo que intentó compensar interesándose por la música francesa. Viajó a París en diferentes ocasiones y sus primeros éxitos los consiguió con las Cinco canciones negras (1946) y el Cuarteto indiano (1952), principales exponentes de su música “antillanista”, síntesis entre el mundo popular cubano y la estética musical más avanzada, siempre con elementos irónicos y sensibles. Muchas de sus obras fueron estrenadas por grandes solistas como la pianista Alicia de Larrocha (Concierto breve, 1953) o el guitarrista Narciso Yepes (Metamorfosis de concierto, 1981). Es autor de tres óperas (El gato con botas, Una voce in off y Babel 46), de veinte bandas sonoras cinematográficas y de decenas de partituras para ballet, música coral y música de cámara. Entre los premios que recibió a lo largo de su vida destacan el título de Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres del gobierno francés, el Premio Nacional de Música español, el Doctorado Honoris Causa por la Universitat Autònoma de Barcelona, la Medalla al Mérito Artístico de la ciudad de Barcelona, la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes del gobierno español, el nombramiento como miembro de la Real Academia de la Artes de San Fernando y el Premio iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria (1999).

Su música—siempre bien recibida por el público—se basa en la sinceridad, en la comunicación directa y en la suma de elementos diversos que se unen en la partitura para formar una propuesta nueva. Según el autor: “No preciso las técnicas seriales porque soy rebelde a cualquier academicismo, tanto de derechas como de izquierdas. Admiro a Bela Bartok, a Hindemith y, sobre todo, a Stravinsky, al que tengo como prototipo y ejemplo de compositor de mi tiempo. Busco en el contraste entre consonancia-disonancia y tonalidad-atonalidad el elemento que pueda alumbrar mi música. Creo que el arte debe tener ascendiente, época y raza. Con esta fe procuro seguir mi camino”. Su interés por llegar al público, por establecer una comunicación directa limpia de artificios le ha valido un aprecio popular significativo y su obra—diversa en cuanto a géneros—se programa con regularidad y ha sido grabada en decenas de producciones discográficas. Montsalvatge afirmaba que: “Nunca he entendido la música como una manifestación radicalmente abstracta y, menos aún, formularia. En cada nota, en cada signo musical que escribimos queda inserto algo de nosotros mismos: de nuestra sinceridad, de nuestra intimidad, incluso de nuestras faltas, mentiras o cinismos”.

Las tres obras presentes en este CD son una muestra muy completa del lenguaje sinfónico de Xavier Montsalvatge: Manfred (1945) es música de ballet, Simfonía de Rèquiem (1985) es música de inspiración espiritual y Bric à brac (1993), su última obra sinfónica, incluye pinzeladas de inspiración popular.

Manfred
Montsalvatge se interesó por la danza ya en su época de estudiante. Asistió al Gran Teatro del Liceo de Barcelona en diversas ocasiones a presenciar espectáculos de grandes compañías y a los 22 años ya compuso su primera partitura de ballet. Años más tarde trabajó para la pareja de bailarines Yvonne Alexander y Paul Goubé que, con cierta regularidad, estrenaban producciones en el Teatro Coliseum de Barcelona, algunas de ellas con música de Montsalvatge. Cabe destacar que, en el transcurso de estas colaboraciones, Montsalvatge conoció a la bailarina Elena Pérez de Olaguer, con la que se casaría en 1947. El argumento del ballet Manfred se basa en un drama de Lord Byron, pero fue adaptado libremente por Jacqueline Alexander (hermana de Yvonne). El estreno se celebró el 18 de abril de 1945 con cerca de una hora de música. En esta grabación se presenta una selección que muestra la influencia rítmica de Stravinsky y las texturas orquestales con las que trabajaba el autor en ese momento.

Bric à brac
Es la última obra sinfónica del autor (escrita a los 81 años) y la estrenó la Orquesta Sinfónica de Tenerife el 30 de septiembre de 1993 bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez. El título de la obra remite al conjunto de elementos decorativos de escaso valor que a menudo se acumulan sobre muebles, cajoneras o estantes. Esta mezcla de “baratijas” (tazas, plumas, cuencos, piedras…) tiene su traducción musical en cuatro movimientos sinfónicos contrastados que presentan cuatro ambientes: Evocador—con la presencia de un tema popular canario tratado de forma libre que “evoca” el origen de la obra—, Sesgado—de carácter tranquilo—, Tenso—lleno de tensiones rítmicas y armónicas—y, finalment, Lúdico, una página festiva tratada como un divertimento y, a la vez, como un reto interpretativo por la dificultad que conlleva el ritmo frenético que imprime.

Simfonia de Rèquiem
Se trata de una de las obras más relevantes del autor. Montsalvatge se propuso componer una obra sinfónica, sin palabras, inspirada en la misa de difuntos, una obra conectada con la espiritualidad más que con la religión, en la que reflexiona sobre el más allá de una forma más onírica y mágica que tràgica o trascendente. La muerte está presente, evidentemente, pero no aparece como tema principal ni dicta en absoluto un ambiente oscuro o trágico. La obra propone de forma contrastada momentos de grandeza con otros de recogimiento y destaca por su expresividad. Según el autor, el trabajo que se impuso fue sacar de su interior sus propios sentimientos, desde los más patéticos a los más sublimes, confiando solamente en la orquesta y remarcando un deseo de eperanza y sosiego. Al final, la soprano solamente canta las palabras “Requiem aeternam dona eis, Domine. Amen”, intervención que en la partitura figura como optativa. Montsalvatge escogió seis partes del ordinario de una misa de requiem (Introitus, Kyrie, Dies Irae, Agnus Dei, Lux aeterna y Libera me) e imprimió en cada una de ellas un sentimiento que emana del texto latino original: serenidad, súplica, respeto, contemplación, claridad y esperanza. El lenguaje de Montsalvatge es, una vez más, directo y sin artificios, e incluye citas a melodías consolidadas en el imaginario occidental como la del Dies Irae. La Simfonia de Rèquiem fue un encargo del Ministerio de Cultura español en motivo del Año Europeo de la Música (1985) y se estrenó el 19 de septiembre de 1986 en el Festival Internacional de Música de Alicante.

La Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya es, sin duda, la orquesta ideal para grabar la música de Montsalvatge: ya lo ha hecho en diversas producciones anteriores y ha interpretado la práctica totalidad de sus obras sinfónicas (incluidos doce estrenos absolutos). La OBC ha programado obras del autor en más de 300 conciertos entre los cuales algún monográfico.


David Puertas Esteve


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