About this Recording
8.573099 - MOMPOU, F.: Songs (Complete), Vol. 1 - Song of the Soul (Mathéu, Masó)
English  Spanish 

Frederic Mompou (1893–1987)
Canciones • 1

 

Otorgo plena confianza a las formas de expresión que llevo en mí. No puedo subordinar mi espontaneidad a teorías, la necesidad de las cuales se me escapa. La música es una inspiración pura”. Frederic Mompou es un caso único en la historia de la música catalana (Vladimir Jankélevitch iba incluso más allá y en el año 1969 escribió: “¡solo hay un Mompou en el mundo!”): fue un compositor intuitivo, enemigo de teorías (“en primer lugar la obra, después el tratado teórico”, afirmaba), amante de la brevedad (“mi único objetivo es producir obras en las que nada falte pero que no sean demasiado largas”). Desde sus primeras composiciones dejó patente un lenguaje plenamente personal, muy afín a la música francesa, que se mantuvo al margen de las estéticas que marcaron el siglo XX (“sólo habría de exigirse una cosa de un músico: que sea siempre fiel a lo que él es”). En más de una ocasión declaró su indiferencia por los grandes compositores de la tradición germánica (Haydn, Mozart y Beethoven). Aunque su música se ha vinculado a Frédéric Chopin, Eric Satie, Claude Debussy o incluso a Anton Webern, su principal influencia fue la obra de Gabriel Fauré: Mompou confesaba que el impulso de dedicarse a la composición provino de la audición de la música del gran compositor francés.

Aunque dedicó la mayor parte de su producción a su instrumento, el piano, Mompou dejó también una producción vocal muy significativa. Sus dos primeras canciones acabadas datan del año 1915 y son muy dispares: L’hora grisa, a partir de un poema del compositor Manuel Blancafort—su gran amigo de juventud—, es una pieza que no está lejos del estatismo minimalista de la suite Charmes, mientras La cançó de l’àvia se acerca más a las evocaciones de la canción popular catalana características de las Canciones y danzas. La cançó de l’àvia no fue publicada en vida de Mompou y se desconoce el nombre del autor de la letra, aunque bien podría ser el propio compositor. Tampoco se publicaron nunca Quand l’amant sortit, tres intentos de Mompou de poner música a un poema de la colección Serres Chaudes del poeta simbolista Maurice Maeterlinck. Sorprende la heterogeneidad de caracteres de cada una de las versiones—reflexiva la versión del año 1914, inquieta la del 1919 y de sinuosa línea vocal la de 1915—, como si el compositor experimentase con los diferentes estados de ánimo que le sugería el poema.

Las Quatre melodies, compuestas en 1925 a partir de poemas en catalán del propio Mompou, son un fiel reflejo del ideal de concisión de su música: “Siempre intento conseguir algo muy simplificado, una verdadera síntesis”, afirmó en el año 1974. “Los compositores suelen estar contentos cuando pueden añadir más y más páginas a su partitura. Yo no. Yo disfruto suprimiendo, eliminando todo lo que considero innecesario o superfluo, hasta que me quedo con lo esencial. Entonces soy feliz”. Las Quatre melodies, piezas extremadamente breves, cercanas al espíritu de los haikús japoneses, son un buen ejemplo del resultado de la destilación de esta esencia.

El Psalm es una obra enigmática. Fechada el día 30 de Mayo de 1936, Mompou nunca pensó en publicarla. Su texto en latín se basa en el Salmo 129 del Libro de los Salmos. Junto con el oratorio Los improperios y el Ave Maria, ésta es una de las pocas composiciones de inspiración religiosa del compositor. El solo de piano en la parte central se transformaría en 1949 en la Pavana de la suite de miniaturas pianísticas Ballet. Cantar del alma de 1943 se basa en La Fonte, poema de San Juan de la Cruz, el poeta místico que años después inspiraría la obra cumbre de Mompou, Música callada. Siguiendo una estructura muy peculiar, Cantar del alma presenta un recitativo de la voz—de ascendiente claramente gregoriano—que se alterna con intervenciones del piano solista—a modo de estribillo—, sin que voz e instrumento coincidan en ninguna ocasión.

Las bellísimas Deux melodies de 1945, escritas sobre dos poemas de Juan Ramón Jiménez, parecen prefigurar la atmósfera de lirismo e intensidad dramática del ciclo Combat del somni, compuesto en la misma época. Basado en sonetos del poeta Josep Janés (1913-1959), buen amigo de Mompou, Combat del somni, constaba originariamente de tres canciones escritas entre 1942 y 1948: Damunt de tu només les flors (una de las creaciones más justamente celebradas del compositor), Aquesta nit un mateix vent (una canción hipnótica y contenida) y Jo et pressentia com la mar (una pieza apasionada y turbulenta, registro inhabitual en Mompou). A este tríptico añadió el compositor una cuarta canción en 1951: Fes-me la vida transparent. La quinta canción, Ara no sé si et veig encar, fue escrita en 1950 pero quedó inédita y Mompou, años después, utilizó algunos de sus compases para Le vin perdu, la tercera de las Cinq mélodies sur des textes de Paul Valéry. Por este motivo, Mompou siempre manifestó reparos en publicar Ara no sé si et veig encar, aún siendo una pieza no menos inspirada que sus compañeras.

En las Navidades de 1966 escribió Mompou Mira quina resplandor, un villancico para coro infantil. La versión para voz y piano permanecía inédita hasta ahora. Pocos años después, en 1973, Frederic Mompou puso música a poemas de Paul Valéry. Mompou conoció al poeta francés en París en 1925 durante un almuerzo para celebrar el ingreso de Valéry en la Academia de Francia. “A lo largo de la conversación”, explicó Mompou, “Valéry me preguntó si mi obra para piano Charmes tenía relación con sus poesías agrupadas bajo el mismo título. Hubiese querido contestarle afirmativamente, dada la gran admiración que sentía por su obra poética, pero tuve que confesarle, algo confuso, que en la época en que yo compuse mi obra (1920) ignoraba la existencia de la suya”. No obstante, Mompou aseguró a Valéry que sería un placer poner música a algunos de sus textos algún día. Y casi cincuenta años más tarde, el compositor catalán cumplió su promesa con sus Cinq mélodies sur des textes de Paul Valéry, probablemente la mejor contribución de Mompou al género vocal. A pesar de mantenerse fiel al sistema tonal, hay en estas cinco canciones una mayor tensión armónica que en el resto de sus canciones, y una línea vocal inusualmente angulosa y con saltos complejos. El tono general de la obra es oscuro, lóbrego, una desolación que ni siquiera la ligereza de la cuarta canción, Le sylphe, consigue aliviar.


Jordi Masó


Close the window