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8.573100 - MOMPOU, F.: Songs (Complete), Vol. 2 - Becquerianas / Comptines (Mathéu, Masó)
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Frederic Mompou (1893–1987)
Canciones • 2

 

Este segundo—y último—volumen de las canciones de Frederic Mompou (1893-1987) es una buena muestra de la fascinación por la concisión que siempre obsesionó al compositor catalán. “Busco la más extrema simplicidad con la máxima expresión”, declaró. “Cuanto más blanca está la página, más satisfecho estoy. Esto es lo que persigo. Por esto detesto que, siempre que se habla de mi música, invariablemente se la etiquete de miniaturas, piezas breves, piecitas… destruyendo su verdadero significado y toda su grandeza”. Autor de una obra poco extensa y centrada en su instrumento—el piano—, Mompou cultivó las formas breves desde sus primeras composiciones pianísticas en los años 20 (piezas reunidas en colecciones con títulos sugestivos como “Impresiones íntimas”, “Cants màgics”, “Charmes”, “Fetes lontaines”, etc.). En estas obras, Mompou despojaba a la música de aquello que él juzgaba accesorio, tanto de los excesos del virtuosismo romántico como de las estridencias de las vanguardias de la época. Su estilo epigramático alcanzaría su mayor grado de depuración en “Música Callada” [Naxos 8.554727], la colección de 28 piezas para piano que compuso entre 1959 y 1967.

La deliciosa canción que abre la presente grabación, “Cançoneta incerta” (“Cancioncita incierta”), sobre un poema del poeta catalán Josep Carner, fue escrita en 1926, al principio de la estancia del compositor en París, donde vivió entre los años 1924 y 1941. Ese mismo año, Mompou compuso sus tres primeras “Comptines” [Naxos 8.570956] basadas en tonadas populares—catalanas, españolas y francesas—que los niños utilizan para contar. El resultado son unas piezas brevísimas con un perfume naïf. En el año 1943, Mompou volvería al género con una segunda serie (“Comptines nº 4, 5 y 6”) a las que añadiría otras dos que no se publicarían en vida del compositor: la humorística “Frédéric tic tic”, que data del año 1948, y “Rossignol joli”, escrita para la pequeña Clara Janés (quien en 1972 publicaría una importante biografía del compositor, “La vida callada de Frederic Mompou”). El hecho de que “Rossignol joli” fuera un regalo para la primera comunión de la niña hace suponer que la canción fue escrita alrededor de los años 1948 y 1949 (Clara Janés nació en 1940).

A sus años parisinos pertenecen también “Le nuage” (“La nube”), compuesta en 1928 sobre un poema en francés de Mathilde Pomes, y “El testament dʼAmèlia” (“El testamento de Amèlia”) de 1938, armonización de una bellísima canción popular catalana que Mompou volvería a utilizar en su “Canción y danza nº 8” [Naxos 8.554332] para piano, compuesta en 1946.

“Et sento que véns” (“Te siento venir”) y “Ets lʼinfinit” (“Eres el infinito”), escritas en 1944 sobre textos del propio compositor, no fueron publicadas en vida de Mompou. Las dos canciones experimentaron una transformación muy curiosa: insatisfecho con su trabajo, Mompou suprimió la línea vocal, introdujo leves modificaciones en la parte de piano y las dos canciones pasaron a ser dos piezas para piano solo, los Preludios nº 9 y nº10 [Naxos 8.554448], que publicaría Salabert en 1952.

En el año 1947, Mompou puso música a un poema de Juan Ramón Jiménez, “El viaje definitivo”, prescindiendo del acompañamiento del piano. Cuatro años después, en 1951, el compositor volvería a recurrir al canto a capella en “Cantar del alma” [Naxos 8.573099], pieza con la que “El viaje definitivo” guarda afinidades evidentes, no sólo por el carácter transcendente de la temática sinó también por la melodía de contornos gregorianos, cercana al canto litúrgico.

A pesar de haber sido escrita en 1949, “Cançó de la fira” (“Canción de la feria”)—sobre un poema de Tomàs Garcés—se aproxima al aroma festivo de las tempranas “Fetes lontaines” o de los “Suburbis” [Naxos 8.554448], aunque la melancolía y la nostalgia parecen teñir los compases finales. Del mismo año 1949 data “Cant de la victòria” (“Canto de la victoria”), última pieza del “Ballet”, un curioso experimento artístico que unió en un mismo libro la música de Mompou—en forma de 13 miniaturas pianísticas de menos de un minuto—, los dibujos del pintor Josep Mompou—hermano del compositor—y la poesía de Ricard Permanyer. “Cant de la victòria” es el último de estos 13 epigramas musicales y el único de la colección no escrito para piano solo (los otros 12 pueden escucharse en el volumen 5 de la integral pianística: Naxos 8.570956).

“Aureana do Sil” nació fruto de un encargo que en el año 1951 el crítico musical Antonio Fernández Cid propuso a una treintena de compositores españoles, a quienes invitó a escribir una canción sobre textos de poetas gallegos. Mompou musicó un poema de Ramón Cabanillas y el resultado fue una pieza de gran intensidad con ecos de la música de Poulenc, compositor que Mompou conocía y admiraba. “El niño mudo” fue compuesta cuatro años después, en 1955, a partir de un poema de Federico García Lorca. La canción no se publicó en vida del compositor y Mompou utilizó buena parte del material del acompañamiento pianístico en la segunda de las “Becquerianas”, escrita quince años después.

El austero “Ave María” fue escrito en 1957 como regalo para la boda de Josefina Mompou, sobrina del compositor; “Sant Martí”, canción basada en un poema del poeta y sacerdote Pere Ribot, fue un encargo de la mezzosoprano Anna Ricci, quien la estrenó en un arreglo orquestal en el año 1961.

Mompou publicó el primer cuaderno de “Música Callada” en 1959 y el segundo en 1962: es inevitable no ver la influencia de esta obra en la canción “Primeros pasos”. Compuesta en 1964 sobre un poema de Clara Janés, “Primeros pasos” muestra la misma economía de medios, la sobriedad, la depuración sonora que caracteriza las 28 piezas de “Música Callada”, obra que Mompou consideraba su aportación más personal y significativa (“esta es toda mi verdadera música”, afirmó).

“Becquerianas”, su penúltima obra para voz y piano—antecede en dos años a las “Cinq mélodies sur des textes de Paul Valéry” [Naxos 8.573099]—es la más extensa y una de las más ambiciosas. Fue un encargo de la Comisaria Nacional de Música para conmemorar el centenario de la muerte del poeta Gustavo Adolfo Bécquer en el año 1970. A Mompou no le gustaban los encargos porque conllevaban la obligación de entregar la música en una fecha fija, exigencia incompatible para quien aspiraba a “componer sin prisas”. “Con una paciencia sin límites”, escribió, “prosigo, infatigable, hasta el logro de una conclusión satisfactoria, habiendo antes perfilado, sintetizado, alambicado y, muchas veces, abandonado y dejado trascurrir un largo espacio de tiempo, de años si es necesario, comprobando que el tiempo es, siempre, el mejor juez”.

Las seis canciones que conforman “Becquerianas” muestran una mayor diversidad de caracteres que la mayoría de obras de Mompou. La intensidad romántica de la primera canción, “Hoy la tierra y los cielos me sonríen”, de sinuosas líneas vocales y armonización voluptuosa, contrasta con la evanescente “Los invisibles átomos del aire”, cuyo leve perfil melódico tiende a moverse cromáticamente. La tercera canción, “Yo soy ardiente, yo soy morena”, presenta un ritmo típico del flamenco—el “polo”—y supone una sorprendente—e inédita—incursión de Mompou en el folklorismo andaluz. Más reflexiva y errante es la cuarta pieza, “Yo sé cual el objeto”, carácter que comparte con la contemplativa “Volverán las oscuras golondrinas”, la canción más extensa del ciclo, en la cual aparecen en la parte de piano imitaciones del canto de los pájaros. La canción que cierra el ciclo, “Olas gigantes”, destaca por una parte de piano inusualmente brillante y una línea vocal de un vigor casi operístico, insospechado en Mompou.


Jordi Masó


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