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8.573183 - TURINA, J.: Piano Music, Vol. 10 (Masó) - El castillo de Almodóvar / Rincones de Sanlúcar / Tocata y fuga / Partita / Preludios / Pieza romántica
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Joaquín Turina (1882–1949)
Tocata y fuga • Partita • Pieza romántica • El castillo de Almodóvar • Rincones de Sanlúcar • Preludios

 

Este décimo volumen de la monumental integral pianística que Jordi Masó y Naxos dedican a Joaquín Turina abarca un conjunto de obras de plenitud del compositor sevillano. Páginas en las que, sin apartarse de su natural vena pintoresquista, centra la inspiración en la entraña del piano desde su dual condición de compositor y pianista. Con la excepción de El castillo de Almodóvar y de Rincones de Sanlúcar, las piezas que conforman este volumen son miradas abstractas a formas tan clásicas como la tocata y fuga, la partita o el preludio, exentas de referencias a lugares, ambientes o situaciones específicas.

Obras nacidas entre 1929 (Tocata y Fuga) y 1933 (Preludios), y que su creador define como “Ciclo pianístico”. Cuatro años en los que Turina se convierte en cincuentón y disfruta de una privilegiada situación en el entonces dinámico panorama musical español. En 1931 es nombrado catedrático de composición del Conservatorio de Madrid y en 1935 académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Tiempo fructífero, pero tampoco exento de dolor: en 1932 sufre el trance de la temprana desaparición de su hija María del Valle, con sólo 19 años. Son precisamente estas aristas vitales las que envuelven el diverso universo creativo de las seis partituras que integran este nuevo disco.

Tocata y fuga opus 50 data de 1929, un año intenso y fecundo, en el que viaja por Cuba para ofrecer un ciclo de siete conferencias, colabora con varias publicaciones—entre ellas el Diccionario de la música ilustrado, que se edita en Barcelona—y prosigue su ininterrumpida labor como compositor. La evocación bachiana no va más allá del título. Líneas melódicas nítidas y acordes y armonías en la más genuina tradición propia marcan tanto la tocata como la fuga, configurada a tres voces y en la que resuenan aires de zambra. La atmósfera—ritmos, melodías, acentos—también es incontestablemente “turinística”, como decía el poeta-músico Gerardo Diego. Este opus 50 aparece dedicado a su amigo el compositor y crítico vigués Juan José Mantecón (1895-1964), miembro destacado de la Generación del 27.

Un año después, en 1930, compone Partita en Do mayor, cuyos cuatro números dedica al compositor, director de orquesta y pianista irunés José María Franco (1894-1971). Aromas dieciochescos alientan estos pentagramas, en los que asoma su sólido saber pianístico. Desde los primeros compases del ‘Preludio’, con su escritura hábil y en ocasiones vertiginosa—como los rápidos episodios de fusas—a la quietud remota y algo debussysta de la hermosa ‘Zarabanda’ o a la vaporosa ligereza del ‘Capricho’ (¡tan alejada de las densidades de los caprichos de Brahms!), Turina traza un retablo de contrastes, culminado con la dualidad enfrentada de ‘Introducción y Giga’, donde la lenta sección inicial desemboca pronto en un Allegro rítmico en compás de 6/8 en el que no faltan rápidas escalas y arpegios que recorren el teclado ni un breve pasaje que recupera la lenta atmósfera de la introducción. Partita se estrenó el 10 de enero de 1933, interpretada en el Círculo Militar de Madrid por su discípula Elisa Bullé Urtasun.

Elisa Bullé fue también artífice del estreno de Pieza romántica, el 9 de marzo de 1933, en un recital celebrado en Madrid, en el Salón de Protección al Trabajo de la Mujer. Las críticas, que no ocultaron la admiración por la “joven y gentil pianista argentina”, destacaron su “interpretación expresiva, elegante y a veces fogosa”. La obra fue compuesta entre el 18 de febrero y el 17 de abril de 1931, y dedicada a su amigo el musicógrafo logroñés Miguel Salvador (1881-1962). Tras una cadenciosa introducción basada en rápidas figuraciones y un “Allegro molto” de reminiscencias ravelianas, arriba un lento y muy expresivo pasaje que se erige como momento culminante. Apenas una treintena de compases de intenso calado. Los aires del autor de Gaspard de la nuit, ahora teñidos de aristas turinescas, reaparecen en la viva sección final.

El robusto e impresionante castillo de Almódovar, edificado en el año 760 a pocos kilómetros de Córdoba, sobre un cerro ubicado en la localidad de Almodóvar del Río, inspira a Turina el poema para piano El castillo de Almodóvar. Compuesto en 1931 y orquestado dos años más tarde para arpa y orquesta, sus tres números sirven de fondo, como explica el propio compositor, “a dos momentos diferentes, de noche y a pleno sol, más una fantasía medieval, con sus desfiles de guerreros y el resonar de laúdes”. Los aires impresionistas asoman de nuevo en el primer número, ‘Silueta nocturna’, donde livianas melodías de tintes morunos se escuchan sobre el fondo de ligeros arabescos en el registro agudo del teclado. ‘Evocación medieval’ reproduce aires marciales bajo la obvia métrica binaria, mientras que para el extravertido movimiento final, ‘A plena luz’, Turina reserva una escritura más etérea y desenfadada, sin renunciar por ello al característico final de brillantes acordes en fortísimo.

La evocadora y singular localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda fue siempre una referencia en la vida y obra de Turina. A ella dedicó su pintoresca Sonata Sanlúcar de Barrameda (1921), y poco después, en 1923, la fantasía para violín y piano El poema de una sanluqueña. Posterior es el ciclo pianístico Rincones de Sanlúcar, de 1933, integrado por cuatro descriptivos cuadros. El primero alude a “la señorita María”, una adolescente a la que conocería el joven Turina durante los veraneos que pasaba en Sanlúcar junto a su familia. Los otros tres cuadros se refieren a lugares muy concretos, a “paisajes queridos, rincones gozados una y otra vez”, como escribió el musicólogo sanluqueño Enrique Sánchez Pedrote. Sus dos últimos números—‘El pórtico de Santo Domingo’ y ‘Subida al Barrio Alto’—se escucharon por primera vez en el Teatro Rosalía de Castro de A Coruña, el 28 de marzo de 1935, interpretados por el propio compositor.

También de 1933 es el ciclo pianístico Preludios, que figura entre las músicas más abstractas del catálogo turinesco. Quizá ello haya sido la razón de su escasa difusión, a pesar de que sus cinco breves páginas son dignas de escucharse con mayor frecuencia en las salas de concierto. Está fechado en agosto, durante unas vacaciones en la localidad cántabra de Suances, y dedicado a Nemesio Otaño (1880-1956), quien fue una de las personalidades más influyentes de la música española de su tiempo.


Justo Romero


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