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8.573265 - GRANADOS, E.: Orchestral Works, Vol. 3 - Liliana / Suite Oriental / Elisenda (Barcelona Symphony, González)
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Enrique Granados (1867–1916)
Música Orquestal • 3

 

De Oriente al Modernismo

Este tercer volumen de la música sinfónica de Enrique Granados congrega tres obras surgidas en un amplio espacio de tiempo, representativas de dos maneras de componer bien diferentes. Por una parte, el temprano exotismo de cartón piedra de la Suite oriental, compuesta entre 1888 y 1889; y por otra dos obras de madurez inspiradas en poemas de Apel·les Mestres, adscritas decididamente al modernismo, el movimiento artístico que con tanta fuerza arraigó en Catalunya entre finales del siglo XIX y principios del XX. Tanto el poema sinfónico Liliana (1911) como la pequeña suite para piano y orquesta Elisenda (1912) figuran entre las mejores y más representativas muestras musicales del movimiento modernista. En ambas composiciones Granados revela una estilización y depuración del lenguaje ciertamente relevante, con indisimulado acercamiento a los universos wagneriano e impresionista.

El 9 de julio de 1911 Granados da a conocer en el Palau de les Belles Arts de Barcelona el “poema en una escena” Liliana, basado en un libreto en catalán firmado por la figura literaria del modernismo Apel·les Mestres (1854–1936). El programa del concierto, que fue dirigido por el compositor Jaume Pahissa y se celebró en el marco de la VI Muestra Internacional de Arte de Barcelona, incluía además obras de Weber, Strauss y del propio Pahissa. A pesar de la buena acogida, esta joya del modernismo desapareció inmediatamente, hasta el punto de perderse su manuscrito, del que apenas se conocían algunos fragmentos conservados en la Biblioteca de Catalunya. Fue a finales de 1989 cuando el británico Mark Larrad localizó, arrumbados en la sede parisiense de la editorial Salabert, cinco obras escénicas originales de Granados, cuatro de las cuales con textos de Apel·les Mestres. Todas ellas y sus correspondientes derechos de edición habían sido adquiridos por la editorial francesa en los años veinte del siglo pasado a uno de los hijos de Granados.

Los manuscritos en cuestión son Miel de la Alcarria (1895), Petrarca (1899), Picarol (1901), Gaziel (1906) y Liliana, compuesto en 1911 y considerado como “una obra maestra del modernismo”. El texto original de Mestres data de 1907, y posteriormente realizó la adaptación para la obra escénica de Granados. Un sinnúmero de “silfos, sílfides, nomos, brujas y espíritus encantados” que habitan en un bosque mágico son los protagonistas del poema, para el que Granados crea pentagramas que solazan un mundo mágico que se adivina próximo al de obras como Parsifal de Wagner, La leyenda de la ciudad invisible de Kitej de Rimski-Kórsakov o El lago encantado de Liádov. El sencillo argumento recoge la historia de amor entre el hada acuática Liliana y un silfo llamado Flor de Lis. Compuesto en los días que anda inmerso en la versión original para piano de Goyescas, Liliana representa una de las últimas colaboraciones de Granados con Mestres, además de un momento de madurez dentro de su ciclo evolutivo y, desde luego, el punto culminante de su relación con el movimiento modernista.

El sencillo argumento lo describe Granados en una extensa carta de trece páginas en francés que remite el 22 de octubre de 1911 al crítico, violinista y empresario André Mangeot. “El poema Liliana”, escribe el compositor, “se compone de una serie de escenas que se desarrollan entre nomos y flores. Liliana es una flor que ha crecido gracias a los atentos cuidados de tres nomos: Puck, Mick y Flok. Cada uno de ellos representa un sentimiento. Flok es la fauna; Mick la riqueza y Puck es la poesía. Pero un día, cuando Liliana alcance su máxima belleza, llega el que va a robar la felicidad a los nomos. El Amor y la Juventud se la llevan.”¹

Granados deja un pormenorizado análisis de la obra, con ejemplos musicales. En el momento en que describe la historia donde Liliana se marcha por Amor, detalla que esta música se convirtió posteriormente en una pieza sinfónica (“sus largos pasajes sinfónicos son piezas realmente de concierto”²), y comenta que Pau Casals se conmovió al escuchar la obra en varias fases de su creación. Los Fons Enric Granados del Museu de la Música de Barcelona conservan varios manuscritos, aunque no existe uno de orquesta completo. Esta grabación recoge la suite sinfónica que realizó Pau Casals y que fue estrenada el 30 de abril de 1921 en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, dirigida por el propio Casals.

Como tantos otros compositores, Granados tampoco escapó a la fascinación que lo oriental ejerció sobre la cultura de su tiempo. Es más: se entregó con regusto a ella. Tanto en su obra pianística como orquestal abundan las composiciones en las que late esa corriente poblada de intervalos aumentados, cromatismos y seductores arpegios y arabescos. Moresque y canción árabe, Oriental (Canción variada, intermedio y final) o Danza española número 2 “Oriental” son algunas de estas obras, a las que se suma la Suite oriental (también conocida como Suite árabe) que compone entre 1888 y 1889, y que responde a todos los tópicos que se esperan de una página así denominada. La buena escritura, el sentido del color orquestal y esa imaginación melódica tan característica de Granados se amalgaman con acierto en los cuatro números que integran la suite, concebidos sin más pretensión ni hondura. Dos de sus movimientos están directamente relacionados con composiciones pianísticas de Granados, quien reutilizó el tema principal del segundo—Serenata—, en su Serenata goyesca, mientras que el tercero—Marcha oriental—, fue trasladado al piano con el mismo título e incluido en las Seis piezas sobre cantos populares españoles.

Una atmósfera contemplativa pero inquietante abre el primer número, Ante el desierto, una suerte de oscuro preludio en modo menor. Todo es tenue y enigmático, como si el desierto se resistiera a mostrar supuestas sorpresas reservadas a los episodios siguientes. Sin dejar de respirar el aire orientalizante de toda la obra, quizá sea Serenata su episodio menos moruno. Se mantiene el dominante tono menor, y las frases entonadas por los instrumentos de madera son coronadas por delicados arpegios del arpa. En el último episodio, y antes de la reexposición, los violonchelos declaman un cromático tema de aire dramático y resonancias casi tristanescas, de monólogo de Marke. En Marcha oriental Granados da rienda suelta y sin remilgos al exotismo más epidérmico, que estallará con rotundidad y desenfado en las dos brillantes y previsibles danzas finales, en las que es fácil imaginar el sortilegio de alguna cobra que alza su cabeza desafiante hechizada por el sonido de alguna chirimía.

El 26 de enero de 1913 se presenta en la Sala Granados de Barcelona Elisenda, pequeña suite basada en un poema homónimo del patriarca de las letras catalanas Apel·les Mestres. La obra, fechada por Granados el 7 de julio de 1912 y configurada para soprano y un pequeño conjunto instrumental que incluye piano, 2 flautas, oboe, clarinete, quinteto de cuerdas y arpa, constaba de cuatro movimientos, el último de los cuales—El retorn o Final, que era precisamente el único en el que participaba la voz—se perdió, sin que se haya conservado ningún manuscrito o copia del mismo. Los originales de los tres movimientos restantes se conservan en la Biblioteca de Catalunya y están dedicados a Pau Casals y a su compañera, la violonchelista portuguesa Guilhermina Suggia. Granados elaboró posteriormente varias versiones y arreglos, como el que realizó del primer movimiento para piano solo, o el de violonchelo y piano del número central (Trova), y finalmente la versión para piano y orquesta que recoge este disco.

Elisenda se inscribe de pleno en la fase modernista de Granados. Se trata de una composición descriptiva, “exquisita” y de “profundos sentimientos”, como escribió la crítica barcelonesa tras el estreno, en el que intervino el propio Granados en calidad de pianista y director. Todo es etéreo y tenue, de texturas preimpresionistas sobre las que sucesivamente alzan sus melodiosas voces violín, oboe, clarinete, violonchelo, flauta… y siempre, como telón de fondo pero con presencia protagonista, el piano, particularmente centrado en su registro agudo. Para el escritor Fernando Periquet, libretista de Goyescas, Elisenda es un “precioso poema bucólico que evoca los encantos de la naturaleza, el abrir de las flores en las mañanas soleadas y los perfumes del bosque”.

© Justo Romero

¹ Pierpont Morgan Library, New York, MFC G748.J43.

² Ibid.


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