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8.573293 - ALBÉNIZ, I.: Piano Music, Vol. 5 (Mudarra Gámiz) - 7 Studies in the Natural Major Keys / Les saisons / Rapsodia Cubana
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Isaac Albéniz (1860–1909)
Integral de la música para piano • 5

 

Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual nació en Camprodón (Gerona) el 29 de mayo de 1860 en el seno de una familia burguesa liberal. Su madre, Dolors Pascual, era catalana, de Figueres. Su padre, llamado Ángel, era vasco, funcionario y un activo francmasón, condición que en algunos momentos ayudó a Isaac a impulsar su carrera.

Albéniz fue un auténtico niño prodigio. Dio su primer concierto a la edad de 4 años y compuso su primera obra a los 9. Desde muy joven, viajó por multitud de ciudades de la geografía española y de Centroamérica acompañando a su padre. Gracias a una beca que le otorgó Alfonso XII viajó a Bruselas, donde se graduó con las máximas distinciones en 1879. Tras su graduación retomó sus giras de conciertos tanto por Cuba como por España.

El haber viajado de forma tan profusa durante su juventud, hizo a Albéniz tener una actitud abierta y receptiva tanto a la tradición musical centroeuropea como a las diferentes manifestaciones del folklore español. Era socialista y ateo y pensaba que España se encontraba atrasada culturalmente. En 1889 se estableció en Londres, donde permaneció hasta 1893. Al principio empezó a dar conciertos, pero poco a poco comenzó a volcarse en la composición. El estilo que ya exhibía Albéniz por aquel entonces no gustaba demasiado en Madrid, hasta el punto que algunas de sus obras fueron tachadas de ‘extranjerizadas ’. Tal como lo veía Albéniz, solo podía renovar la música española fuera del país. En 1893, tras abandonar Londres fijó su residencia en París, donde permaneció el resto de su vida y donde compartió vivencias e intercambios musicales con d´Indy, Dukas o Debussy. También fue el encargado de abrir el camino a otros compositores españoles, que luego terminarían triunfando en Francia, como Joaquín Turina o Manuel de Falla.

En torno a 1900, el compositor español más destacado que se encontraba en activo en el extranjero era Albéniz. Su música posee un equilibrio entre una técnica de composición intachable y una expresión inequívocamente española. Para lograr esta conjunción, Albéniz tuvo que recorrer un largo camino que parte de sus primeros años como concertista y virtuoso del piano, al tiempo que fue adquiriendo conocimientos técnicos y teóricos que le permitieron años más tarde centrarse en su actividad creativa.

Es en la segunda parte de la década de 1880 donde se produce la metamorfosis del Albéniz pianista virtuoso al Albéniz compositor. Podemos señalar tres periodos en su trayectoria vital: uno primero (en el cual está encuadrado este CD) muy relacionado con sus éxitos como intérprete donde compone música de corte salonier, atractiva y colorista; una segunda etapa en la que presta una mayor atención a los temas de raíz folklórica; y una tercera y última en la que, por influencia postromántica e impresionista, logra su estilo de plenitud y consigue sublimar todas esas influencias y crear su estilo más personal.

Albéniz posee una vasta y variada producción musical: óperas, zarzuelas, conciertos, canciones, rapsodias, etc., aunque muchas de ellas han sido ensombrecidas por su producción más famosa: la música para piano y en especial Iberia (1905–1908), la suite que supuso el culmen de su pianismo. A modo de breve resumen, podríamos decir que Albéniz fue el encargado de llevar a la práctica y de difundir por todo el mundo lo que Felipe Pedrell abogaba en sus escritos.

La creación de estos Siete estudios en los tonos naturales mayores tuvo lugar en la primavera de 1886 y cada uno está en un tono diferente, organizados por quintas ascendentes (Do, Sol, Re, La, Mi, Si y Fa). En la cubierta aparece primera serie, lo que sugiere que Albéniz podría tener la idea de continuar con más estudios, quizá compuestos en los tonos de las teclas negras del piano o en los tonos naturales menores. Esa intencionalidad tonal nos lleva a establecer paralelismos con las series que ya hicieran Bach en El Clave Bien Temperado o Chopin en los Preludios. Aparte de ser obras de una notable dificultad técnica, no son unos meros ejercicios mecánicos carentes de expresión y musicalidad, sino que, por el contrario, ya anticipan lo que será el Albéniz capaz de aunar la tradición centroeuropea con la más puramente española. Fueron dedicados a su compañero de estudios José Tragó y a Jesús Monasterio.

Las tonalidades que Albéniz utiliza para la composición de Les Saisons (1892) tienen una estrecha relación: la mayor para la primavera, re mayor para el verano, la menor para el otoño y re menor para el invierno. Su primera publicación tuvo lugar en Londres en 1892 bajo el título original de Album of Miniatures, cuyos 4 números llevan los nombres de Spring, Summer, Autumn y Winter. Girod sustituye en su edición el nombre original por el de Les Saisons. Los números contenidos en esta obra representan unas breves pinceladas evocadoras de cada estación del año y se podrían considerar un antecedente de las impresiones que pronto aparecerán en la música francesa.

La Rapsodia cubana, según Jacinto Torres, fue compuesta en 1881 y estrenada por el propio Albéniz en el teatro Avellaneda de La Habana en un concierto junto al también pianista Manuel Jiménez. La primera edición impresa de la obra se produjo en 1886 y estuvo a cargo de Antonio Romero, uno de los principales editores de Albéniz durante su carrera como compositor. Esta pieza se encuentra en la tonalidad de sol mayor y posee un carácter muy alegre, al tiempo que aúna a la perfección el aire caribeño con una técnica virtuosa y ágil.

La Suite Antigua nº 1 está formada por dos números: Gavota y Minuetto. Fue compuesta en 1885 y estrenada por el propio Albéniz en 1886 en el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial de Madrid. Fue dedicada a su alumna Trinidad Scholtz de Hermensdorff. La Gavota está dividida en dos secciones, la primera de carácter marcial y la segunda lírica y expresiva. Ambas partes se suceden en una forma lied. El Minuetto está compuesto en la tonalidad de la bemol mayor y junto con la Gavota fue vendido al editor Carlo Ducci, a quien Albéniz cedió los derechos para el Reino Unido en 1889.

En la edición impresa del Scherzo (1884) aparece como perteneciente a la Sonata en la bemol, aunque no nos ha llegado rastro de los demás movimientos que debían completarla (cuatro en total). Este Scherzo fue dedicado al Conde de Morphy, secretario del rey Alfonso XII y uno de los mayores protectores y mecenas de Albéniz. Esta obra posee una primera parte de una energía y una fuerza arrebatadoras y una segunda, en la que el lirismo y las melodías cantabiles adquieren el protagonismo.

Las Dos mazurcas de salón (Amalia y Ricordati) las podemos encuadrar dentro de la estética de la música de salón de finales del siglo XIX. Forman parte de este género musical todas las romanzas, serenatas, mazurkas, valses, etc., y un sinfín de obritas breves que constituían el repertorio de aquel pianista que deslumbraba y daba clases a las niñas de la sociedad más acomodada. Fueron publicadas por Benito Zozaya en 1888. Amalia fue dedicada a su discípula Amalia Loring de Silvela y Ricordati a su esposa Rosa Jordana.

La partitura de L´Automne-Valse es otra muestra de música de salón y fue grabada en las planchas de los talleres Manuel Salvat y editada por Puyol en 1890. En ese mismo año apareció también publicada en Londres a cargo de la Stanley Weber, Lucas & Company. En la edición española lleva el número de opus 170 y su forma musical podríamos organizarla en tres partes, cada una de ellas en una tonalidad diferente, a la que Albéniz añadió una introducción de corte cromático y una coda que contenía material de las diferentes secciones. Más tarde esta obra sería orquestada por el propio compositor para los conciertos sinfónicos de su amigo Tomás Bretón.


Julio Molina García
Musicólogo y alumno de piano de Juan José Mudarra Gámiz


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