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8.573401 - TURINA, J.: Piano Music, Vol. 11 (Masó) - Verbena madrileña / En la zapatería / Linterna mágica / El circo / Radio Madrid
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Joaquín Turina (1882–1949)
Verbena madrileña • En la zapatería • Linterna mágica • El circo • Radio Madrid

 

Recoge esta undécima entrega de la integral que el pianista catalán Jordi Masó dedica a la obra para teclado de Joaquín Turina páginas que toman la vida cotidiana como elemento nuclear. El compositor sevillano, tan dado a describir escenas y vivencias de su entorno inmediato, mira aquí a una indeterminada verbena madrileña y a imágenes sonoras de una función circense. También a una prodigiosa zapatería en la que caben desde la evocación del gran remendón Hans Sachs de Los maestros cantores de Núremberg hasta las zapatillas de un torero o los borceguís de toda una marquesa. Tampoco faltan colecciones como el cinematográfico ciclo Linterna mágica y Radio Madrid, suite de 1931 en la que, tras un prólogo introductorio, se describen tres “retransmisiones” emitidas desde diversos puntos de la geografía española. Piezas breves, miniaturas, pinceladas a vuela pluma… ráfagas que sirven al fecundo Turina para dar rienda suelta a su inconfundible vena creadora.

Junto con Sevilla y París, Madrid fue la ciudad que habitó y más marcó la existencia e inspiración de Turina. La presencia de la capital española en su obra es frecuente y reincidente. Verbena madrileña acaso sea la colección más enjundiosa del disco. Sus cinco números datan de 1926 y 1927, y figuran dedicados a su amigo el pianista y catedrático sanluqueño Antonio Lucas Moreno (1900–1973). Turina recurre a su característica inclinación descriptiva para retratar, incluso de modo onomatopéyico y a través de un pianismo colorista y exigente, escenas diarias y corrientes. El madrileñismo evidente convive con otras influencias y referencias, como ocurre en ‘Caballitos’, cuyo aire de vals es claramente deudor de La valse raveliana -compuesta seis años antes, en 1920- y en las figuraciones sincopadas de ‘Baile castizo’, que recuerdan ‘Golliwogg’s Cakewalk’, el jazzístico número con el que Debussy cierra en 1908 su suite Children’s Corner.

Intenso dramatismo wagneriano preside los compases iniciales de En la zapatería, cuyos siete números se abren con un breve -apenas un minuto de duración- y claro homenaje a Wagner, basado en su inicio y final en una evidente cita del preludio del tercer acto de Los maestros cantores, así como en otro tema entonado por el cabal zapatero de Núremberg. Aires cortesanos, casi neoclásicos, alientan el segundo número, bien titulado en francés -“Les Brodequines de la Marquise”- y mal traducido al español (“Los brodequines de la marquesa”), con el galicismo brodequines en lugar de la palabra española borceguís. “Sentimiento popular” reclama la partitura en el inicio del tema de ‘Calzados de campesinos’, cuyo obstinado y movido ritmo en 6/8 parece recrear una imaginaria danza campestre. En ‘Sandalias griegas’, cuarto número de la serie, Turina acude a las armonías de los antiguos modos griegos, mientras que en el quinto, ‘Los zapatos de la bailarina’, emplea un aire vivo que rememora las piruetas y volatilidad de una grácil danzarina. La suite concluye con ‘Las zapatillas del torero’, donde no falta la cita puntual al toque de clarines que se escucha en las plazas de toros.

El ciclo Linterna mágica nace en 1945, cuatro años antes de la muerte del compositor. Tres impresiones catalogadas como “Opus 101” dedicadas a su alumna Paquita Velerda y que forman parte del llamado “Ciclo plateresco”, todo él escrito en 1945 y que abarca Tema y variaciones, opus 100 (para arpa y piano); Homenaje a Navarra, opus 102 (para violín y piano), y la pianística Fantasía cinematográfica, opus 103. El nombre del ciclo hace referencia al artilugio precursor del cinematógrafo, y responde a la admiración que Turina siempre profesó al cine, género al que dedicó numerosas bandas sonoras. En este ciclo evoca el modo de hacer música de aquellos pianistas que tan admirablemente improvisaban en la época del cine mudo mientras contemplaban las imágenes. El tríptico evoluciona desde el neutro preludio inicial -no exento de ciertas resonancias debussystas- al muy hermoso, enigmático y no menos debussysta ‘El Misterio del Jardín’, y se cierra con un energético y agitado ‘Vals romántico’ de clara filiación chopiniana.

El circo y su magia errante han sido siempre tema recurrente de escritores, pintores, cineastas y músicos. Turina no es ajeno a este influjo y en 1931 culmina la suite infantil El circo, en la que da rienda suelta a su imaginación y pinta seis estampas sonoras que emplazan al auditor en plena función circense. La primera es una ‘Trompetería’ en la que, a modo de preludio, el teclado reproduce las brillantes fanfarrias que solían abrir los espectáculos circenses. ‘Equilibristas’ describe la inquietante inestabilidad y ligereza de los funámbulos. Como contrapunto, la contundencia y regularidad de una amazona que se mueve rápidamente sobre el redondo escenario. El cuarto número describe a esos inteligentes y bien entrenados perrillos que tanto divierten y admiran siempre en las funciones de circo. Es un tiempo de gavota burlón, irónico y no exento de cierta melancolía. Un “Allegro burlesco” encabeza la partitura de ‘Payasos’, basada en un ritmo trepidante y contundente, casi de tocata, plagado de contrastes y sorpresas. Como colofón de tan musical función circense, Turina reserva la volátil ligereza de los trapecistas. Amplios arpegios en forma de arabescos reflejan los aéreos y arriesgados desplazamientos de los acróbatas mientras surcan el espacio de la carpa.

Otro elemento esencial de la vida cotidiana en tiempos de Turina fue la radio. A ella dedica la obra que cierra este compacto. Radio Madrid, fechada en 1931 y de la que el propio compositor informa de que es “una suite para piano que describe una emisión radiofónica”. Su primer movimiento se inicia con unos acordes misteriosos y largos trinos que parecen reflejar la incertidumbre del locutor ante el micrófono aún cerrado. Una vez abierto, ya iluminado el piloto rojo, todo se transforma en vitalidad y energía. Los tres números restantes que completan la colección describen otras tantas transmisiones radiofónicas. En ‘Los estudiantes de Santiago’ Turina recrea, tras una introducción en forma fugada que reaparecerá al final, un aire de pasacalle. Lentos y muy expresivos evolucionan los pentagramas de ‘Carretera castellana’, como si su autor quisiera romper estereotipos y crear en plena carretera un espacio de sosiego y reflexión. El sortilegio se interrumpe en ‘Fiesta en Sevilla’, donde el compositor viaja a su tierra natal y recupera la luminosidad abierta y transparente de la capital andaluza. Estas tres transmisiones, algo dispares en sentimiento y en ambiente, resultan cohesionadas, en palabras del propio Turina, “por medio de los acordes misteriosos y del diseño que representa a los locutores”.

© Justo Romero


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