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8.573409 - 21st Century Spanish Guitar, Vol. 2 - BALADA, L. / TORRES, J. / LÓPEZ GODOY, M. / GARCÍA ABRIL, A. / PABLO, L. de / SOUTULLO, E. (A. Levin)
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La Guitarra Española del Siglo XXI • 2
Balada • Torres • Godoy • García Abril • De Pablo • Soutullo • Durán-Lorigo • Casablancas • Ruiz

 

Con estas primeras reseñas sé que me voy a meter en un lío. Aún así, hay algo que me ha estado preocupando durante la mayor parte de un cuarto de siglo, desde que cogí diligentemente la guitarra y con gran amor me recorrí el repertorio de los grandes maestros españoles: Albéniz, Granados, de Falla y Rodrigo, por mencionar sólo los primeros de un gran linaje de compositores. ¿Qué le sucedió a la música española “sería” después de, digamos, 1950? ¿A dónde se fueron todos los maestros de un país cuyo principal recurso natural es su “sonido” (dejemos aparte Velázquez, Goya, Miró, Picasso y Dalí), cuya identidad está inextricablemente unida a una firma musical inconfundible e inmediatamente reconocible (¿alguna vez han escuchado un rasgueado de guitarra y han pensado: “esto debe ser algo nuevo salido de Canadá”?), y que nos ha dado a la vez el más querido e interpretado concierto de entre todos los instrumentos en la historia y el instrumento que en su forma más evolucionada este concierto le dedica su parte de solista? Esto es lo que puedo decir: Todavía están ahí, pero a causa de diferentes fuerzas culturales e históricas que han intervenido—cambios de gustos musicales, la Segunda Guerra Mundial, Taylor Swift, Grand Theft Auto, etc.—su prominencia ha sido quizá enmudecida. Ha pasado bastante tiempo desde aquella noche del estreno del Concierto de Aranjuez allá por 1939. Uno sólo puede imaginarse hoy la emoción que se sintió entonces.

Con el primer volume de 21st Century Spanish Guitar (Guitarra Española del Siglo XXI), me embarqué en una misión para llenar este hueco. Ahora que van a descubrir el Volumen II—una colección compuesta en su totalidad de nuevas obras (y una casi nueva) para la guitarra clásica—les puedo decir que sólo acabamos de descubrir la punta del iceberg. Ya no hace falta imaginar.

Empezamos nuestro programa de estrenos de composiciones con el ilustre homenaje de Leonardo Balada a cinco de las doce Danzas españolas de Enrique Granados: Caprichos N. 11: Abstracciones de Granados. Esta es la segunda de cuatro encargos a Balada, los cuales aparecerán en esta serie y son testamento a una amistad evolutiva y generativa, la siguiente, quizá, en una larga e ilustre historia de colaboraciones significativas entre compositor y guitarrista (pensemos en Segovia y Tedesco, Ponce, Turina; Bream y Britten, Fisk y Berio, Beaser, por nombrar sólo a unos pocos). Fue la obra virtuosa e imaginativa de Balada para guitarra y cuarteto de cuerda, Caprichos N. 1: Homenaje a Federico García Lorca la que me comprometió a proponer un ʻplan maestroʼ para la creación de una serie de cuatro nuevas obras para solista. Esta adición más reciente, la segunda en la serie, se desarrolla dentro de un ʻtúnel del tiempoʼ, yuxtaponiendo los motivos y atmósferas del viejo mundo de la España de Granados con el ingenioso contraste del festival técnico de la aleatoria de Balada; una imaginativa reinvención de las obras de piano originales y majestuosas dibujada a través de una lente compositiva moderna.

La obra maestra efervescente de Balada se contrasta con el soliloquio íntimo de Interiores de Jesús Torres. Me recuerdo vivamente el estar sentado en frente de Torres en su hogar ensayando la nueva pieza un día antes de su estreno mundial. Mi campo de visión se empezó a estrechar cuando el compositor amablemente me sugirió que quizá había aprendido los armónicos (que crean el fondo para esta encantadora obra) incorrectamente. ¡Ay! ¡Que no haya pánico! Una noche sin dormir más y ofrecí una convincente interpretación al día siguiente. Torres equilibra perfectamente las voces extrovertidas / rimbombantes con las intorvertidas/ poéticas de la guitarra a través de su aplicación alternante de dinámicas suaves, armónicos inmaculados, audaces fortes y feroces rasgueados.

Entre los más apreciados alumnos de Leonardo Balada tenemos al compositor catalán Marc López Godoy. Una larga correspondencia llevó a la creación de esta nueva obra, Elegía Otoñal, y a un viaje posterior a Cataluña donde presenté su estreno mundial en el Festival de Guitarra de Girona. Algo que me era desconocido es que Girona tiene un barrio judío, El Call, el cual contiene la sinagoga más antigua de Europa (y quizá la más pequeña); una conexión inspiradora con mi propio patrimonio personal. La Elegía empieza con un retrato radiante del vuelo aparentemente fácil de un estornino en una día tranquilo de verano; le sigue una profunda melancolía en el segundo movimiento, evocadora de los menguantes días de agosto. La pieza concluye con la llegada impredecible y turbulenta del otoño, que se consigue con un trémolo con un tiempo de compás irregular, líneas melódicas angulares y el rasgueado de inspiración flamenca. Godoy mantiene la coherencia en la obra combinando estas imágenes con sonoridad, armonía y atonalidad.

Continuando nuestro programa tenemos a Dos Cantares, de Antón García Abril, escritos para mi amigo y profesor Maestro Gabriel Estrellas, que los grabó por primera vez en 2013. El Maestro Abril finalmente accedió a escribirme una nueva obra (una obra maestra exuberante e impresionista de la que hablaré más adelante). Permitan a Dos Cantares que les deje ansiar más. El primer movimiento es reservado y compuesto elegantemente con melodías extendidas, cada una floreciendo hacia la siguiente, con cascadas de crescendos a diminuendos. Un segundo movimiento le sigue, el cual es a la vez taciturno y energético, concluyendo con un retorno a los robustos arpegios del comienzo.

Turris Eburnea (Torre de Marfil) de Luis De Pablo, es una obra en un movimiento que sinestésicamente transmuta en forma musical “la nobleza del propósito humano, la pureza de intención y la búsqueda intelectual” (léase lo académico?). Recuerdo estar sentado en el salón de De Pablo rodeado de plantas exóticas y con una biblioteca de libros que iba desde el suelo hasta el techo, mientras le escuchaba hacer una exposición sobre la evolución de la música española y su odisea a través del globo como compositor. La obra comienza con un motivo que evoca el despertar, seguido para unas conmovedoras exclamaciones en forte y unas respuestas improvisadoras, como de arpa en la sección central. Esta conversación se calma y luego entra en erupción de nuevo con una melodía rápida en pizzicato antes de culminar en una áspera progresión descendente de acordes con una declaración final espontánea e inesperada.

Debo admitir que la siguiente pieza me llegó un poco fortuitamente cuando fui invitado a tocar, como parte del programa que planifiqué originalmente Iʼve Got You Under My String, del compositor gallego Eduardo Soutullo, encargada por el Festival Internacional de Música de Tres Cantos de 2013. Como ha sucedido varias veces en la génesis de esta serie, compositor e intérprete se encontraron sólo unas horas antes del estreno mundial para hablar de la interpretación. Considero su música completamente única por su timbre, sonoridad, forma y modo evocativo de dos grandes maestros, el cubano Leo Brouwer y el japonés Toru Takemitsu. Alternando voces de varias culturas, escuchamos el gamelan Japonés junto con referencias claras a la cultura y música africana.

Estrené Upon 21, de Jacobo Durán-Loriga, en la ciudad amurallada de Buitrago del Lozoya, un pequeño pueblo moro del siglo XV situado en las montañas a las afueras de Madrid. Esta elegante pieza en tres movimientos rinde homenaje a las danzas estilizadas barrocas del pasado, comenzando con una rápida Courante que explota las lineas melódicas en pizzicato y las escalas precipitadas. Nos sumergimos entonces en una visceral pero minimalista Chaconne, para finalmente ser abrumados con un ágil tercer movimiento, una Gigue que se desarrolla sobre arpegios ligeros y boyantes, hasta la última nota en staccato.

La música del compositor Catalán Benet Casablancas siempre me ha intrigado por sus texturas ricas y complejas y sus colores tonales. Casablancas, que evolucionó de la Segunda Escuela de Composición de Viena es intrépido, imaginativo, virtuoso y muy personal. Aunque mi interacción con el compositor ha sido muy limitada, ésta ha sido muy inspiradora. Nuestros caminos se cruzaron una vez durante la interpretación de su magnífica obra Dove of Peace: Chamber Concert No.1 for Clarinet and Ensemble, en el Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía en Madrid, España. Casablancas compuso para mí Tres Piezas para Guitarra un poco más tarde. Dos años después, como se vió, ganaría el premio de composición más prestigioso de España: el Premio Nacional de Música. La obra comienza en un moto perpetuo con una errante y flotante línea melódica. Esta sensibilidad errática del primer movimiento consigue su efecto a través de cambios musicales abruptos, abrumadoras interrupciones, electrizantes sacudidas de avance y un dramático rasgueado en su poderosa conclusión. En el segundo movimiento continúa con una calma delicada y de equilibrio, unos trazos impresionistas y unos abrasivos sforzandos, que encuentran una resolución concluyente en las notas descendentes del bajo al final. Este sorprendente movimiento y su resuelta expresión contrastan con los motivos secos y decaídos del tercer movimiento. La pieza se relaja por medio de una serie de discursos rapsódicos y una agitada música en cascada, dejándonos anhelando una resolución armónica.

El album se cierra con Orion, una proeza virtuosística de Juan Manuel Ruiz. Nuestra amistad y asociación musical nacieron de mi fascinación por sus obras para gran orquesta Balcánicas y Nebula, las cuales recuerdo intensamente desde que las escuché por primera vez sentado en frente de la torre de altavoces stereo de Ruiz mientras nos envenenábamos con ajenjo. La escala de estas obras es inmensa, por el tamaño de su producción orquestal y por la intensidad sonora y el ancho de banda musical con los que compuso para cada instrumento. Zigzagueando aquella noche, yo reflexionaba sobre las aparentemente infinitas formas en las que Ruiz podría comunicar el misma grandeza y potencia orquestal, adaptada a la voz sensual y apasionada de la guitarra. Resueltamente, Ruiz compuso una obra que aprovecha a mayoría de las posibilidades sónicas y técnicas que la guitarra puede ofrecer. Las imágenes evocativas de la constelación más brillante del cielo nocturno, Orión, están construidas acústicamente mediante la amalgama de eventos contratante e impredecibles, ritmos improvisados, armonías y timbres oscilantes, inesperadas dinámicas y accelerandos emocionantes. Navegamos a través de una turbulenta tormenta de rasgueados y armonías cambiantes y acentos, seguidos por una rica exploración de la resonancia y los colores tonales disponibles en la guitarra. Regresamos a un tornado incontrolable de rasgueados que ascienden violentamente a los acordes armónicos más agudos que se pueden percibir, tañendo tres veces antes de su extinción natural y tranquila.

Están avisados: lo que van a escuchar no es la música de guitarra de sus padres. No es ni siquiera la música de guitarra del mío: Segovia, Williams, Parking y Bream tocando obras maestras que eran entonces nuevas o recientemente descubiertas, destinadas a tener su puesto en el “repertorio estándar”. Aunque van a oír matices, referencias y homenajes a los grandes maestros del siglo XIX y de la primera mitad del XX, el lenguaje musical del siglo XXI en España ha evolucionado desde el estreno del Concierto de Aranjuez de Rodrigo. Ha evolucionado incluso desde el lanzamiento del Volumen I de la presente serie en 2013. Sean aventurados, mantengan una mente abierta y marchen conmigo una vez más en este viaje musical a través de la Guitarra Española del Siglo XXI. ¡Viva España! ¡Hasta la próxima!

Adam Levin, Boston, Massachusetts
Febrero de 2016


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