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8.573505 - SORO, E.: Sinfonía romántica / Danza fantástica / 3 Aires chilenos / Andante appassionato (Chile Symphony, Domínguez)
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Enrique Soro (1884–1954)
Obras Orquestales

 

Enrique Soro Barriga nació en Concepción, Chile, el 15 de julio de 1884. Su padre Giuseppe, nacido en Alessandria y avecindado en la ciudad desde 1870 era músico, compositor y profesor de piano y canto. Su madre Pilar tenía a su cargo la dirección de un colegio y ejercía como profesora de francés. Eran constantes las reuniones músico-literarias que animaban el hogar de los Soro Barriga, y despertaron en sus hijos el amor por la música.

Con los aprestos musicales entregados por su padre, Soro avanzó rápidamente en el aprendizaje de la música. La muerte de su padre llevó a su madre a buscar que el gobierno de Chile le otorgara una beca para estudiar en Europa, hacia adonde zarpó en 1898. Originalmente su destino era el Conservatorio de París, pero pronto decidió cambiarlo por Milán, donde había estudiado su padre cuarenta anos antes.

En 1904 egresó como maestro en Alta Composición, consiguiendo el Gran Premio al alumno más distinguido de su generación. A fines de 1904 hace un viaje a París para mostrar algunas de sus obras. En la Salle Pleyel el famoso Cuarteto Geloso interpreta su Cuarteto en La Mayor, para cuerdas (1903). En 1905 y con solo 21 anos, vuelve a Chile a entregar su aporte al incipiente ambiente musical local. En ese momento ya lleva más de 70 composiciones, muchas ellas para piano sólo, otras para canto y piano, y cinco obras mayores: Melodia per Quintetto d´Archi (1902), Suite per Piccola Orchestra (1902), Cuarteto de cuerdas en La Mayor (1903), Sonata en Re menor para violín y piano (1903) y Variaciones Sinfónicas (1904).

A partir de ese momento inicia en Chile una intensa labor musical que combina la composición, la dirección orquestal, la docencia, la gestión pública y la dirección del Conservatorio Nacional de Música entre 1919 y 1927. En 1916 viajó a Washington, y en Estados Unidos creó lazos con la importante editora G. Schirmer & Co. N. Y. Es entonces que su música comenzó a ser publicada e interpretada en todo el mundo.

Después de componer Suite en estilo antiguo (1943), su última obra orquestal, sobreviene una tragedia: la prematura muerte de su esposa en 1944, que lo hunde en la tristeza y el desaliento. Ni el Premio Nacional de Arte que recibe por unanimidad en 1948 logra que se recupere. Su última producción está tenida por la melancolía de las elegías. Soro muere sorpresivamente durante la tarde del 3 de diciembre de 1954.

Roberto Doniez Soro
Archivo Enrique Soro

La Danza Fantástica tiene su origen en el tercer movimiento de la Suite para cuerdas (1905), que luego Soro orquesta en forma brillante y definitiva. La fuerza de esta pieza la hace ideal para abrir cualquier concierto sinfónico. Se estructura en dos secciones contrastantes. La primera, que se muestra intensa y salvaje, destaca por un marcado y pulsativo intervalo de quinta en cuerdas y vientos, intensificado por el timbal, acercándose así a una estética “primitivista” anterior a Bartók y Stravinsky. La segunda sección es más lírica y da espacio al vuelo melódico que caracterizó la escritura de Soro. Luego de una reexposición de la primera sección, la pieza vuelve a ofrecer el material de la segunda, pero esta vez a cargo de toda la orquesta y en un tono majestuoso.

Los Tres Aires Chilenos (1942) ocupan un lugar único en el catálogo de Soro. Es una de las pocas partituras del compositor que se inspiran en la música tradicional chilena de origen folkórico, más específicamente de la tonada del Chile central. Su fecha de creación nos demuestra que tardíamente en su carrera Soro se interesó en expandir su lenguaje a una suerte de nacionalismo. Fue escrita en la ciudad de Puerto Montt y estrenada en 1942 por la Orquesta Sinfónica de Chile bajo la dirección del propio compositor. Cada movimiento se adhiere a los modelos estructurales, armónicos y rítmicos de la tonada, al punto que parecieran orquestaciones de piezas populares, pero el material temático es original de Soro, quien con esta obra dio vida a una de las más universales piezas sinfónicas que unen la música vernácula chilena con la tradición clásica europea.

El delicado y bello Andante Appassionato (1902) se remonta a un sueno que Soro tuvo en su adolescencia, cuando estudiaba en Europa. Escribió el compositor: “Estaba en Milán, cuando fui invitado a unas vacaciones. Era mi época de juventud, de ilusión, y del amor. Una noche soné con cierta persona que conocí allá y en mis suenos compuse una obra apasionada. Desperté. Eran las tres de la manana. Inmediatamente me puse a escribir la música. El dueno de casa, alarmado al oír mis pasos, fue a preguntar si me sentía mal. Al día siguiente me senté al piano y arreglé la obra. Así nació el Andante Appasionato”. Luego de la versión original para piano, Soro adaptó la pieza para distintas conformaciones instrumentales, incluyendo cuarteto de cuerdas, cello, órgano y la presente versión sinfónica.

En 1922 Soro volvió a Europa para una serie de conciertos, y es allí donde se produce uno de los hitos de su carrera. En diciembre de aquel ano dirige a la Filarmónica de Berlín en un concierto con obras propias. En el programa figuraba su Sinfonía Romántica compuesta el ano anterior, y dedicada a Adriana Cardemil, con quien se casó nueve días después del estreno en Santiago de Chile. Esa primera interpretación, el 6 de mayo en el Teatro Municipal de Santiago, se convirtió en un hecho histórico, ya que se trata de la primera sinfonía compuesta en Chile, y hasta hoy en día es la más importante creación en ese género de este país.

Una audición de esta obra deja en evidencia que se encuentra a la par de las sinfonías europeas de esos mismos anos, o de la época inmediatamente anterior. Se aprecia el agudo sentido de la forma del compositor y su capacidad para absorber las convenciones del desarrollo orquestal propio de maestros como Tchaikovsky o Dvorák. El extrovertido y casi pastoral primer movimiento es una afirmación de Soro como maestro de la melodía al mismo tiempo que de la orquestación. Solos confiados al oboe y la flauta son el alma del emocional Adagio, donde también brilla la sección de cuerdas. El Scherzo posee el carácter de una danza, y su trio genera un fuerte contraste comenzando con un calmo pasaje que luego gana en intensidad para volver a la danza inicial. El Finale se presenta triunfante, como si el júbilo del resto de la obra aquí se multiplicara, justificando el apelativo de “Romántica” de esta sinfonía.

Álvaro Gallegos

El productor desea agradecer a Roberto Doniez Soro, nieto del compositor y encargado del patrimonio de Soro, por su apoyo y contribución a este proyecto.


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