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GP638 - PONCE, M.M.: Piano Works (Complete), Vol. 1 (Cendoya)
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Manuel María Ponce (1882–1948)
Música para piano • 1

 

Gracias a su vasta e importante producción, Manuel María Ponce ha sido una de las figuras más fecundas y apreciadas en la vida musical de México, por lo que ocupa un lugar privilegiado. Abarcó la mayoría de los géneros, así como prácticamente todas las formas musicales.

Uno de los aspectos básicos que caracteriza la obra del maestro radica en los diversos estilos empleados a lo largo de su intensa trayectoria como creador, lo cual refleja un amplio conocimiento y dominio de las técnicas de composición. A grandes rasgos, percibimos en Ponce un romanticismo que viene a cerrar el capítulo de los músicos que le precedieron, y un modernismo que se manifiesta esporádicamente desde las obras de juventud, pero se consolida a partir de su estancia parisina en 1925.

Podemos además distinguir aquellas composiciones que forman parte del romanticismo universal (acrecentado por sus estudios en Italia y en Alemania, de 1905 a 1907, con los herederos de la escuela lisztiana), de otras inspiradas en la música popular de su país y que reflejan un romanticismo nacionalista. Fundador de este movimiento musical en México, Ponce armonizó cantos del pueblo, introdujo dichas melodías en pequeñas y grandes formas y creó motivos propios de auténtico sabor regional.

En 1915 viaja a La Habana, en donde permanecerá hasta 1917. Allí asimila la esencia de la música local y, adaptando a ésta motivos propios, la expone en las obras de su autoría, sin dejar de introducir temas del folclor cubano.

De 1925 a 1933 se establece en París, recibe clases de Paul Dukas y se acerca a la intensa vida musical de la capital francesa. Allí, define en sus nuevas composiciones un estilo propio de carácter modernista y comienza a introducir el nacionalismo indígena, creando un ambiente de música autóctona del México prehispánico.

En 1933 vuelve a radicar en su país de origen y posteriormente crea sus obras de madurez. Una característica de ciertas composiciones del autor a partir de la segunda mitad de su vida es la admirable expresión de hispanismos.

A lo largo de su trayectoria, Manuel María Ponce recibió numerosos reconocimientos de sociedades artísticas, fue miembro honorario de diversas asociaciones musicales, tanto mexicanas como extranjeras. Dos meses antes de fallecer, el gobierno de su país le otorga el Premio Nacional de Artes y Ciencias, siendo el primer músico en recibir dicha distinción y su último homenaje en vida.

Antes de que Ponce creara sus espléndidas obras para guitarra, que le confirieron reconocimiento internacional, ya su nombre circulaba en muchos países debido a la difusión de una célebre melodía, concebida originalmente para canto y piano: Estrellita, escrita en 1912, durante el periodo de su más intenso romanticismo.

Años más tarde, el propio autor llevó a cabo una versión pianística de esta canción, de singular numen e interpretada y dada a conocer por grandes artistas.¹ Atractivas armonías transformaron su atmósfera romántica inicial y motivaron al compositor para subtitularla Metamorfosis de concierto.

Aunque desde temprana edad Manuel M Ponce demostró interés en los cantos populares, fue a partir de 1911 cuando inició una labor sistemática para recopilarlos, seleccionarlos y armonizarlos.

En los años sucesivos, ofreció conferencias, escribió artículos sobre música popular local e introdujo en sus obras melodías y ritmos de ésta. El nacionalismo musical mexicano, metódico e ininterrumpido, había iniciado.

La nueva estética corría paralelamente con el despertar de la Revolución Mexicana—momento histórico crucial para el país, iniciado a fines de 1910—hacia la cual guardaba cierta afinidad ideológica: el rescate de las raíces culturales vernáculas.

Ponce subrayó la necesidad de clasificar las canciones según las modalidades de cada región y describía que los cantos del norte, como La Valentina, que se hizo popular durante la Revolución, reflejan el carácter audaz de los fronterizos; las melodías lánguidas del centro (Ven, oh luna! o Serenata mexicana), interpretan fielmente la melancolía de esas provincias; las canciones costeñas (A la orilla de un palmar), nos descubren la voluptuosidad de las tierras tropicales.

Todos los títulos acompañados del término «mexicano» forman parte de las piezas nacionalistas. En los dos Preludios mexicanos, Ponce realizó arreglos pianísticos de las canciones Cielito lindo (de Quirino Mendoza) y Cuiden su vida, publicada en 1914. La Arrulladora mexicana, está basada en la canción popular La rancherita. La Barcarola mexicana «Xochimilco» es la versión pianística (al estilo de las Romanzas sin palabras) de la canción popular La barca del marino.

Las Mañanitas es una canción de onomástico y varias regiones de México poseen una propia. La que aquí escuchamos pertenece al centro-norte del país y cuenta con un brillante arreglo para piano. El Scherzino mexicano alterna ritmos binarios y ternarios, o los combina entre sí, como sucede en la música folclórica local al estilo de los sones (género de música mexicana instrumental, cantada y bailada). De igual modo, el Scherzino maya está inspirado en los bailes de la península yucateca, al sureste del país. Por su métrica y carácter, nos hace pensar en la jarana (un son regional de Yucatán).

Sin duda, el Intermezzo es la pieza romántica para piano más difundida de Ponce. Pequeña obra de forma tripartita, su estructura denota un excelente equilibrio. No está fechada, pero la compuso a fines de la primera década del siglo xx, o principios de la segunda.

De las veinticinco Mazurcas que se conservan de Ponce, tres pertenecen al género de salón. En la primera aquí grabada, prevalece un carácter apasionado que la distingue de la siguiente, nostálgica y con ciertas remembranzas chopinianas. Ambas son todavía obras de juventud.

La última Mazurca que escribió, también conocida como (Mazurca) a la española, fue concebida primero para guitarra, en 1933 (a petición de Andrés Segovia), y cuatro años más tarde se publicaba en su versión pianística. Es sorprendente la fusión que Ponce logra en esta obra: crea un ambiente andaluz de zapateo, guitarra y cante jondo ¡en una danza polaca!

El Preludio romántico fue publicado en 1934, un año después de que Ponce regresara de París, y viene a ser la reelaboración de una pieza más breve escrita tiempo atrás, antes de su viaje a Francia, titulada En un álbum romántico. Los Dos estudios, dedicados a Artur Rubinstein, fueron escritos en París. En el primero de ellos se crea una cierta atmósfera indigenista a través de una melodía pentáfona, mientras el siguiente está construido sobre intervalos de segundas y terceras mayores que se alternan entre sí, produciendo interesantes sonoridades a través de pasajes cromáticos.

Ponce concibió la Sonatina en 1932, último año de su estancia en París. El primer movimiento tiene forma sonata y es, sin duda, armónicamente lo más complejo del compositor. En el segundo movimiento, se percibe un expresionismo romántico; en cambio, el último pertenece al nacionalismo indigenista, con elementos rítmicos autóctonos.

Su última obra importante para piano es el conjunto de Cuatro danzas mexicanas, inspiradas en la composición homónima de la segunda mitad del siglo xix, cultivada particularmente por Felipe Villanueva (músico mexicano decimonónico), en cuyo homenaje fueron escritas. Siguiendo aquella misma estructura, constan de dos partes: la primera funciona como introducción (brillante y virtuosística), mientras que en la segunda se desenvuelve la danza en sí (más lenta, de carácter sensual y expresivo). Ponce nos ofrece una obra de excelente factura y de gran madurez, que cierra de manera exquisita este programa.

En el presente cd se muestra una extensa gama de posibilidades estilísticas del compositor, las cuales abarcan un poco más de tres décadas: desde ca. 1909, hasta 1941. Este periodo se extiende desde el romanticismo de influencia europea, pasa por el romanticismo nacionalista y por el nacionalismo indigenista, hasta llegar a un modernismo avanzado.

De tal modo, se abre un extenso abanico de posibilidades sonoras, de estilos diversos y riqueza tímbrica, características que identifican a Manuel María Ponce y que, finalmente, encontramos en toda su obra creativa.

Paolo Mello

¹ En 1928, Jascha Heifetz realizó una versión para violín y piano (publicada por C. Fischer) y la estrenó en el teatro de La Opera de París. Por otro lado, ha sido grabada por Szering, Perlman, Schipa, Dal Monte, Tebaldi, entre otros.

Nota: Para realizar esta grabación, se consultaron los manuscritos autógrafos del compositor y las primeras ediciones, fuentes ubicadas en el “Archivo Manuel M. Ponce”, custodiado en la biblioteca de la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México.


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