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GP764 - PONCE, M.M.: Piano Works (Complete), Vol. 2 (Cendoya)
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MANUEL MARÍA PONCE (1882—1948)
MÚSICA PARA PIANO • 2

 

Manuel María Ponce (1882—1948) ha sido una de las figuras más fecundas y apreciadas en la vida musical de México, por lo que ocupa un lugar privilegiado gracias a su vasta e importante producción. Abarcó la mayoría de los géneros, así como prácticamente todas las formas musicales.

Uno de los aspectos básicos que caracterizan la obra del Maestro radica en los diversos estilos empleados a lo largo de su intensa trayectoria como creador, lo cual refleja un amplio conocimiento y dominio de las técnicas de composición. A grandes rasgos, percibimos en Ponce un romanticismo que viene a cerrar el capítulo de los músicos que le precedieron, y un modernismo que se manifiesta esporádicamente desde las obras de juventud, pero que se consolidó a partir de su estancia parisina en 1925.

Podemos además distinguir aquellas composiciones que forman parte del romanticismo universal, de otras inspiradas en la música popular de su país y que reflejan un romanticismo nacionalista.

En 1915 viajó a La Habana, en donde permanecerá hasta 1917. Asimiló la esencia de la música local y la expuso en las obras de su autoría, sin dejar de introducir melodías del folclor cubano. De regreso a México, contrajo nupcias con la contralto de origen francés Clementine Maurel.

De 1925 a 1933 se estableció en París, recibió clases de Paul Dukas y se acercó a la intensa vida musical de la capital francesa. Allí, define en sus nuevas composiciones un estilo propio de carácter modernista.

En 1933 vuelve a radicar en su país de origen y posteriormente creó las obras de madurez. Una característica de ciertas composiciones del autor a partir de la segunda mitad de su vida es la admirable expresión de hispanismos.

A lo largo de su trayectoria, Manuel María Ponce recibió numerosos reconocimientos de sociedades artísticas, fue miembro honorario de diversas asociaciones musicales, tanto mexicanas como extranjeras, llegó a ser director del Conservatorio Nacional y de la Escuela Universitaria de Música. Dos meses antes de fallecer, el gobierno de su país le otorgó el Premio Nacional de Artes y Ciencias, siendo el primer músico en recibir dicha distinción y su último homenaje en vida.

La compleja situación histórica, tanto política como social, por la que atravesaba México durante los primeros años de la segunda década del siglo XX, como consecuencia del descontento que reinaba desde tiempo atrás y que había llevado a la Revolución, limitaba cada vez más las posibilidades de desenvolvimiento de los intelectuales y artistas, por lo que algunos de ellos decidieron abandonar el país.

Ponce no tardó en seguir el mismo destino. De esta forma, en marzo de 1915 se encaminaba hacia el puerto de Veracruz, junto con el escritor Luis G. Urbina, su entrañable amigo, y el violinista Pedro Valdés Fraga, para salir en una especie de singular “autoexilio” rumbo a La Habana. En esta ciudad organizaron conciertos y veladas literario—musicales, llevando el arte de México al público cubano.

Por otro lado, desde su llegada comenzó a interesarse y a profundizar en los diversos aspectos y características propias de la música folclórica de ese País. No tardó en escribir obras utilizando los peculiares elementos rítmicos y las tradicionales síncopas, además de introducir melodías lugareñas en sus partituras allí creadas.

Resultado de lo anterior es su Rapsodia cubana, la cual el autor interpretó en abril de 1915 en La Habana, un mes después de haber llegado. Una grandiosa introducción a base de acordes escritos con el ritmo conocido como cinquillo cubano, pasajes a modo de improvisación (cadencias), el característico baile regional del danzón y la cita de la guajira El arrollo que murmura, dan estructura al corpus de esta emblemática obra. Para terminar, un nuevo y expresivo motivo es acompañado con sutiles arabescos.

La delicada sensualidad típica de la música caribeña y que encontramos en el danzón cubano la vemos reflejada en el Guateque. De forma rondó, en los dos estribillos cambia el carácter rítmico, volviéndose flexible y expresivo, con una melodía más íntima.

La introducción y coda de la Serenata marina, pieza con la que inicia la Suite cubana, sugieren a un guitarrista afinando su instrumento. En la primera parte, que más adelante se repite, hay giros rítmico—melódicos propios de la música española, como si el compositor hubiese deseado evocar la cultura recibida en Cuba por sus ancestros. Plenilunio presenta un acompañamiento un poco al estilo de la habanera y una inspirada melodía que convierte esta pieza en la más célebre de la Suite. En el manuscrito aparece bajo el sugestivo nombre de Noches cubanas, estimulando así nuestra imaginación de acuerdo con ese título. La obra concluye con Paz de ocaso (en el Río Damují), en donde se presentan dos secciones que se alternan entre sí. El estilo es muy diferente al resto de la Suite y se crea una atmósfera de sonoridades impresionistas.

El Preludio cubano está basado en una brillante y a la vez seductora melodía repetida a lo largo de la pieza, la cual se acompaña con el cinquillo cubano y un ritmo sincopado que sugieren el toque de las claves.

La nostalgia por la lejanía de su patria la percibimos en la Elegía de la ausencia. Con un triste motivo temático y el constante acompañamiento del ya citado cinquillo, Ponce logra crear una atmósfera desoladora, fiel reflejo de su sentir. Pero además de estar separado de México, tenía también un gran pesar por la “ausencia” de su amada “Clema” (Clementine Maurel), a quien había conocido cuatro años antes y desposará en 1917. Es precisamente ella la destinataria de la dedicatoria.

Cubana, “Danza de Salón”, fue publicada en 1922, aunque por su estilo y el subtítulo debe de haberla escrito incluso antes del viaje a Cuba. Tiene forma binaria, con repetición en cada una de las partes y se desarrolla sobre un mismo esquema rítmico sincopado de principio a fin.

Moderato malinconico es una breve y expresiva obra fechada en 1928 en París. Los intervalos de cuarta en la introducción y en la coda nos hacen pensar que fue originalmente concebida para la guitarra, lo cual no sería extraño, ya que a ese instrumento Ponce le dedicó su mayor producción durante este periodo.

La inquietud y el deseo de Ponce por incursionar en nuevos estilos de composición, lo llevaron en 1912 a presentar por primera vez en México, a través de sus alumnos, un recital integrado exclusivamente con obras de Claude—Achille Debussy. Poco después escribiría un Scherzino, cuya primera y tercera partes están elaboradas sobre la escala hexatónica, procedimiento tan difundido por el célebre músico francés, a quién dedicó esta obra.

La pieza para piano más célebre de Ponce es el primer Intermezzo (grabado en el CD 1 de esta colección), que data de sus años de juventud. En París compuso el segundo, con un lenguaje modernista que le confiere un estilo muy diferente al anterior, además de hacer uso de una escritura modal.

Los Preludios encadenados fueron compuestos en 1927 y conforman un grupo de cuatro, unidos entre sí (encadenados) por un sonido en común y con carácter y textura muy diferentes en cada uno de ellos. El primero, está escrito en contrapunto imitativo, mientras el segundo es enérgico y contrastante, elaborado sobre un ostinato rítmico; el tercero es delicado y con sonoridades “flotantes” que crean una sutil atmósfera impresionista. En el cuarto se escucha un tema autóctono que alterna medidas ternarias y binarias, el cual utilizará, aunque un poco modificado, en el último movimiento de la Sonatine (grabada en el CD 1 de esta colección) y en el tercer movimiento de la obra sinfónica Chapultepec. Se trata de una primera manifestación indigenista del autor.

Dentro de las nuevas técnicas de composición que Ponce desarrolló en París se encuentra la politonalidad. Las Quatre Pièces pour piano, mejor conocidas como Suite bitonal y compuestas en 1929, son un ejemplo de ello aunque no el único caso; en las Quatre Miniatures pour quatuor à cordes, la última está escrita en cuatro tonalidades diferentes, una para cada instrumento. Ponce utilizó la forma Suite como uno más de los diversos acercamientos que tuvo hacia la música antigua con referencias al barroco, y no sólo en el piano, también en la guitarra, en la música de cámara y sinfónica. De esta manera, las piezas que integran la presente obra, Preludio, Arietta, Sarabande y Gigue, forman parte de la tradicional estructura de la suite de los siglos XVII y XVIII.

En el Preludio scherzoso encontramos insinuaciones de música popular al citar en dos ocasiones un fragmento del tema de La Paloma (famosa habanera de Sebastián Iradier) y el de las letanías, motivo religioso de los cantos mexicanos prenavideños (las posadas). En la Sarabande introduce un motivo gregoriano y una escala pentáfona en la otra mano. En la Gigue combina medidas binarias y ternarias, propias del folclor mexicano. Toda la Suite ocupa un lugar muy especial dentro del modernismo de Ponce: por la técnica de composición, por el interés que despierta y, sobre todo, por su particular estética e inspirado lirismo.

Paolo Mello


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