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Pedro González Mira
Ritmo, May 2014

ZIMMERMANN, B.A.: Soldaten (Die) (Stuttgart Staatsoper, 1989) (PAL) 100270
ZIMMERMANN, B.A.: Soldaten (Die) (Salzburg Festival, 2012) (NTSC) 2072588

Por razones que más tarde quedarán justificadas, cambiamos esta vez el formato habitual de la sección, pues solo recomendaremos interpretaciones comercializadas en DVD. Serán dos, creo que las dos únicas existentes, y como es lógico, tomas de funciones en vivo.

Alban Berg cita en su Suite lírica el acorde de Tristán. Y en su Concierto para violín, un Coral de Bach. No es reciclaje ni reconstrucción, ni siquiera deconstrucción, sino cita pura y dura, y esto es algo muy común en la música de los años 60 del siglo pasado. Liszt lo había hecho decenas de veces, y de manera mucho más explícita, pero ahora se va más lejos, porque se busca la cita más allá, y se añade, distorsionada, a otra música no tonal. Bernd Alois Zimmermann fue un mago del procedimiento, que en Los soldados lleva al límite. ¿Se puede hablar aquí de “collage”? Más bien se trata de expresar la relatividad simultaneando diversas músicas y, en el caso de la ópera, de diversos escenarios. Lo primero, es decir cuando se trata de músicas abstractas, se puede hacer sin dificultades añadidas, pero cuando se aplica a la música escénica parece crear otros problemas más complejos: se puede simultanear voces, sonidos, etc., pero es más complicado superponer diversos escenarios de manera razonable.

Como ya he dicho, hay dos montajes grabados en DVD. Uno de 1989 y el otro de hace un par de años. El primero, de un señor llamado Harry Kupfer; el segundo, de Alvis Hermanis. El primero, para la Ópera de Stuttgart, con resultados idóneos; el segundo, para la edición veraniega del Festival de Salzburgo, no tanto. Ambos, sin embargo, son recomendables en el aspecto escénico, mientras que uno de ellos, el segundo, tiene mucho más interés musical.

A mi entender, Kupfer firma una versión escénica de referencia que todo buen aficionado debe conocer, a pesar de estar filmada en 4:3 y de que el subtitulado sea malo de solemnidad. El texto, por supuesto, es muy importante, pero mucho más lo es aquí lo que se ve, una maravillosa puesta en escena, apoyada por un diseño, unas luces y un vestuario que logran a la perfección lo imposible, esas superposiciones temporales a que antes me referí. Kupfer no trabaja horizontal sino verticalmente; plantea niveles, con los que juega continuamente, variando las categorías de los espacios, que transforma con inteligente habilidad. El sexo es capital en su concepción, pero como fuerza conceptual, no como imagen. Lo que Kupfer nos cuenta lo hace de dentro a afuera, no al revés. En cambio, en la producción de Salzburgo (sin subtítulos en castellano), se propone una idea casi opuesta: un relato horizontal, en el que la fuerza de la imagen sexual es más arrebatadora. Teatralmente me parece menos moderna, a pesar de estar concebida más de 20 años después. Se deja ver, no obstante.

Los cantantes son, en ambos casos, excelentes, dicho sea esto más desde un punto de vista estilístico que canoro en sentido literal: aquí no se necesitan ni voces de bello timbre, ni estilistas del canto tradicional. Lo que requiere esta obra hecha de desgarros diversos y situaciones feístas es una vocalidad al borde del grito, un Sprechstimme de la digresión sonora, y en ambas versiones los cantantes lo hacen muy bien. En todo caso, de nombrar a alguien en concreto, me ha gustado especialmente la Marie de Nancy Shade y el Desportes de William Cochran, ambos en la versión de Kontarsky. Mientras que Alferd Muff (Wesener) y Tomasz Konieczny (Stolzius), en la otra versión, también me han llamado la atención.

Por su parte, la dirección musical de Bernard Kontarsky (también está en formato de cedé, con idénticos cantantes, comercializada por Teldec en una grabación de estudio cuyas características no difieren mucho de la toma de la función), sin ser la mejor de las posibles, es más que suficiente. Pero es notablemente inferior a la de Ingo Metzmacher, un señor que en esta suerte de repertorios brilla siempre mucho. Es más radical en el aspecto sonoro, lo que en una obra tan tremenda es muy de agradecer.

En fin, con todos estos datos sobre la mesa, y tratándose de una obra absolutamente maestra, las dos versiones se hacen indispensables. © 2014 Ritmo





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