Classical Music Home

Welcome to Naxos Records

Email Password  
Not a subscriber yet?  
Keyword Search
 in   
 Classical Music Home > Naxos Album Reviews

Album Reviews



 
See latest reviews of other albums...


Pedro González Mira
Ritmo, February 2014

Este Sigfrido, tercer DVD de la Tetralogía que Guy Cassiers y Barenboim han regalado al Teatro de la Scala, cuya función tuvo lugar en octubre de 2012, siete meses antes de que se cerrara el ciclo con la representación de El ocaso de los dioses, adolece del mismo defecto estructural de las dos anteriores entregas, así como de la cuarta, que espero se produzca pronto: el cambio de cantantes en primeros papeles. Y no siempre para mejorar.

En El oro del Rin Wotan fue René Pape; o lo que es lo mismo, con diferencia, el mejor hoy para el rol del dios supremo. Pero en La walkiria no pudo ser, y tuvimos a un cantante competente y mejor actor, el ucraniano Vitalij Kowaljow. La parte perdió peso interpretativo, pero el asunto no pasó a mayores. Esta vez, sin embargo, el nuevo cambio para El Caminante sí ha hecho resentir la versión. Se trata de Terje Stensvold, un barítono noruego de 70 años que, francamente, no está para semejantes trotes. Hombre de fenomenal planta y rostro tremendo, da muy bien al especulador anciano, pero vocalmente es un poco desastroso. Se podría decir que Der Wanderer es precisamente eso, un hombre al que le quedan dos telediarios, un animal de la política, viejo, vencido por la ambición, un autoritarismo intolerable y una ya desgastada capacidad para la especulación y el engaño, aspectos todos esos que sí da este señor, pero hay un pequeño detalle añadido a ello: ha de cantar, el compositor así lo quiso.

Más cambios. En El oro del Rin quedé fascinado con un cantante para mí desconocido, llamado Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, que hacía uno de los mejores Mimes que nunca vi y escuché. Cuando abrí este DVD lo hice con la ilusión de volver a encontrármelo. Pues no. Y se notó nada más empezar la función: otra vez un actor estimable (Peter Bronder), pero un cantante con ostensibles defectos vocales, o lo que es lo mismo, otro Mime al uso, uno de los roles más maltratados de todo Wagner por no haber cantantes adecuados para encarnar a esta especie de bufo diabólico, lleno de matices de diversa baja ralea bien difíciles de abordar para un tenor característico al uso. Bien; no es que el asunto sea grave, pero sí significativo.

Dos buenas noticias, una magnífica nueva y un notición. Primera: el espléndido Alberico que pudimos contemplar en el Prólogo (Johannes Martin Kränzle) vuelve aquí en sus breves apariciones a sacar nota alta en la caracterización de líder de los nibelungos. Dos: el Fafner de Alexander Tsymbalyuk, está considerablemente mejor cantado y actuado que el de Timo Riihonen, en El oro del Rin. Tres: para Erda afortunadamente no ha habido cambio, y Anna Larsson, que estuvo espléndida en el Prólogo, dos años largos más tarde (tiempo que separa las dos funciones) vuelve a seducirnos con su vocalidad elegante y esencial y su hermosa presencia de sabia primordial. Y cuatro, la bomba Stemme, que desde diciembre de 2010 hasta octubre de 2012 (fechas de las tomas de La walkiria y este Sigfrido) lo único que ha perdido ha sido peso: aquí está tan soberbia como en la anterior, pero más delgada y guapa. Pensará quien esto lea que esta es una apreciación de revista del corazón. Bien, mi respuesta es invitar a contemplar el despertar de Brunilda en el tercer acto: nunca (y en esto Barenboim juega un importante papel) he visto tan amorosa, bella y profundamente erótica vuelta a la vida de la divina walkiria. Nina Stemme, en fin, vuelve a demostrar que sigue siendo hoy la Brunilda número uno. Y aviso a navegantes: el próximo cambio en El ocaso de los dioses será, desgraciadamente, este: la Stemme no será Brunilda ahí. Sea quien sea, una desgracia.

Este Sigfrido añade otro problema a sus muchas virtudes: el voluntarioso pero insuficiente Lance Ryan, bien plantado físicamente pero con unos medios vocales cortos, en volumen, en tesitura y en fuerza expresiva; maneja mal, además un corpachón que más bien debería ayudarle.

Por su parte, la puesta en escena funciona bien, es mejor que la del Oro y similar a la de Walkiria. Acertada la escenografía del bosque, incluida la escena de la fragua, la del dragón y los murmullos (con presencia física de chica guapa personificando al pajarillo, que canta bien Rinnat Moriah), aunque en el tercer acto, tras el hermoso dúo entre Wotan y Erda, y antes de la muy bien resuelta escena de la roca, vuelve la pesadilla de los bailarines (como en el Oro), esta vez haciendo dibujos con espadas, para explicarnos aquello que en la música está meridianamente claro. ¿Un Sigfrido fallido, pues? Véase la columna de al lado. © 2014 Ritmo





Naxos Records, a member of the Naxos Music Group