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Javier Mitchell
Culturalmente Incorrecto, November 2015

“La Música Clásica y la Guerra Fría” (“Klassik und Kalter Krieg. Musiker in der DDR”) es un film documental del año 2009 dirigido por Thomas Zintl. Si aún es difícil conocer claramente las influencias ejercidas por la administración norteamericana en lo referido al sector cultural en la República Federal Alemana a través de su “Plan Marshall”, ocurre lo mismo para la República Democrática Alemana, país en el que se centra este documental.

Naxos USA lanzó al mercado americano la edición en formato blu-ray de este documental de Thomas Zintl que explora el papel político de la música clásica en la Alemania del este (RDA) desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín a finales de los años ochenta. Como la música clásica era considerada políticamente inofensiva en la antigua RDA, se promocionó fuertemente su aprendizaje desde los sectores politicos de poder. El régimen además descubrió su gran potencial para generar valores de intercambio cultural y las tan necesarias divisas extranjeras.

La música clásica “made in RDA” se convirtió en un éxito de exportación cultural para el régimen, gracias a orquestas como la Staatskapelle Dresden, la Gewandhaus de Leipzig y artistas de renombre como Kurt Masur, Peter Schreier, Franz Konwitschny, Kurt Sanderling y Theo Adam. A través de entrevistas a personas que vivían bajo el sistema y otros casos de estudio, el documental explora a través de cincuenta y cinco minutos los destinos tanto de los artistas privilegiados como de los no privilegiados del sistema, y suministra una idea clara de la influencia que el entorno político ejercía en la vida artística. La película incluye entrevistas con testigos de la época, tanto de la República Democrática Alemana y la República Federal de Alemania (RFA).

“Klassik und Kalter Krieg” utiliza también imágenes de archivo que ilustran la “tutela” que el mando comunista fue realizando sobre la cultura de la RDA a partir de la creación de dicho Estado. El documental se remonta incluso a antes de su nacimiento, comenzando con un Berlín en ruinas en mayo de 1945, sobre cuyos escombros el comandante soviético Nikolai Berzarin procede a reactivar la vida civil y cultural germano-oriental otorgando un especial énfasis en la música. De hecho, el compositor Siegfried Matthus nos cuenta en el film que “era increíble que la apertura de los teatros fuera más importante que algunas cosas esenciales para vivir”, cobrando así el arte una importancia vital; tras lo cual, para Matthus, “está claro que había un interés estratégico y político”.

Esa misma línea de pensamiento comparte Helmut Schmidt, para el cual “la música siempre se ha empleado para apoyar objetivos políticos”. En opinión de estos y otros interlocutores, en los momentos germinales de la RDA se buscaba crear a través de la música un clima de optimismo, una sensación a nivel de calle de que las cosas se habían reestablecido, de que seguían su curso cotidiano; con una música, eso sí, de cariz netamente popular, cuando no populista: folklore, bandas militares, grandes aglomeraciones en los viejos templos del poder en ruinas para celebrar una suerte de catarsis colectiva.

No obstante, se produjo luego la progresiva llegada desde Moscú de los agregados culturales soviéticos, con instrucciones muy precisas para implantar las políticas educativas y culturales de Stalin. Sin embargo, y tal como sostienen diversos actores del escenario cultural alemán en la posguerra, esa dirección hizo de la música, como también del deporte, uno de los estandartes y signos de identidad más reconocibles para proyectar el nuevo Estado al resto del mundo. Los demonios artísticos proscriptos en la Unión Soviética pronto lo estarían también en la RDA, fundamentalmente la música dodecafónica y la abstracción: todo aquello asociado a la decadencia burguesa, que entraba en franca oposición con el realismo socialista que promulgaba el elemento censor y tutelar por antonomasia en la Alemania comunista.

El documental también trata la progresiva conquista de la libertad que los artistas y los ciudadanos de la RDA lograron a medida que se acercaban al decisivo 1989 que supuso la caída del muro. Las trabas que los dirigentes comunistas impusieron durante décadas a sus músicos llegaban a la imposibilidad total de abandonar el país. Como recuerda Peter Schreier, fue el cantante Theo Adam el que primero se plantó frente a los oligarcas del gobierno: o permitían su salida a Bayreuth, o no volvería a cantar. Ante esto, el gobierno germano-oriental progresivamente comienza a conceder visados a los músicos bajo muy severas condiciones ya no sólo de movilidad, sino de remuneración salarial, reteniéndoles un porcentaje de sus salarios por parte del Estado entre el 20% y el 50% de lo ganado por el artista en el extranjero. Ello constituía además una fuente de divisas muy importante. Sin embargo, esto entra en crisis cuando los músicos empiezan a pedir asilo político en Occidente y la policía política de la RDA, la Stasi, comienza a poner bajo vigilancia a los intérpretes en gira, algo para lo cual tejieron toda una red de espionaje dentro de las propias orquestas y coros; un proceso que no haría sino aumentar la tensión, las sospechas y el desquebrajamiento de las relaciones entre compañeros.

“La Música Clásica y la Guerra Fría” (“Klassik und Kalter Krieg”) es un documental que clarifica muchas cuestiones relativas al uso de la cultura como instrumento de poder, algo que continúa realizándose hoy ampliamente, aunque de forma más solapada. Un documental imprescindible para los estudiosos y amantes tanto de la música clásica como para los interesados en la manipulación de las masas y la opinión pública a través de determinados sectores del arte.© 2015 Culturalmente Incorrecto





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