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Álvaro del Amo
Ritmo, September 2015

En la Deutsche Oper berlinesa contiene la acción de Jenůfa en un sencillo decorado blanco, donde se entrega a lo esencial, el desmenuzamiento de las tensiones entre unos personajes abrumados por la fatalidad, en su triple conexión con la maldad, la desgracia y lo ineluctable. La mezzo norteamericana es la madre adoptiva asesina, el tenor alemán Will Hartmann el enamorado premiado por la esperanza y la soprano alemana Michaela Kaune la primera gran heroína del compositor, muy convincentes, como el resto del reparto, gracias a la dirección de escena de Loy, y a la batuta del director musical del teatro Donald Runnicles, que consigue de la excelente orquesta la incandescencia requerida. Gracias a la realización televisiva de Brian Large, la ópera se sigue como una función absorbente. © 2015 Ritmo



Segun Sebastian Spreng
Miami Clásica, July 2015

El derrotero de la mas popular ópera de Leoš Janáček en la capital alemana comienza con su estreno decisivo por Erich Kleiber en 1924 (al mismo tiempo que el Met con Maria Jeritza) en la ópera Unter den Linden marcando la que será una revolucionaria aunque breve época en la República de Weimar. Jenůfa arriba a Berlin vía Brno, Praga, Colonia y del triunfante debut vienés. El éxito berlinés de crítica despierta el interés de Hamburgo, Dresde, Halle y otras ciudades alemanas aunque pronto chocará con el ardor xenófobo del nacionalsocialismo. Después de varios intentos fracasados, en una curiosa vuelta de tuerca alabando sus valores folklóricos se representa en la Berlin Staatsoper en 1941—con Tiana Lemnitz alternando con Maria Müller y Martha Fuchs como Sacristana—como guiño condescendiente con los países invadidos, lo que sucedería también con otras “Volksopern” (óperas populares) de Smetana, Dvořák, Moniuszko y Tchaicovsky. En la traducción alemana de Max Brod—que la popularizó como Jenůfaen vez del título original La hija adoptiva de la novela de Preissová- reorquestada por Karel Kovařovik pasaba como un dramón verista con matices puccinianos cuando no straussianos. Jenůfa regresará al Berlin de posguerra en 1949 en el Admiralpalast con Margarete Klose como la Kostelnicka seguida por varias puestas hasta ésta del 2012 filmada el pasado año en la DOB.

En su lengua original, el flamante DVD desde la Deutsche Oper Berlin usa la edición 1996 que rescata la de Janáček en Brno 1908 e inicia lo que parece ser un auspicioso ciclo del compositor en la ópera berlinesa bajo Donald Runnicles. De impacto certero y seguro, Jenůfa es una pieza a prueba de balas cuya teatralidad y partitura la confirman una y otra vez como obra maestra del género que tanto en teatro como en DVD y grabaciones discográficas ha tenido la suerte que merece. Y es imposible no mencionar la reveladora versión de Mackerras con Söderstrom, o las ya legendarias Kostelnickas de Varnay, Silja o Rysanek enfrentándose a Jenufas del calibre de Mattila, Jurinac, Benackova o Stemme.

La puesta minimalista de Christof Loy rivaliza en austeridad con otras recientes profundizando aún más vértices y ángulos musicales. En su desnudez, blancos y negros la escenografía de Dirk Becker muestra un caja, una celda techada—excelente además para la proyección vocal—de blancura enceguecedora, a través de una ventanita se ve el paisaje. En ese ambiente de laboratorio estéril los personajes contrastan vívidamente enfundados en negro o en coloridos trajes modernos que acaba con el contexto folklórico, universalizando y actualizando el tema central. La estrechez del escenario es la de la prisión y también la mediocre mentalidad pueblerina, no hay salida en esta tragedia moralista. Escenario y orquesta se funden en total concordancia. Es una trama indivisible y apretada, que despliega el poderío sonoro y dramático de la partitura.

Loy desarrolla la ópera desde y a través del recuerdo de la Kostelnicka que entra al presidio momentos antes de la obertura—por una vez no resulta un recurso fastidioso y remanido—contemplando la trágica cadena de eventos que la han conducido hasta allí. Su presencia emerge mas atemperada que en otras asunciones del personaje, prima el remordimiento, la vergüenza y el dolor. Una excelente Jennifer Larmore plasma una sacristana reflexiva, doliente y contenida, sin robar protagonismo a la radiante Jenufa de Michaela Kaune. Tanto el Steva de Ladislav Elgr como el Laca de Willi Hartmann perfectamente delineados y vocalmente impecables. Cada personaje muestra un trabajo ejemplar y cabe destacar que el elenco cuenta con grandes veteranas como Nadine Secunde (la mujer del mayor) o Hanna Schwarz (la abuela) sin olvidar el coro a cargo de William Spalding. En el esperanzado final, la escena se vuelve negra, sólo quedan las manos unidas de la pareja.

Dirigida por su titular Donald Runnicles, la orquesta del teatro de Bismarckstrasse sigue probando que es una de las mejores del mundo en su especialidad. De una urgencia que asusta, de una ominosidad que en todo momento predice o subraya la tragedia o de una rusticidad que enfatiza la aldea, Runnicles saca lustre y chispas a tan precioso material. Filmada exquisitamente por el venerable Brian Large, pionero de estas lides que tiene el buen tino de no interrumpir el drama sino dejar sólo el aplauso final como parte de la catarsis última.

Una lectura de ensamble clarísima y apasionante que destaca cada faceta de una ópera sin igual y que compite al mismo, o mejor, nivel de las espléndidas versiones de Glyndebourne (Davis-Lenhnoff, Alexander-Silja), Barcelona (Tambosi-Schneider, Stemme-Marton) y Madrid (Bolton-Braunschweig, Roocroft-Polaski). Recomendado. © 2015 Miami Clásica





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