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Javier Extremera
Ritmo, June 2015

STRAUSS, R.: Richard Strauss Gala / My Strauss (Documentary, 2014) (Thielemann) (NTSC) 728908
STRAUSS, R.: At the End of the Rainbow (Documentary, 2014) (NTSC) 729908

Siguen llegando hasta nuestra orilla restos del naufragio que provocara el año pasado el 150 cumpleaños de ese esclavizador auditivo, que fuera Richard Strauss, personalidad compleja y fascinante donde las haya en la Historia de la música occidental. Influyente e inabarcable explorador de los laberintos de la condición humana, fiel reflejo de una forma agónica de entender la creación musical, pues fue su mano la que tuvo el agrio privilegio de clavarle la tapa del ataúd a toda una era. Los DVD que proponemos (ambos con subtítulos hispanos) rememoran su necesaria (hoy más que nunca) figura. Pese a que comparten planteamientos, imágenes e incluso discurso narrativo, ambos se antojan complementarios y casi supeditados, pues el documental (la vida) no se puede concebir sin el concierto (la música). Con ellos podremos desenmascarar tanto al músico como al hombre, pues resulta asombroso como de ese apacible y hogareño núcleo familiar pudiera surgir tanto dolor, nerviosismo y amargura, tantos alaridos y sueños rotos. Un Dr. Jekyll que por sortilegio del cine nos descubre a ese Mr. Hyde que siempre llevó dentro y que solo se divisaba cuando se sentaba frente al papel pautado. Al igual que Kafka (con el que coincidió en tiempo pero no en espacio) logró llevar una doble vida. Si era impensable que un tuberculoso y enclenque judío bohemio, que trabajaba de día en una Compañía de Seguros y que escribía de noche, pudiera tener entre sus entrañas un desgarrador y enfermizo universo de caos, pesadilla y demonios, también resulta insólito como éste bávaro de bigotito recortado, con pinta de empleado de banca, casado una sola vez y cuyo mayor placer en la vida era jugar naipes de skat, fuera amo y señor de un intransferible y freudiano submundo dominado por el sufrimiento, la desilusión y la culpa, alejado completamente del que encontraba alrededor de su chimenea.

La que fuera refugio durante casi toda su carrera, la Ópera de Dresde, le organizó el año pasado (el mismo día de su nacimiento) su particular homenaje. Para ello se rodeó de un elenco de ensueño. Sobre el escenario fragmentos de esas nueve óperas que el muniqués estrenó entre sus pulidas piedras. La orquesta titular del foso de la Semperoper, la excelsa y cada vez más estimulante y arrolladora Staatskapelle de Dresde, sería masajeada por la mano maestra de un Christian Thielemann que sigue emperrado en demostrar (incluso a los más ciegos) su señorial valía. Él ha sido capaz de sacrificar repertorio para poder profundizar más en la sima de la música germana y en esa “tradición” que tanto ama y venera (hoy posiblemente sea uno de los pocos al que se le podría acuñar con todo merecimiento el título de Kapellmeister). El trío de sopranos tampoco se quedó atrás: poderosísima Christine Goerke en plan Jessye Norman (Elektra y Salome) cortando respiraciones en el registro grave (¡como resuenan los “Tot” o su demoledor “Agamenón!”), la leona sin domar de Anja Harteros (Arabella) y la celestial Camilla Nylund (Die ägyptische Helen y Daphne). El programa también nos permite ver la evolución del joven al anciano Strauss, ese explorador que de la mano de Elektra llegó ante un frío precipicio. ¿Seguir o retirarse? Ese fue su gran dilema. Eligió no tirarse al vacío y volverse sobre sus propios pasos (imposible entender al viejo sin conocer antes al joven).

El Strauss de Thielemann (con su habitual economía de gestos) es arrebatador y fastuoso, refinado, matizado y de texturas transparentes, wagneriano y arrebatador en su pulso métrico, gustando siempre de enfatizar la oscuridad y la melancolía que lleva adosada esta seductora música. De su mimada Staatskapelle extrae colores y resonancias tan densas que atolondran nuestros oídos, sin renunciar jamás a la búsqueda de la belleza del sonido más puramente straussiano. Conmueve sus dotes en la primera secuencia de Valses del Rosenkavalier, donde el fantasma del mismísimo Carlos Kleiber parece contagiarle en su magistral sentido del rubato y del galanteo vienés. Una auténtica delicatessen, como el emotivo Interludio de Intermezzo.

En el documental que se incluye, “Mi Richard Strauss”, el berlinés se desnuda ante la cámara elogiando sin cansancio al compositor. Sobrexcita verle merodear por la casa catafalco de Garmisch de la mano de su nieto o manosear las partituras originales de los estrenos (con anotaciones autógrafas). “¿Qué somos sin tradición?”, se pregunta, “¡no somos nada!”, en lo que quizá sea la llave para descifrar su estilo. Divertido el verle repasar las diez reglas básicas que el propio Strauss estableciera como ley para aquellos directores que se atrevían en los años 20 a dirigir sus óperas. El tercer mandamiento dictaba: “dirige Elektra y Salome como si las hubiese compuesto Mendelssohn, música de hadas”. El maestro lo desmantela preguntándose porqué entonces no escribió las obras para una plantilla orquestal mendelssohniana, o el porqué de tanto forte y fortissimo. De antología.

Over the rainbow
Para aquellos que se queden con hambre se publica a la vez “Richard Strauss: Al final del arco iris” del siempre competente Eric Schulz, que aquí, además de repetir su habitual estructura argumental (ponerle a los participantes archivos del personaje y ver sus reacciones), se decanta por profundizar en la figura del Strauss director de orquesta. Para ello se sirve de un arsenal de históricos registros visuales que arrancan con un Don Juan de 1932 y concluyen con un ensayo del Caballero de la Rosa de 1949 (con Solti como testigo de excepción). Entre los participantes, de nuevo el nieto de Strauss (Christian), Klaus König o una impagable Brigitte Fassbaender, regalándonos una clase magistral sobre Lieder. Pese a que se repiten algunos de los escenarios (insalvable Garmisch), el filme posee una amena construcción sustentada en un espléndido trabajo de edición, que no se corta a la hora de saltar sin red del pasado al presente. Todo el documental tiene un fuerte aroma a malvas e incienso, pues el relato acaba dominado por la congoja. Un filme muy recomendable y de incuestionable calidad, ideal para ser engullido por todos los que nos sentimos straussianos hasta los tuétanos. © 2015 Ritmo



Segun Sebastian Spreng
Miami Clásica, May 2015

STRAUSS, R.: At the End of the Rainbow (Documentary, 2014) (NTSC) 729908
STRAUSS, R.: Richard Strauss Gala / My Strauss (Documentary, 2014) (Thielemann) (NTSC) 728908

Las festividades celebrando los 150 de Richard Strauss continúan con la aparición de dos DVD que merecen una reseña. En primer lugar el notable concierto sinfónico-vocal ofrecido en la magnífica Semper Oper de Dresde con la dirección de Christian Thielemann. Un buen adelanto de esa semana festiva había sido un DVD con la Sinfonía Alpina y las Cuatro últimas canciones con la extraordinaria Anja Harteros. Aquí regresa Thielemann con la Staatskapelle Dresden, orquesta straussiana si las hay, con una gala memorable. Enmarcadas por una espléndida lectura de los valses de El caballero de la rosa y preludios de las óperas La mujer silenciosa, Feuersnot e Intermezzo, tres sopranos demuestran hallarse entre lo mejor, sino lo mejor, del canto straussiano actual.

Es evidente el certero impacto que causa la americana Christine Goerke en el público asistente. Su monólogo Allein, wie ganz allein de Elektra es de una solidez avasallante, canto unido a actuación que vuelve a confirmarla como una artista de nivel excepcional. Como si esto fuera poco, regresa Goerke con la escena final de Salomé y otra vez conquista con medios válidos y el recuerdo de una voz como no se escucha desde Inge Borkh o Ingrid Bjoner, carnosa, esmaltada, inmensa, ideal para las heroínas dramáticas del compositor.

En la otra vertiente, la más lírica, Anja Harteros brinda un inmaculado Mein Elemer del final del primer acto de Arabella. La pureza y belleza del timbre sumado a un porte y compenetración envidiables la hacen una ideal encarnación del personaje. Un punto apenas por debajo se halla Camilla Nylund en la imposible tarea de hacer justicia a Zweite Braut—La Helena egipcia—en tesitura y fiereza una de las mas arduas de la literatura straussiana. La voz emerge con toda la fuerza necesaria pese a un vibrato por momentos demasiado pronunciado. Regresa Nylund para brillar con una excelente Ich komme grünende Brüder de Daphne. La mágica escena de la transformación final de la ninfa pone un broche de oro a una noche defintivamente mágica donde la orquesta ha entregado una tersura inigualable bajo Thielemann.

El DVD se complementa con una fascinante documental dedicada al director y su enfoque del compositor unido a extractos históricos, escenas rodadas en Dresden y los archivos de la biblioteca musical de la ópera con las originales partituras de Salomé y El caballero de la rosa. Dirigido por Andreas Morell, es un extra que redondea una entrega imperdible.

Por su parte, el documental Richard Strauss: al final del arco iris interesa pero en resumidas cuentas promete mas de lo que da. La realización de Eric Schulz repite el esquema de su estupenda edición sobre Carlos Kleiber pero lo que funciona en aquella, no acaba de cuajar en esta. No bastan las interesantes impresiones y anécdotario de figuras como Brigitte Fassbänder, Raymond Holden, Klaus König o Stefan Mickish que terminan resultando repetitivas o pecan de amaneramiento e incluso, una veneración excesiva. A esto suma dos actores—Henning Hartmann y Sina Reiss—como Richard y Pauline, su mujer que complican mas los resultados. Mucho mas convincente resulta la visita a la casa de Garmisch de la mano de Christian Strauss, que aporta una cuota extra de complicidad así como los fragmentos de filmaciones históricas—muchos ya aparecen en la documental de Morell pero el completo del himno olímpico de 1936 es un verdadero hallazgo—con el compositor dirigiendo su música y en películas caseras. Una recomendable mirada al músico que no obstante, pudo dar para más. © 2015 Miami Clásica





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