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Segun Sebastian Spreng
Miami Clásica, May 2016

Próximo al sesquicentenario de Richard Strauss (1864–1949), el verano del 2013 asistió a una Elektra quizás definitiva e indudablemente referencial firmada por el lamentado Patrice Chéreau y un equipo excepcional reunido en Aix-en-Provence. Con otra protagonista—Nina Stemme—la puesta se repuso en el Met 2016 para terminar de marcar un antes y un después en la historia de la mas concisa y sólida ópera del compositor: visionaria, cinematográfica, monolítica, tragedia griega pura, decantada por el genio de Hofmannsthal.

En agosto del 2014 se tuvo una concepción diametralmente opuesta en antiguas instalaciones militares de la elegida capital cultural de Europa aquel año: Umeå, la ciudad sueca de los abedules cercana al círculo polar ártico, por el grupo catalán La Fura dels Bauls, responsable de algunos de los mas originales y espectaculares montajes que se hayan visto y que acaba de editarse en DVD.

El mayor interés de la edición radica en ver medir ambas versiones en relación con la multifácetica ópera straussiana; por un lado, el ascetismo severo de Chéreau que deja sólo la estructura para dedicarse al trabajo interno de sus cantantes-actores, por otro, la exuberancia de los fureros en un espacio gigantesco al aire libre, una instalación de proporciones asombrosas que sin dudas pierde impacto en la pantalla.

En sus rios y lagunas de sangre, en la presencia constante de líquidos, la puesta del director Carlos Padrissa le debe a la colosal película de Gotz Friedrich y al espíritu atávico de la Medea de Passolini y el Edipo Rey stravinskiano por Julie Taymor y claro, al omnipresente trabajo de Peter Brook. La Fura retoma estos modelos y los multiplica con evocaciones a las fallas valencianas, la presencia de alacranes humanos, gigantes y cabezudos, marionetas, grúas y dobles gigantescos de los personajes inmersos en la lucha de elementos agua-aire-fuego-tierra tan caros a la estética del conjunto. Egisto y Clitemnestra están “desnudos”, el amante de la madre llega en un convertible de los años 50, y ella es seguida por decenas de prisioneros convirtiéndola en una suerte de cienpiés que se desplaza por el predio. Son toques originales que rivalizan con la majestuosa entrada de Orestes rodeado por hogueras y fuegos o el monólogo de Electra junto a un lago de sangre, siempre atada a un interminable cordón umbilical que parece reproducirse en las pelucas de Gorgona de todos los personajes femeninos. Es un show impresionante con su ya clásica marca de fábrica que integra hábilmente elementos primitivos con futuristas, tradición con modernidad para replantear al Fausto de Berlioz, Parsifal y el Anillo wagneriano y ahora Strauss (cabe preguntarse cual sería su enfoque de la fantástica Mujer sin sombra?).

La propuesta es válida gracias a la genialidad de una ópera que permite infinidad de lecturas. Pero, la monumentalidad épica de Elektra es aparente, es un drama íntimo, familiar que se resiente en la vastedad del espacio y concepción furera; por eso, el mejor momento es la escena del reencuentro entre los hermanos Orestes y Electra, en esa intimidad la música crece obliterando la maquinaria escénica, lo que no sucede en el feroz enfrentamiento madre-hija, núcleo de la obra y una de las escenas capitales de la lírica del siglo XX.

Transitando como pueden ese ámbito, los cantantes están amplificados (es lógico) por lo que les es más fácil luchar con las demandas vocales de por sí sobrehumanas. La soprano Ingela Brimberg es una Elektra que responde con eficacia y buenos agudos y la ilustre veterana Ingrid Tobiasson es una Klytämnestra asopranada. La Krysotemis de Susana Levonen—mitad muñeca de trapo, mitad mucama señorial—es vocalmente pobrísima (tanto que justifica el posible arrepentimiento del compositor en haberla escrito) no así el Orest de Thomas Lader y el Aegisth de Magnus Kyhle, ambos correctos. La Norrlandsoperans Symphony Orchestra exhibe seguridad y eficiencia a las órdenes del inglés Rumon Gamba.

La ópera de la venganza por antonomasia tiene así otra lectura, una que se parece más a ilustración delirante que a una interpretación profunda. No obstante, es única y merece verse aunque no desbanca a las mencionadas y a las que podría añadirse la de Lehnhoff en Salzburg. © 2016 Miami Clásica




Pedro González Mira
Ritmo, February 2016

Todo está muy oscuro. Se adivina un espacio muy grande. Primeros fogonazos, primeras hogueras, mecanotubo. El gran espacio es como una balsa. Hay agua y tierra. Y Elektra aparece dentro de un inmenso gigante de cabeza sin cara. La Fura ha vuelto.

Porque esto es realmente La Fura dels Baus; un espacio fuera del encorsetado escenario de ópera. Un gran trozo de campo donde se pueda quemar todo e inundar todo. Un espacio donde las personas, los personajes de turno, naufraguen. Fura puro de oliva, y en este caso para una ópera que se deja. El éxito es total.

Pero, ¿qué espacio? A uno le da la impresión de que se trata de una especie de estanque con un palmo de agua. No. En realidad es un escenario al aire libre construido en un parque de la ciudad sueca de Umea. En esta ciudad hay un teatro de ópera desde finales de los 70 del siglo pasado, con una orquesta titular; su director desde 2000 es Rumon Gamba. Todos ellos son protagonistas de este DVD. Como los cantantes, todos más o menos correctos, aun con una Elektra de Ingela Brimberg más que eso: excelente. Y el tal Gamba no dirige mal, aun corto para lo que requiere la pieza. Todo bien, pero ninguno de ellos se acerca al verdadero protagonista: el espacio que maneja Padrissa. Él y sus fureros. Es la razón de existir de esta Elektra. ¿Suficiente? Según para quien. Para mí, mucho más: una auténtica pasada. © 2016 Ritmo





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