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Javier Pérez Senz
Scherzo, July 2017

Matthias Goerne es un liederista de raza, un artista de la palabra, el matiz y el detalle, capaz de mostrar la perfecta fusión de poesía y música con un sentido musical y dramático admirable. Quien ha tenido el privilegio de escuchar su interpretación del Winterreise sabe que, probablemente, no hay en la actualidad un barítono capaz de alcanzar su maestría, su intensidad expresiva en este sublime ciclo de Franz Schubert. En esta producción del Festival de Aix-en-Provence de 2014, y con el pianista Markus Hinterhäuser como compañero de viaje liederístico, Goerne está vocalmente pletórico y, de hecho, su arte, su personalidad, es el principal mérito de una versión notable en lo musical pero no extraordinaria, pues al piano Hinterhäuser, que respira y sigue fielmente las indicaciones de Goerne, no alcanza el relieve y la riqueza de matices de los grandes maestros schubertianos que han grabado el Winterreise con Goerne, en una lista que encabeza con todos los honores Alfred Brendel. La novedad de la propuesta liderística es que se acompaña la interpretación del célebre ciclo con la proyección de un vídeo de animación del artista sudafricano William Kentridge que pretende subrayar la fuerza de los poemas de Wilhem Müller con el poder de las imágenes. Un video concebido como viaje visual paralelo al ya de por si melancólico y dramático viaje al fondo del alma que logra Schubert en este extraordinario ciclo. Pero el experimento visual no funciona. Los dibujos, montajes y collages animados de Kentridge, concebidos como contrapunto poético, distorsionan de forma inútil la esencia musical schubertiana. Las imágenes muestran una reflexión sobre el sufrimiento, el dolor y la opresión de millones de personas que padecieron el apartheid en Sudáfrica; son imágenes que, en su mayoría, proceden de la colección de materiales no utilizados por el artista sudafricano en sus películas y montajes, destinadas ahora a recrear cada uno de los 24 lieder con elementos temáticos que exploran los lazos emocionales del viajero. El problema es que dichas imágenes poco o nada tienen que ver con los textos y el alma poética de Müller.

Es la voz, la musicalidad, el instinto dramático de Goerne lo único que salva esta propuesta. Porque, sinceramente, el envoltorio visual distrae, cuando no irrita y entorpece la interpretación. Pudo verse esta propuesta en el Palau de la Música Catalana en 2016, en una velada que, al igual que en Aix-en-Provence, parecía, al menos en lo visual, un viaje a ninguna parte. La edición se completa con un documental del director Christian Leblé, A Trio for Schubert, en el que Goerne, Hinterhäuser y Kentridge explican sus impresiones sobre esta colaboración artística, coproducida por el festival francés junto al Wiener Fetswochen, el Lincoln Center de Nueva York, el Festival de Holanda, y la Ópera de Lille, entre otros escenarios. © 2017 Scherzo




Ángel Carrascosa Almazán
Ritmo, June 2017

Matthias Goerne (Weimar, 1967) es desde hace ya muchos años un liederista de primera, primerísima línea. Ahora bien, sus incursiones en papeles operísticos muy dramáticos, algunos próximos a la tesitura de bajo, han transformado la voz de barítono lírico de sus comienzos en una de barítono-bajo y han transmutado aquel color claro en oscuridad bastante cavernosa, con un tono un tanto bronco que podrá disgustar a algunos. Sin embargo, por suerte, su talento interpretativo y su penetración en los intersticios del Lied siguen siendo memorables. Así se aprecia, una vez más, en esta tremenda, dramática, poderosa interpretación en público de Aix-en-Provence (2014), en la que el cantante no envidia a su logro ligeramente anterior en el CD de Harmonia Mundi con Eschenbach al piano, una de las grandes realizaciones discográficas de este ciclo, cima del Lied de todos los tiempos. Hinterhäuser no alcanza normalmente ese nivel musical, que resulta algo variable, dentro de lo notable o sobresaliente. Ahora bien, lamento comunicar a los lectores mi opinión de que las vertiginosas proyecciones del artista plástico William Kentridge no solo no ayudan a la comprensión de la música, sino que distraen y molestan. En lo sucesivo, escucharé este DVD sin mirar, con la tele apagada. Entre las versiones filmadas, me quedo con la de Quasthoff y Barenboim (DG). © 2017 Ritmo





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