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Sebastian Spreng
El Nuevo Herald, May 2017

Después del exitoso Un baile de máscaras de Verdi de la Florida Grand Opera llega este DVD originado en la Opera Bávara con una puesta en escena que dará urticarias a más de un inflexible tradicionalista. Ballo es una de las joyas del período medio verdiano y una de las más sólidas—y bellas—óperas del repertorio con un argumento que se presta a la experimentación tanto en su versión “sueca” como en la “colonialista americana”.

Si la puesta de Johannes Erath para su debut en la casa lírica muniquesa incita a la polémica, los ánimos se atemperan gracias a la elegante y estilizada escenografía de Heike Scheele que remite a las grandes producciones de Hollywood de la era dorada, Billy Wilder y Alfred Hitchcock a la cabeza. En lustrosos blancos y negros la escena gira en torno a una cama matrimonial presente durante todo el transcurso de la ópera que podría resumirse a una pesadilla del protagonista, por otra parte, única explicación ante semejante delirio escénico. La acción íntegra transcurre alrededor de la cama matrimonial, y a la amenazadora escalera caracol que preside la escenografía, como una constante de la espiral de la existencia del protagonista, y donde se ubicará la adivina Ulrica, aquí una figura con connotaciones quasi wagnerianas, ¿Erda quizás?

La propuesta es retratar “gente que vive toda su vida detrás de una máscara”. Y por cierto que la ambivalente figura del insatisfecho Ricardo, con sus desplantes, huidas y deslices de la función pública se presta muy bien, así como Amelia, Renata y ese extraño personaje llamado Oscar, nunca del todo aprovechado, sin su necesario “entrelíneas” para justificar su existencia. En este mundo de veladuras, espejos deformados, de farsa pesadilllesca, Verdi parece anticipar el “Todo en el mundo es burla” de Falstaff creando un teatro dentro del teatro al que tan adicto era el original rey Gustavo III de Suecia. Buen testimonio es la resolución del segundo acto cuando la tragedia se torna comedia. Este continuo doble juego sueño versus realidad, es la única manera de digerir el trabajo del director que cuenta con un elenco de lujo a su disposición.

En el foso, Zubin Mehta prosigue demostrando que vive un dorado ocaso además un obvio romance con la orquesta y coro del teatro muniqués. Su lectura está caracterizada por un discurso vocal elegante, sin la intensidad dramática y los contrastes extremos de un Solti. En plenitud vocal, el notable tenor polaco Piotr Beczala es un Riccardo magnífico mas allá de que su voz podría ser demasiado clara para el personaje, rasgo preeminente a otros grandes exponentes como Pavarotti y Bjorling por sólo nombrar dos. Mas lírica que spinto, Anja Harteros es por lo tanto un complemento ideal. En su debut en el personaje, no se la siente completamente cómoda; no obstante, es una Amelia magnífica y vibrante, quizá sin rivales actuales. Ambos conforman indiscutiblemente una pareja estelar.

En cambio George Petean sólo cumple como Renato, un papel que como en este caso transita entre lo anodino y ladrado, haciéndose sentir la acuciante falta de verdaderos barítonos verdianos, al parecer una especie extinguida. Asimismo, la Ulrica de Okka von der Damerau no es la auténtica contralto requerida, hecha esta salvedad, su desempeño es excelente, suerte de misteriosa figura mezcla de Anita Ekberg y Gloria Swanson, posee gran musicalidad y refinamiento. El Oscar de la rusa Sofia Fomina convence, por una vez el rol cobra inusitado interés y debe acreditarse más a la cantante que a las ideas del director.

En definitiva, este es un baile más para expertos que para novatos en danzas verdianas. Es una segunda o tercera opción frente a los clásicos, léase Levine en el Met con Pavarotti o Solti (reemplazando a Karajan fallecido días antes del estreno) en la espectacular puesta de John Schlesinger en Salzburg con Domingo, y la añosa de Tokyo con Bergonzi y Stella, una reliquia frente a la versión de La Fura en La Moneda de Bruselas que hace quedar convencional a ésta de Munich. © 2017 El Nuevo Herald




Ángel Carrascosa Almazán
Ritmo, May 2017

Una interpretación musical de primer orden se ve lastrada por una escena tan incomprensible como, seguramente, absurda, con multitud de despropósitos y sinsentidos. Por lo que dicen los operófilos muy viajeros, este por lo demás admirable teatro muniqués (con un coro y una orquesta de bandera) es pionero en puestas en escena experimentales, casi siempre delirantes. Beczala, al que el papel de Riccardo le viene un poco grande, es sin embargo un cantante admirable. Sensacional la Harteros, cuya voz ha agrandado aún más sin perder por ello belleza. Notable el barítono Petean en un rol, el de Renato, no menos exigente. Más que notable la Ulrica de Damerau, aunque no todo lo dramática que se le exige. Y magnífica, extraordinaria, la Fomina como Oscar. Solo discretos los papeles menores. Madura, parsimoniosa pero no carente de garra, la batuta de un gran Mehta (que, aun así, no hace olvidar a Solti en Salzburgo 1990, con Domingo, Barstow, Nucci, Quivar, Jo y la Filarmónica de Viena, DVD/Blu-ray Arthaus). La toma de sonido de esta función de marzo de 2016 es espléndida, y muy cuidada la realización de Tiziano Mancini. Se cuenta con subtítulos en castellano, privilegio cada vez más raro. Esta versión ha salido también en Blu-ray, pero rara vez se reciben para crítica las publicaciones audiovisuales en este soporte. © 2017 Ritmo





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