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Álvaro del Amo
Ritmo, July 2016

OFFENBACH, J.: Contes d'Hoffmann (Les) (Bregenz Festival, 2015) (NTSC) 735508
PUCCINI, G.: Turandot (Palau de les Arts "Reina Sofia", 2009) (NTSC) 750008

Los testamentos de Jacques Offenbach y Giacomo Puccini se hermanan curiosa y oportunamente en las dos versiones ofrecidas por la Festspielhaus de Bregenz (21 y 23 de julio de 2015) y el Palau de les Arts valenciano (mayo de 2008), compartiendo la coincidencia de presentar Les contes de Hoffmann y Turandot con un punto de vista comun, que escarba en el significado intimo que esconden unas obras a las que se ha reprochado su tendencia a dispersarse en un afan de abarcar asuntos y ambientes mas alla de los que el rigor de un relato lineal parecia dispuesto a permitir.

Tanto Stefan Herheim como Chen Kaige exacerban sobre el escenario la capacidad de la ficcion tanto para despertar esperanzas y expectativas en las criaturas humanas como la insidia con que esa misma ficcion se encarga de torturar a los sujetos que encandila. Ficcion que actua, en las obras de ambos compositores crepusculares, repartida en focos distintos, e incluso opuestos. La princesa china Turandot propone unos acertijos (ejemplo de ficcion poetica), como tributo a la memoria de su antepasada en la estirpe (ficcion historica), que actuan de acicate en los candidatos que quieren demostrar su inteligencia y alcanzar a la bella gelida como trofeo, anadiendo asi la ficcion del relato masculino a la ficcion de la mujer, vestal de si misma. El escritor romantico aleman Ernest Theodor Wilhelm Hoffmann (1766-1822), convertido en protagonista de una opera, se dispersa y multiplica en unos cuentos concebidos segun un anhelo comun, el encuentro de una mujer a quien amar. Las ficciones del literato son observadas desde la mirada diabolica de un Mefistofeles de varias caras (Lindorf, Luther, Coppelius, Miracle y Dappertto), siempre empenado en anunciar un fracaso, en contraste con la intervencion amistosa de su secretario Nicklausse, que actua tambien como Musa y Voz de Ultratumba.

Una ficcion tan compleja y complicada, que se extiende en una miriada de aristas, recovecos y prolongaciones, requiere una plasmacion teatral entregada a tumba abierta a subrayar su caracter de representación. Asi, los cuentos del angustiado literato adquieren una realidad plastica en un escenario ocupado por una gran escalinata, que recuerda en su enfatica ampulosidad a la utilizada por las primitivas peliculas musicales de Hollywood; alli, todas las figuras implicadas en la ficcion no tienen empacho en transformarse una y otra vez en un travestismo frenetico que difumina caracteres y peripecias, como si las historias no se narraran sino que se sometieran a una peculiar operacion de autopsia. Por eso, las figuras femeninas se alternan y Olimpia es tambien Giuletta (Kerstin Avemo), igual que Antonia coincide asimismo con Giuletta (Mandy Fredrich); del mismo modo que Hoffmann debe soportar la angustia de enfrentarse a un doble ridiculo, el compositor Offenbach comparece sin ser invitado, y la funcion entera respira una atmosfera de pesadilla.

Algo ardua de ver por el tenebrismo ya habitual en los teatros de opera y por una realizacion televisiva algo imprecisa, se trata sin duda de una version rigurosa del titulo huidizo; huidizo por el despiste que suele provocar su tratamiento de la ficcion. La imagineria china desplegada por Chen Kaige responde a un criterio similar de representación, con escalera central, bella y luminosa en un clasicismo que demuestra, igualmente, que aqui lo esencial es la ficcion observada como un bacilo.

Tensa y desgarrada la direccion de Johannes Debus, elegante y sabia la de Zubin Mehta en un titulo de su especialidad, al servicio de un reparto donde destacan las voces femeninas. Avemo y Fredrich, en sus dobles papeles de mujeres inasibles, cada una a su modo, y Rachel Frenkel como el chico bueno y la llamada de la inspiracion, se ensenorean de sus papeles con prestancia y poderio. Asi como Guleghina en su princesa matronil y Volgaridou en la tremula delicadeza de la pobrecilla Liu, a quien la ficcion le ha adjudicado el papel de abnegada irredenta.

Es bien sabido que conviene sortear la tentacion de acudir a figuras del pasado como modelo de lo que el presente ofrece, pero en este caso, apreciando la entrega de los tenores Daniel Johansson (Hoffmann) y Mario Berti (Calaf), es dificil que en el oido no brote el recuerdo de Alfredo Kraus y Francisco Araiza, en el primer caso, y el de Pavorotti o Domingo, en el segundo. © 2016 Ritmo





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