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Pedro González Mira
Ritmo, January 2019

BERNSTEIN, L.: 1600 Pennsylvania Avenue Suite / Slava! / CBS Music / A Bernstein Birthday Bouquet (São Paulo Symphony, Alsop) 8.559813
BERNSTEIN, L.: Anniversaries / Fancy Free Suite / Candide Overture / Wonderful Town Overture (São Paulo Symphony, Alsop) 8.559814
KARLSSON, M.: Play [Ballet] (Paris Opera Ballet, 2017) (NTSC) 746808

En todo. Bernstein siempre fue la parte y la contraparte. Compositor e intérprete (director y pianista). Maestro pedagogo de toda la música habida y por haber y divulgador de la música americana (del norte, de la del centro y de la del sur). Un clásico y activista jazzístico de primer orden. Militante en la explicación de las relaciones existentes entre música y palabra. Mestizo de naturaleza, raza y credo, porque su música quedó expresada en la sinagoga, pronto pasó a la calle, para instalarse luego en las salas de concierto, los teatros de Broadway y los grandes centros operísticos. Músico, pues, para hebreos, cristianos diversos y jazzmen a partes repartidas. Etc., incluida su bisexualidad. Todo; todo mirando hacia un sitio y su opuesto, en una especie de esquizofrenia creativa cuya frenética hiperactividad lo llevó al otro mundo a la tierna edad de 72 años.

Fue también un hombre de teatro, aun solapado: porque no fue un compositor programático, pero su música sinfónica siempre se produjo sobre ideas ampliamente teatralizadas. Y dual igualmente como autor de música sinfónica y canciones, un binomio en el que pocos en su tiempo se movieron con tanta naturalidad. Y más: un personaje popular, mediático, televisivo, showman que, sin embargo, encerraba lo contrario, un hombre reflexivo y enormemente filósofo. Estos aspectos se ponen de manifiesto en sus tres Sinfonías de forma cruda: el creador filósofo, el melodista, el buscador del sonido abstracto, el explorador de la mente humana, de sus sentimientos y anhelos; y el creador que mira hacia su interior y el que se esfuerza en sacarlo todo fuera para explicarlo con meridana elocuencia: o sea, un sinfonismo absolutamente dual.

La vida creativa de Leonard Bernstein admite diversos relatos, aunque hay dos que resultan vitales: la música como religión, como filosofía, como esencia de lo existencial; y, por otro, la música como expresión natural de la vida misma. El primero está recorrido por sus Sinfonías (1942, 1949, 1963), y obras como Serenade, los Salmos de ChichesterMass o Dybbuk, mientras que la segunda da comienzo con On the Town y prosigue pasando por Fancy FreeFacsimile, los AniversariosWonderful Town y Candide, hasta llegar a West Side Story, centro de gravedad de todo ese itinerario, que finalizará en A Quiet Place.

Pero esto es solo en su faceta de compositor, porque desde su debut como director de la Filarmónica de Nueva York, a los 25 años y para sustituir a Bruno Walter, hasta el fin de su vida, su carrera es deslumbrante, tanto en EE.UU con la NYPO como en Europa (e Israel, aun en proceso de construcción del país, y alguna vez entre bombas), donde se le adora. Como intérprete Bernstein es un clásico raro. Y desigual, entendiendo esto en su contexto, el de un señor que se entusiasma con todo y que, por ello mismo ve mal el bosque por fijarse demasiado en los árboles. Pero ese es también su atractivo, un director subjetivo, aparatosamente gesticulante, de mucho contraste, dulce y salvaje indistintamente, etc. Su legado: maravilloso Haydn, pobre Schumann; fenomenales Brahms y Beethoven; proverbialmente genial Mahler e indiscutible intérprete de Ives, Copland y demás americanos, con unos Tchaikovsky, Sibelius y Shostakovich terminales, de otro planeta.

Ejemplo palmario de lo dicho, este DVD con registros en vivo de conciertos europeos (Orquesta Nacional de Francia) de los años 1976 y 1981. De la primera fecha es una Fantástica de buen y clásico trazo, que resulta quizá demasiada, eso, clásica, si pensamos por donde se movía Bernstein por esos tiempos. Es una versión que desde luego se escucha con placer pero no aporta nada nuevo. Sin embargo, el mago aparece en el resto del acoplamiento, con versiones absolutamente magistrales; tanto de la música que es extraordinaria, la Tercera Sinfonía de Roussel, como de la que no alcanza esa categoría, Le Rouet d´Omphale, de Saint- Saëns, o la animada pero insustancial obertura de Raymonda de Ambrois Thomas.

Discípula de Bernstein

Los otros dos discos reseñados ahora están protagonizados por Marin Alsop, discípula de Bernstein y un valor consolidado de la dirección orquestal de hoy. Se ocupa de piezas clásicas como el Mambo de West Side StorySlava!, una suite de 1600 Pensylvania Avenue, extractos de On the Town, la obertura de CandideFancy Free o la obertura de Wonderful Town. Pero también de tres primeras grabaciones mundiales: los Aniversarios para orquesta, CBS Music y un popurrí sobre New York, New York, ocho variaciones compuestas por Luciano Berio, John Corigliano, Jacob Druckman, Lukas Foss, Theodor Kirchner, William Schuman, Toru Takemitsu y John Williams. Alsop, estupenda conocedora del lenguaje bernsteiniano, nos regala unas cálidas, sentidas y espléndidas versiones al frente de la competente Orquesta Sinfónica de São Paulo. © 2019 Ritmo





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