Classical Music Home

Welcome to Naxos Records

Email Password  
Not a subscriber yet?  
Keyword Search
 in   
 Classical Music Home > Naxos Album Reviews

Album Reviews



 
See latest reviews of other albums...

Sebastian Spreng
El Nuevo Herald, April 2016

En lo que va del año el mundo ha perdido a dos referentes de la dirección orquestal: Pierre Boulez y Nikolaus Harnoncourt. Fuerzas antagónicas, líderes irremplazables como lo fue Claudio Abbado desaparecido hace no tanto. Los nombres de Maazel, Colin Davis y Masur se suman a otros menos célebres dejando un vacío de poder en las lides orquestales. La pregunta del millón es quiénes los reemplazarán, asi como a los veteranos Muti, Haitink, Mehta, Levine, y Ozawa aún en actividad.

El documental Music - A Journey for Life se ocupa de un augusto sucesor, heredero de la gran tradición italiana y dueño de una probada consustanciación con el repertorio germánico y contemporáneo, el milanés Riccardo Chailly. Nacido en 1953, el objeto del filme de Paul Smaczny es el flamante titular del Teatro alla Scala de Milán y de la Orquesta del Festival de Lucerna que dejaron vacante Abbado y Boulez. Menos propenso al divismo que otros colegas, Chailly ha construído su reputación como referente no sólo mahleriano durante su etapa al frente de la orquesta del venerable Concertgebouw de Amsterdam, al que insufló con renovados bríos tanto en repertorio como enfoque.

Después de una década como titular del Gewandhaus de Leipzig, antes de dejar la entidad, el director aprovecha el documental para reflexionar sobre su vida personal y carrera en su residencia de los paradisíacos Alpes suizos. Y el viaje de su vida transcurre sin prisa y sin pausa. Desde su más tierna infancia matizada con el recuerdo de la Scala, su padre Luciano Chailly fue director artístico del teatro, y la ida a Siena por consejo de Franco Ferrara para definir su vocación después de verlo dirigir los discos en su casa, al encuentro fundamental con Abbado del que será asistente y su labor en Leipzig, ciudad de Bach, Wagner y Mendelssohn que lo inspira como ninguna otra debido a su febril actividad cultural donde la música clásica es centro absoluto.

En la ilustre orquesta del Gewandhaus, Chailly halla lo que define como “el ADN de las orquestas alemanas, es la madre de todas poseedora de un sonido único” y su primer encuentro con la entidad en Salzburg gracias a Herbert von Karajan. La profética reunión daría frutos y el joven italiano pasaría a liderar una de las más antiguas y respetadas orquestas del mundo. La filmación de ensayos y los comentarios de los músicos aportan opiniones y vivencias beneficiosas para toda audiencia a la hora de la función. El rigor y perfeccionismo del milanés se hace eco en los músicos alemanes que se sienten constantemente desafiados a no abandonarse nunca al “piloto automático” sino al placer de hacer música.

Su devoción por Mahler es compartida con Puccini, aquí Chailly hace un jugoso paralelo entre los dos compositores a propósito de un viaje al Palau de Valencia para La Boheme. No debe olvidarse que el director se inició como director de ópera, disciplina que considera la más difícil en su profesión por la cantidad de elementos que debe sincronizar: orquesta, escena y cantantes. Si el documento no contempla sus años en Amsterdam o el repertorio contemporáneo, tiene espacio para su vida familiar, su severa crianza a la antigua y ahora el disfrute de los nietos queda registrado en cálidas escenas hogareñas.

No obstante, la esencia del filme radica en mostrar el solitario trabajo de un director frente a la partitura, ese abrirse al universo del compositor, una tela blanca donde será el responsable por revivir fidedignamente una pintura que hará oír al público. En el silencio alpino, Chailly tararea frente a la Sexta de Mahler, la dibuja con sus manos en el aire y finalmente marca la partitura con diferentes lápices de colores, cada color para una ejecución diferente que sumándose a las anteriores crea un fascinante jeroglífico que sólo él puede comprender. Buena idea haberla usado de portada de este DVD que se completa con el Concierto para Piano de Grieg con la presencia estelar de Lars Vogt y el Gewandhaus dirigido por su italiano favorito. © 2016 El Nuevo Herald



Segun Sebastian Spreng
Miami Clásica, April 2016

En lo que va del año el mundo ha perdido a dos referentes de la dirección orquestal: Pierre Boulez y Nikolaus Harnoncourt. Fuerzas antagónicas, líderes irremplazables como lo fue Claudio Abbado desaparecido hace no tanto. Los nombres de Maazel, Colin Davis y Masur se suman a otros menos célebres dejando un vacío de poder en las lides orquestales. La pregunta del millón es quienes los reemplazarán, asi como a los veteranos Muti, Haitink, Mehta, Levine, Ozawa y Jansons afortunadamente aún en actividad.

El documental Music - A Journey for Lifese ocupa de un augusto sucesor, heredero de la gran tradición italiana y dueño de una probada consustanciación con el repertorio germánico y contemporáneo, el milanés Riccardo Chailly. Nacido en 1953, el objeto del film de Paul Smaczny es el flamante titular del Teatro alla Scala de Milán y de la Orquesta del Festival de Lucerna que dejaron vacante Abbado y Boulez. Menos propenso al divismo que otros colegas, Chailly ha construído su reputación como referente no sólo mahleriano durante su etapa al frente de la orquesta del venerable Concertgebouw de Amsterdam, al que insufló con renovados bríos tanto en repertorio como enfoque.

Después de una década como titular del Gewandhaus de Leipzig, antes de dejar la entidad el director aprovecha el documental para reflexionar sobre su vida personal y carrera en su residencia de los paradisíacos Alpes suizos. Y el viaje de su vida transcurre sin prisa y sin pausa. Desde su mas tierna infancia matizada con el recuerdo de la Scala, su padre Luciano Chailly fue director artístico del teatro, y la ida a Siena por consejo de Franco Ferrara para definir su vocación después de verlo dirigir los discos en su casa, al encuentro fundamental con Abbado del que será asistente y su labor en Leipzig, ciudad que lo inspira como ninguna otra debido a una actividad cultural donde la música es centro absoluto.

En la ilustre orquesta del Gewandhaus, Chailly halló lo que define como “el ADN de las orquestas alemanas, es la madre de todas poseedora de un sonido único” y su primer encuentro con la entidad en Salzburg gracias a Herbert von Karajan. Esa profética reunión daría frutos y el joven italiano pasaría a liderar una de las mas antiguas y respetadas orquestas del mundo. La filmación de ensayos y los comentarios de los músicos aportan opiniones y vivencias beneficiosas para toda audiencia a la hora de la función. El rigor y perfeccionismo del milanés se hace eco en los músicos alemanes que se sienten constantemente desafiados a no abandonarse nunca al “piloto automático” sino al placer de hacer música.

Su devoción por Mahler es compartida con Puccini, aquí Chailly hace un jugoso paralelo entre los dos compositores a propósito de un viaje al Palau de Valencia para La Boheme. No debe olvidarse que el director se inició como director de ópera, disciplina que considera la mas difícil en su profesión por la cantidad de elementos que debe sincronizar: orquesta, escena y cantantes. Si el documento no contempla sus años en Amsterdam o el repertorio contemporáneo, tiene espacio para su vida familiar, su severa crianza a la antigua y ahora el disfrute de los nietos queda registrado en cálidas escenas hogareñas.

La esencia del film radica en mostrar el solitario trabajo de un director frente a la partitura, ese abrirse al universo del compositor, una tela blanca donde será el responsable por revivir fidedignamente una pintura que hará oír al público. En el silencio alpino, Chailly tararea frente a la Sexta de Mahler, la dibuja con sus manos en el aire y finalmente marca la partitura con diferentes lápices de colores, cada color para una ejecución diferente que sumandose a las anteriores crea un fascinante jeroglífico que sólo él puede comprender. Buena idea haberla usado de portada de este DVD que se completa con el Concierto para Piano de Grieg con la presencia estelar de Lars Vogt y el Gewandhaus dirigido por su italiano favorito. © 2016 Miami Clásica




Javier Extremera
Ritmo, March 2016

A sus 63 años prácticamente recién cumplidos, Riccardo Chailly se ha convertido en uno de los directores más venerados y admirados de nuestros días. Un sabio de la batuta con universo sonoro propio, que deambula con pasos profundos por su esplendorosa etapa de madurez. El milanés y su gatopardiana silueta, engrosa esa élite cultural que ya forma parte indisoluble de nuestras vidas. Pese a que sus últimas entregas hayan dejado insatisfechos a casi todos, hoy aún sigo poniéndose nervioso cuando arranco el envoltorio de plástico al adquirir sus nuevos registros. El todopoderoso realizador y productor Paul Smaczny nos propone un certero, íntimo y entrañable retrato (sin subtítulos patrios) del artista y del ser humano, capaz de fundir en un mismo encuadre música y vida.

Fatto a Milano

Dos escenarios (de opuesta titularidad) gravitan narrativamente sobre el documental. En el primero, nos despatarramos ante la belleza natural del balcón de su mahleriana casa enclavada en el valle alpino de Engadina, al este de Suiza. Silencioso templete donde estudiar las partituras (nos desvela su particular método de trabajo regido por lapiceros de colores y valores mnemotécnicos). El otro, de carácter público, adquiere rasgos de altar, pues se trata de su despacho en la Gewandhaus, de cuya pared cuelgan (cuales espadas de Damocles) los retratos de dos de sus más insignes titulares, Arthur Nikisch y Bruno Walter. Sorprendió a todos el anuncio de su rescisión contractual que le unía a esta histórica agrupación (cuatro años antes de lo estipulado). Este verano debutará como mandamás de la Orquesta del Festival de Lucerna con una Octava de Mahler, Sinfonía que la muerte de Claudio Abbado quebró, pues fue la única del ciclo aún pendiente de programar en el veraniego festival. En 2017 se enfrentará a otro desafío, apropiarse del foso de la que fuera de joven su segunda casa, la Scala de su Milán natal. El director nos confiesa que con nueve años reproducía discos en su cuarto mientras dirigiría una invisible orquesta. Entre las amistades de su padre, el compositor Luciano Chailly, se encontraba el director Franco Ferrara. Una noche, tras la cena, le propuso dirigir el disco de la Obertura Egmont. Ese mismo verano se lo llevó bajo su protección a estudiar a Siena. El otro nombre que le influyó marcadamente en su concepción sonora, es su paisano Abbado, a quien asistió en los años de la Scala y al que inunda en elogios y pleitesías. Como buen italiano, siente devoción por la familia (sus hijos, nietos y esposa comparten algunos planos), asegurando que “no podría hacer música si no tuviera detrás un núcleo familiar que me da la fuerza espiritual para encarar el trabajo”.

El filme incluye muchos y variados pasajes musicales, siempre bien insertados en las confesiones de nuestro protagonista. La mayoría con la orquesta de Leipzig como ejecutante. Asegura que esta emblemática agrupación “posee una tradición irrepetible que le otorga un mundo sonoro y cultural único y extraordinario, pues ellos son la madre de todas las orquestas sinfónicas germanas”. Algunos de sus solistas participan del esbozo, tachando su etapa como irrepetible. Entre risas, uno de los contrabajos nos cuenta el cabreo que pilla cuando surge la rutina, de ahí que durante algún ensayo les pida que “no pongan el piloto automático”. De entre todos estos fragmentos de espejo (que van de Verdi a Mendelssohn y de Puccini a Ravel), sobresale la música de Mahler, compositor estrechamente ligado a su figura. Nos adentramos por sus últimos registros de Leipzig (de la Cuarta a la Sexta Sinfonía) tan influenciados por Bruno Walter. Partituras que, en sus manos, se sobredimensionan, adquiriendo estigmas de perpetuidad, pues su Mahler será referencial por los siglos de los siglos.

Hélène Grimaud (que ensaya el Concierto en sol mayor de Ravel) acaba rendida a sus pies ante esa “transparencia tan bien integrada que permite escuchar cada detalle de la articulación”. Chailly recuerda entre risas como en los setenta Karajan actúo de futurólogo, pues le predijo que su forma de entender la música era perfecta para Leipzig. La fecha de producción (2012) nos depara un incoherente capítulo dedicado al Palau valenciano, poco antes de que saltara en mil pedazos tras la detención de Helga Schmidt. Ella nos habla de su Bohème (se muestran algunos pasajes del ensayo general), ajena aún a todo el ruido y furia que le deparaba el destino. “La música nos trae consuelo en momentos de soledad y dolor, es una parte imprescindible de la vida”, nos esculpe el maestro antes de, como buen italiano, darse un paseo en moto.

Grieg

Como impagable complemento al documental se incluye una grabación del Concierto para piano de Grieg, nunca editada. Registro de 2013 con un Lars Vogt que parece entrar en trance frente al teclado. Un Grieg que también posee lazos de unión con Leipzig, pues pateó sus calles en sus años mozos de estudio. Lo mejor de la versión es la brillantez sonora de la agrupación sajona, en un ejercicio superlativo de elegancia estilística, aferrada a ese particular canto y fraseo “made in Chailly”. Lectura lúcida y de altos vuelos, vigorosa y corpulenta, bien contrastada en sus luces y sombras, acertadamente tensada en su esbozo sonoro (huele más a Liszt que a Schumann). Un épico e impulsivo Vogt (capaz de tocar con las arrugas de la cara), intenta robarle la batuta al milanés, pues no ceja de regalar gestos de complicidad a la orquesta. Pone al límite el instrumento, utilizando todo el cuerpo, apoyándose continuamente en los pedales para subir decibelios. Pese a su incuestionable virtuosismo, a Vogt le falta una mayor dosis de calidez y resuellos líricos, sobre todo en ese Adagio donde un serenado Chailly es el único capaz de crear bruma. En la discutible y libertaria propina del chopiniano Nocturno en do sostenido menor Op. Posth., Vogt hace lo que le da la gana con el tempo y la dinámica, estirando el rubato con el fin de apurar hasta la última gota de expresividad. © 2016 Ritmo





Naxos Records, a member of the Naxos Music Group