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Santiago Martín Bermúdez
Scherzo, March 2017

Kokoschka fue cicatero con los músicos de sus dos breves dramas, Asesino, esperanza de las mujeres y Orfeo y Eurídice: en sus Memorias (Tusquets, en la edición española) se refiere a esas piezas y a su puesta en música, que desdeña, y ni siquiera nombra a Hindemith o a Krenek. En detalles como ese se advierte la mezquindad de los grandes. Lo que no impide que admiremos esas dos óperas. Más que los dramas originarios, esa es la verdad. Lo que Kokoschka esbozó cobró verdadera forma en las dramaturgias musicales de ambos músicos, que eran muy jóvenes al componer estas obras. Y si el pintor evocaba ahí sus tormentos con Alma, quien les da verdad dramática más allá del esquema es el Krenek. Y si Kokoschka expresó realmente bien sus tormentos con Alma, fue en obras pictóricas como La novia del viento.

Krenek compuso muchas óperas. Como él decía: “Siempre te dan una buena razón para no estrenar tus óperas”. Y logró un enorme éxito con Jonny spielt auf, ópera que se asocia con el jazz y que compuso Krenek cuando aún no había cumplido los treinta. Les evito el relato de las peripecias de los nazis contra esta obra, la complicidad con ellos de Julius Korngold (el padre de Erich Wolfgang) y el destino del negro Jonny como principal icono (con su saxo y una estrella de David) de la exposición (nazi) de Música degenerada de 1938. Orfeo y Eurídice es anterior a Jonny, y es obra de un joven de veintitrés años, que en esos momentos entraba en los brazos de Anna Mahler, hija de Alma y Gustav. Aquel mundo era un pañuelo. Se casaron, la cosa duró menos de un año, y se ve que no comieron perdices.

Nuestro compositor se exilia en 1938, con el Anschluss. Pasa mucho tiempo, escribe más óperas, crece en Estados Unidos como profesor de Universidad, pero su crecimiento creativo se resiente. Su ambiciosa ópera Carlos V se estrenó en Praga (1938), plaza pronto nazificada. Y Orfeo y Eurídice desapareció del mapa hasta recuperaciones como la del CD que comentamos ahora, en versión de concierto durante el Festival de Salzburgo de 1990. Orfeo y Eurídice se dio en ese formato, dos días, en el Teatro Real, con dirección de Pedro Halffter (abril de 2008), junto con otros Orfeos, feliz idea de Antonio Moral.

Este registro es un regalo de cumpleaños. Un bello regalo de cumpleaños a Krenek, que cumplía noventa. No un espléndido regalo; espléndido hubiera sido poner en escena real y verdadera de la ópera. No ha llegado todavía el tiempo de recuperación de Krenek, ni en general se han recuperado los degenerados, salvo excepciones como Korngold, y no en todas sus obras, ni mucho menos; Schreker y otros quedan muy por detrás en el recuerdo. Nazis y vanguardia supieron enterrarlos con enorme eficacia.

Este doble CD nos permite hacer nuestra propia puesta en escena. Gracias a la dirección de esta lectura de concierto en Salzburgo, un año antes de la muerte del compositor. Steinberg lleva bien las riendas de esta obra con suspensión tonal y parentesco claro con los dramas musicales de su tiempo, desde Strauss a Berg. Un reparto adecuado, con Ronald Hamilton en un crispado Orfeo; Dunja Vejzovic en una honda y penetrante Euridice, papel más complejo aunque no más complicado que el de Orfeo (él es el complicado, quiero decir, desde luego), y una deliciosa Celina Lindsley en Psiqué. Furias, marineros y loco completan un reparto que hace justicia a esta ópera, sin pretender logros superiores. El libreto está en alemán. El Teatro Real publicó en 2008 una edición bilingüe (era cuando el Real publicaba libros de las obras que se ponían en el teatro); la versión castellana rozaba lo infame, pero hoy sería útil para seguir la acción que propone este álbum. Tal vez la red reserve alguna versión inglesa o francesa. En cualquier caso, se trata de un álbum de nivel superior por la calidad de la interpretación (media-alta, por decirlo) y el interés de la obra, juvenil pero espléndida, de Krenek (decididamente alta). © 2017 Scherzo





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