Classical Music Home

Welcome to Naxos Records

Email Password  
Not a subscriber yet?  
Keyword Search
 in   
 Classical Music Home > Naxos Album Reviews

Album Reviews



 
See latest reviews of other albums...

Fernando Fraga
El arte de la fuga, February 2016

Es raro, aunque no inconcebible, que la composición de una ópera surja de diversas manos. En la época barroca, el pastiche era el resultado de una partitura firmada por un único compositor pero con páginas “prestadas”, con mayor o menor consonancia, de la inspiración de otros colegas. En abril de 1721, el Teatro del Rey londinense ofreció un Muzio Scevola en cuya elaboración había participado Filippo Amadei (conocido vulgarmente como Pippo) como responsable del acto I; del segundo, Giovanni Bononcini y del tercero, Haendel, quien supuestamente también se hizo cargo de la obertura.

En el siglo XIX estas componendas eran en principio inimaginables; por ello el caso de los hermanos Ricci es extraño, sorprendente y exclusivamente personal. Napolitanos, Luigi de 1805 y Federico de 1809, trabajaron por separado y juntos, dejando un importante número de óperas, menos de las esperables ya que el mayor de los hermanos murió de improviso, cumplidos los cincuenta, de una parálisis cerebral en Praga.

Al alimón, en 1850, en época poco proclive a que se escribieran obras de contenido cómico, dado el auge del Romanticismo, algo ajeno a tal manera de hacer teatro musical (Don Bucefalo de Cagnoni, otra obra extemporánea, es de 1847), dieron a conocer en Venecia, donde transcurre la acción, Crispino e la Comare, una auténtica joya del género. La obra fue en su momento muy popular, aunque más tarde. En los primeros tiempos de vida del invento gramofónico, la fabulosa Luisa Tetrazzini registró, con todo el esplendor de sus medios, la página solista de la protagonista femenina, Io non son più l’Annetta, un momento de desplegada inspiración y pasajes de generosa coloratura, aria que medio siglo más tarde retomaría en diversas oportunidades Joan Sutherland, llamando parcialmente la atención hacia esta partitura ricciana tan inspirada como divertida.

En 1989, Crispino y sus asuntos recibieron la primera grabación completa a cargo de Paolo Carignani, en Savona, al frente de la Sinfónica de San Remo, con un muy apropiado cuarteto canoro: Roberto Coviello, Simone Alaimo, Serena Lazzarini y Daniela Lojarro. Bongiovanni estuvo al tanto y la incluyó en su incomparable catálogo.

En 2013, el festival de Martina Franca realizó la misma operación, oportunidad para que el evento se publique ahora en imágenes por un sello asimismo atento a estas preciosas ocasiones: Dynamic. El montaje de Alessandro Talevi, quien acaba de ofrecer en Madrid un Roberto Devereux respetable (adjetivo elogioso, dados los disparates actuales que nos vemos obligados a soportar) concreta claramente el contenido de la obra, aunque acerque la acción a nuestros días. El único decorado de Ruth Sutcliffe refleja una placita, tan italiana en general como veneciana en particular, donde no falta desde luego el pozo tan representativo de los campi de esta ciudad. Un pozetto, además, exigido por el libreto (nada menos que del gran Piave), en un espacio modificado o concentrado por la iluminación (Giuseppe Calabrò) para las escenas desarrolladas en interiores. El vestuario de Manuel Pedretti se adapta con comodidad a cada personaje, en un equipo manejado por el director de escena con una soltura y una adecuación a las premisas teatrales de la obra merecedoras por tanto de todo encomio. O sea, que lo que sucede en escena tiene su lógica correlación con lo que se está oyendo; he ahí, el intríngulis de una válida puesta escénica.

La comedia fantástica, como viene definida por los autores, se desarrolla al ritmo de una música inspiradísima que desde el foso maneja con habilidad Jader Bignamini. Mientras apoya la labor de los solistas, da cuenta de la fulgurante orquestación de los inspirados fratelli.

Domenico Colaianni, bajo barítono, lleva una ya nutrida carrera asociado primordialmente a papeles cómicos de repertorio italiano; semejante currículo le proporciona todos los recursos ineludibles, sumados a sus indudables dotes de actor, para que su Crispino sobresalga en una velada donde todas sus intervenciones son saludadas con espontáneo fervor. Se lo merece. Como también es digna de aplauso la Annetta de Stefania Bonfadelli, soprano lírico ligera bien afín igualmente a este tipo de obras, con una carrera algo intermitente por motivos de salud pero que aquí se muestra a la altura de sus mejores días. Guapa y esbelta, dos datos para mejorar y hacer más creíble su trabajo, se luce en las dos mayores oportunidades que tiene para lograrlo: el dúo con Crispino (Vedi, o cara) y, por supuesto, el aria.

El Contino del Fiore de Fabrizio Paesaro (con una aseada arietta a su favor, Bella siccome un angelo) cumple aunque convence con mayores posibles el apuesto Fabrizio de Mattia Olivieri, realmente a gusto suyo y del público en su agradecida página solista (Io sono un po’ filosofo). La Comare (comadre es en dialecto veneciano la Muerte o en un sentido mucho más libre, hada bienhechora) de la mezzosoprano Romina Boscolo, impecable de medios y eficacísima de aspecto nada siniestro, animamando si cabe aún más la escena cuando se hace presente. Muy apropiado y cómodo en sus respectivas partes, de diferente contenido y responsabilidad, el resto del elenco: Alessandro Spina, Carmine Monaco, Lucia Conte y Francesco Castoro. Un ¡bravo! para la organización del festival que ha contado con la bien bregada en este tipo de obras, la Orquesta Internazionale d’ Italia y el coro del Petruzzelli de Bari, capaces y entusiastas en redondear una función memorable.

La música es deliciosa y perfectamente amoldada a las situaciones a reflejar. Por ella se pasean ecos rossinianos (el terceto en especial) o donizettianos (el dúo de Fabrizio y el Contino parece derivar directamente de L’elisir). Hasta tal punto que parece que los hermanos compositores han querido homenajear a la gran tradición italiana de la ópera cómico-sentimental (aquí con moraleja incluida: el dinero no da la felicidad) a través de estos dos tan cualificados representantes. Una obra maestra, en resumen, digna de permanecer en los repertorios no sólo italianos. A ver quién se anima… © 2016 El arte de la fuga





Naxos Records, a member of the Naxos Music Group