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Fernando Fraga
El arte de la fuga, September 2015

Fascinante testimonio el que nos ofrece Dynamic en el primero de los dos devedés dedicados al Teatro alla Scala Aa través de algunos de sus protagonistas históricos. Un ayer del mítico teatro que comienza con el ensayo, perteneciente a la temporada 1980–81, de un Lohengrin que da cuenta de cómo trabajaban Romano Gandolfi con el coro y en el escenario y con la orquesta, respectivamente, Luca Ronconi y Claudio Abbado. Con estos dos últimos grandes profesionales se suma al disfrute del documento algo de esa nostalgia o pesadumbre asociadas al hecho de que ambos han muerto recientemente con poca diferencia de tiempo. En los ensayos de la obra wagneriana se pueden ver fugazmente a René Kollo, Anna Tomowa-Sintow o Aage Haugland. Fue en su momento un enorme éxito escénico, canoro y musical.

A continuación, Mirella Freni es entrevistada con ocasión de su Alice del luminoso, magnífico montaje de Falstaff a cargo de ese genio llamado Giorgio Strehler; en el foso Lorin Maazel, quien también nos dejó recientemente. La Freni brilla en la escena de la lectura de las cartas del ingenuamente prepotente Falstaff, en compañía de Patricia Wise (Nannetta), Kathleen Kuhlman (Meg) y Marjana Lipovsek (Quickly). Excelente cuarteto femenino que giraba en torno al protagonismo de Juan Pons quien comenzaba así en la Scala su segunda e imparable carrera, ahora como barítono.

Reencontramos a la misma Freni en el inolvidable Simon Boccanegra del mismo Strehler ensayando parte del prólogo con Nicolai Ghiaurov (muy graciosa la cantante al hacer del coro femenino mientras que su futuro marido canta la espléndida aria de Fiesco), Veriano Luchetti (al grabarse posteriormente la obra en disco, Adorno sería asumido por José Carreras, algo que sin duda le sentaría como un tiro al tenor italiano), el gran Piero Cappuccilli y el Paolo de Felice Schiavi.

Soberano e incalculable interés supone una entrevista al inmenso Mario del Monaco en su espectacular villa de Lancenigo, al lado de su esposa Rina, a la que no dejan abrir boca. La abre bastante el tenor florentino, elegante e inteligente en su noble madurez para contar muchas cosas con expresivas y precisas palabras. Emocionante.

Una impresionante Giulietta Simionato nos testifica su interés por la scomunicata Santuzza, de palabra y en especial en un fragmento del ensayo de la Cavalleria rusticana de 1963, junto a un asombroso Franco Corelli. No por ser conocido ya en una edición previa del sello Legato resulta menos interesante un documento que pone de relieve el arte de la extraordinaria cantante, gran actriz también. Esa edición de la Scala, recordamos, fue por suerte recogida en disco por firmas “piratas” como Hunt o Myto. Un regalo impagable.

La parte dedicada a Maria Callas, quien no podía faltar cuando se recuerda al escenario milanés de las últimas décadas, se reduce a su íntimo y penetrante Vissi d’arte londinense de 1964, que se ve tras un encuentro poco difundido entre ella y Simionato, probablemente en la galería Vittorio Emanuele de Milán. De La Divina se evoca también, fotográficamente, la célebre Traviata dirigida por Luchino Visconti.

El director de orquesta Antonino Votto define la rivalidad entre Callas y Tebaldi, tema al que anteriormente también hizo referencia Mario del Monaco.

Hay espacio para recordar a la Piccola Scala, escenario puesto en marcha en los pasados años cincuenta para la representación de obras de menor formato musical y escénico. Un largo momento de una inesperada Pietra del paragone rossiniana nos permite descubrir a un jovencísimo y casi irreconocible Alessandro Corbelli (cual Pacuvio), ya un bufo de calidad y con la justa matización cómica. A su lado le da alguna réplica una igualmente jovencísima Daniela Dessì.

Como contraste a esta joya rossiniana, volviendo de nuevo a la Scala principal, los preparativos para las representaciones de Los Troyanos de Berlioz dan cuenta del importante evento que con ese montaje viviera el escenario. Un hito de su reciente historia, gracias especialmente al buen trabajo de Ezio Frigerio y Ronconi (parece vislumbrarse entre las imágenes a su colaboradora habitual, la espléndida Margherita Palli), dirigido oportunamente por un francés: Georges Prêtre. En cierto instante, se escucha y se ve, brevemente, a Eduardo Giménez cantando con cuidado la balada de Iopas.

Cierra el volumen una suculenta entrevista a Giuseppe di Stefano, donde plasma importantes juicios sobre quien fuera su gran compañera de fatigas, la Callas, sobre los montajes de escena y acerca del fenómeno tenoril del momento: Luciano Pavarotti. Puede ser discutible lo que manifiesta, pero tiene su interés e incluso su morbo.

Finalmente, este excelente producto que nos regala Dynamic viene a ser también un merecido homenaje al concienzudo periodista Enzo Biagi (1920–2007) porque la mayor parte del material ofrecido tiene su origen en un programa televisivo suyo: Cronista alla Scala.

A la espera ansiosa de que llegue el segundo capítulo de esta Scala de sus años de oro. © 2015 El arte de la fuga





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