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Jaime Pantín
Codalario, October 2017

La obra pianística de George Enescu ha permanecido en un cierto desconocimiento no solo para el público en general sino también para los pianistas, algo paradójico teniendo en cuenta la pujanza considerable de una escuela rumana que ha dado al mundo alguno de los intérpretes más sobresalientes del siglo XX. De entre ellos, con nombres tan destacados como Clara Haskil o Radu Lupu, tan solo Dinu Lipatti, ahijado del propio compositor, parece haber profundizado y defendido la música de Enescu a lo largo de su breve vida.

La evidente complejidad de una música de difícil clasificación, lenguaje novedoso y densidad muchas veces abrumadora cuya comprensión exige tanto de intuición como de análisis profundo puede resultar disuasoria para una mayoría de virtuosos, cuando además existe manifiesta dificultad para acceder a textos fiables y el reto desde el punto de vista puramente instrumental es de máxima exigencia.

Ha tenido que ser precisamente un pianista español, Josu de Solaun, el primero en abordar una grabación integral de la obra de Enescu, en un trabajo de alcance trascendente en el que el admirable pianista aúna el rigor con el talento, propiciando una auténtica inmersión en el mundo anímico de un compositor tan sorprendente como fascinante. Un ingente esfuerzo intelectual y cultural—que tiene como base una estricta labor filológica a través del estudio profundo de los manuscritos de una música frecuentemente maltratada por los editores y a veces incluso carente de publicación—supone la base de un acercamiento excepcional que no hubiera sido posible, a pesar de todo, sin el privilegio de una mente especialmente dotada para el análisis riguroso, una técnica de altos vuelos y la fuerza de una vocación irrenunciable.

El trabajo se articula en tres discos que reflejan a su vez lo que se pudieran considerar las tres etapas de la producción de Enescu. Así el tercer volumen recoge las obras de primera época, hasta 1900, algunas auténticamente adolescentes, como el Scherzo o la Balada de 1894 que, al igual que la pieza Modérément, se han grabado aquí por primera vez. La Primera suite en estilo antiguo op. 3, compuesta en 1898, a los 16 años de edad, es la obra más importante de este período. Música arcaizante, compuesta a partir de los modelos del Barroco alemán, de Bach principalmente, supone un muestrario de posibilidades de un compositor todavía escolar que muestra sin embargo una notable eficacia en el tratamiento instrumental y que en manos de De Solaun alcanza una brillantez y transparencia impecables.

El primer volumen contiene el Nocturno en re bemol mayor de 1907, que con sus casi 20 minutos de duración es, quizás, la obra más larga que se haya compuesto en este género. Música ya de compleja estructura, en la que el pianista español consigue un clima de intensa ensoñación expresiva, a través de una conducción del tempo magistral y de un despliegue sonoro fastuoso que propician esa sensación de fuerte emocionalidad directa que habrá de ser una constante en todas sus versiones. Siguen las 7 piezas enforma de Impromptum op. 18 que conforman la Tercera suite de 1916, obra de larga gestación que muestra una clara independencia entre las distintas partes que la forman, perfectamente explicadas en su individualidad en una versión de nuevo plena de fuerza expresiva, fantasía y virtuosismo. Culmina este primer disco con la impresionante Sonata nº 1 en fa sostenido menor, la primera del ciclo de tres sonatas que conforman el op. 24—de las cuales la segunda de ellas, en mi bemol menor, perfectamente concebida, Enescu nunca plasmó en la partitura—y que suponen, junto a la Tercera sonata para violín y piano op. 25, la cumbre de su plenitud creativa dentro del género sonatístico. Se trata de una obra, tan profunda como poética, que parece desarrollarse bajo el signo de la improvisación rapsódica pero cuya elaboración, sólida y meditada, se revela tras una versión de De Solaun de precisión ejemplar en la lectura de un texto complejísimo, de altísima exigencia técnica (impresionante su ejecución de la Fuga-Tocatta) en la que el pianista valenciano ofrece una ejecución electrizante y plena de matices, en una simbiosis mágica entre la sublimación folklórica y el rigor arquitectónico que caracteriza a esta música. Un lirismo peculiar, impregnado de emoción y que se define con eltérminoDor—equivalente rumano al Zal polaco—y que transmite sentimientos indefinibles, relacionados con la tristeza ardiente, la desolación y la nostalgia y que se expresan a través de un rubato permanente, implícito ya en la música pero que Enescuconcreta por medio de sofisticadas transformaciones rítmicas e indicaciones de variado signo. Una forma de expresión de la que Josu de Solaun parece haberse empapado y en la que se mueve con absoluta naturalidad y precisión, exhibiendo además un virtuosismo realmente avasallador y una capacidad de sugestión tímbrica excepcional, a través de la cual asistimos a efectos coloristas de arpas, cimbalón, flautas… en una exhibición inagotable de fantasía sonora.

El segundo disco gira en torno a la impresionante Sonata en re mayor op.24 nº 3 de 1935, a la que acompañan la segunda Suite op. 10 de 1903, el Preludio y fuga del mismo año, fiel a los modelos barrocos pero pleno de audacias armónicas en las frecuentes inflexiones modales del preludio y sonoridades organísticas en una fuga plena de encanto y de gran vuelo instrumental, además de la Pieza sobre el nombre de Faurè, inspirado homenaje a quien fuera su maestro.

Con la Suite op. 10 obtiene Enesco el premio Pleyel de manos de un jurado formado por Debussy, D’Indy, Massenet y Cortot. Obra impregnada de sabor francés innegable, rebosa exuberancia y entusiasmo juvenil, perfectamente reflejados en la versión chispeante y plena de brillantez del pianista valenciano, quien culmina la grabación con una interpretación antológica de una Sonata en re mayor que, de alguna manera, recoge el espíritu francés de la Suite anterior—con cuya Bourré parece emparentarse—con el aderezo de un sabor neoclásico en los dos movimientos rápidos extremos, íntimamente relacionados por temática y espíritu y que flanquean alandantinocantábile en Si mayor, de belleza indefinible en sus arabescos fluidos, sus armonías vibrantes y sus apoyaturas y trinos penetrantes, que en manos de DeSolaun parecen alcanzar su expresión definitiva, realmente fascinante e hipnótica.

La grabación es de calidad excelente, si bien el Steinway neoyorkino empleado en el tercer disco posee prestaciones claramente inferiores a las del magnífico Shigeru Kawai utilizado en los otros dos y que además se beneficia de la magnífica acústica del Palau de la Música de Valencia, permitiendo apreciar todas las posibilidades técnicas de un músico sorprendente al que habrá que seguir con atención, ya que probablemente estemos ante uno de los pianistas más dignos de ser escuchados del actual panorama internacional. © 2017 Codalario




Emili Blasco
Scherzo, March 2017

ENESCU, G.: Piano Works (Complete), Vol. 1 (Solaun) GP705
ENESCU, G.: Piano Works (Complete), Vol. 2 (Solaun) GP706
ENESCU, G.: Piano Works (Complete), Vol. 3 (Solaun) GP707

Plena recomendación, pues, hacia unos discos tan completos como sobresalientes, gracias al indiscutible mérito de un comunicador tan completo como impregnado de la música que interpreta. © 2017 Scherzo




Gonzalo Pérez Chamorro
Ritmo, July 2016

Hace años tuve la suerte de escuchar y comentar para esta revista una grabación generosa del piano de Enescu por Christian Petrescu (Accord), de rumano a rumano, que es donde parecía quedarse esta música, salvo contadas excepciones. Entonces, como ahora, la sensación ha sido la misma, es una música excelente, en la línea de la fuerza de un Bartók y el refinamiento de un Debussy. Nuestro pianista de portada es el encargado de acometer la integral de este fantástico piano, siendo este el primero de los tres discos que lo integrarán. Una gran noticia.

Conocí a Josu de Solaun porque tuve que escribir unas notas para un concierto suyo, en el que interpretó la Primera Sonata (1924), presente en este disco. Si el lector me perdona, reproduzco en parte lo que entonces escribí: “La presencia poco habitual de George Enescu, compositor de una fuerza dramática comparable a un Janácek o Bartók, se debe a la afinidad de nuestro intérprete con esta música, de la que en breve aparecerá su grabación pianística completa. La Primera Sonata (1924) es contemporánea de Oedipe, ópera de importancia mayor que las oportunidades que le ofrecen los grandes teatros. El Allegro inicial es portentoso, demanda a un pianista que encuentre en su escritura todas las maravillas ocultas, tanto armónicas como rítmicas, sin dejar de evitar la influencia de Debussy (Soirée) e incluso una reminiscencia al Dies Irae. Un ostinato rítmico diabólico preside el segundo movimiento, bastante sarcástico, que hace de bisagra entre los dos opresivos mundos con que se inicia y concluye esta soberbia música, donde la obstinación cambia de mano, describiendo de nuevo un interminable goteo de obsesivas células repetidas, con ADN de la Música nocturna de Bartók”.

Solaun entiende de maravilla esta música porque la lleva más allá, conoce muy bien la música contemporánea a estas obras y la relaciona con ellas. Las Pieces Impromptues Op. 18 (1916) son un ciclo de siete piezas repletas de fantasía (la Mélodie “proviene” del Morgen de R. Strauss), con influencias de Rachmaninov, e incluso Granados (Voix de la Steppe) y Mussorgsky (Burlesque), anunciando en Carillon nocturne a Messiaen y sus personales acordes. Será una revelación para el oyente, que se sentirá cómodo con lenguajes cercanos, reconocibles en las citadas influencias, pero que advertirá la sorpresa de una música nueva, por trato armónico, sugerencias rítmicas (Mazurk mélancolique) e inventiva melódica. Una obra maestra.

El disco crece y crece hasta llegar a la colosal Sonata, de la que Solaun se ha hecho amo y señor, conociendo todos sus secretos y caminos. Modera las tensiones del complejo movimiento inicial, una especie de fantasía espectral que el compositor le escribió el adjetivo de “Grave” por su introspección, explicando el pianista con claridad todo su complejo desarrollo emocional. En el Presto central el colorido del piano es ejemplar, estando el intérprete arrollador en el discurso del ostinato. Y ese colorido muta en el Andante molto espressivo, “reducción” pianística del universo Enescu, música de una pureza mística absoluta, enriquecida con el genio pianístico de un compositor al que se puede por fin acceder en este primer volumen, una primera entrega que es ya uno de los discos para piano del año. © 2016 Ritmo





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