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Álvaro del Amo
Ritmo, June 2015

DONIZETTI, G.: Favorite (La) (Théâtre du Capitole, 2014) (NTSC) OA1166D
GLUCK, C.W.: Alceste (Teatro Real, 2014) (NTSC) 3074978

Dos óperas francesas de autores extranjeros, el italiano que desplazó el belcantismo hacia la oscuridad romántica y el alemán que amplió la fábula con música hasta el dramatismo de un relato psicológico. Ambos exaltaron el valor de dos mujeres, dispuestas a sacrificarse por el amor de un rey, en un doble contexto literario. Donizetti retrata un personaje histórico perfectamente desvirtuado en su trasposición teatral; Leonor de Vargas no fue la querida vergonzante del rey Alfonso XI, sino la amante luminosa que le dio diez hijos. Gluck se fija en Alcestis, el arquetipo clásico de la esposa perfecta, modelo de la Lucrecia violada por Tarquinio, antecedente de la Leonora que se disfrazó de Fidelio para salvar a Florestán.

Las versiones representadas en el Capitole de Toulouse y en el Teatro Real participan del criterio actual que exige replantearse el modo de abordar un repertorio que ya no soporta el peso de la tradición. Y a punto están de lograr un estilo original, capaz de interpelar al espectador de hoy sin desvirtuar las bellezas y secretos de las obras elegidas. La favorite se queda corta por la timidez de la batuta y Alceste se desborda por la facundia tumultuosa del director de escena.

William Ashbrook, autor de un libro exhaustivo sobre Donizetti y sus óperas sitúa La favorite entre los títulos destacados del compositor, advirtiendo que “no es simplemente otro romántico melodrama italiano, sino una elegante ‘gran opera francesa’, lo que supone la necesidad de respetar la precisión incisiva con que Donizetti utiliza el texto francés, donde las pasiones controladas se muestran a través de un pulido tamiz, que es preciso potenciar con la resuelta decisión de un gran estilo”.

Complejo y delicado equilibrio, según esto, entre sutileza y contundencia, sugerencia y chafarrinón, pincelada o brochazo. Santiago Salaverri, en su apasionada y perspicaz defensa de La favorite, lamentaba las vulgaridades de La favorita, insoportables en el desenlace.

La tensión comparativa entre ambas versiones regresa al escuchar a Antonello Allemandi empeñado en contener a la dúctil orquesta de Toulouse, que no suena como “un romántico melodrama italiano”, pero tampoco como “una gran ópera francesa”. Tanto desactiva la efervescencia de la música de Donizetti que a veces recuerda a Ciboulette de Reynaldo Hahn o L´etoile de Chabrier, en su meliflua evanescencia. La mezzosoprano norteamericana Kate Aldrich y el tenor chino Yije Shi no comulgan del todo con los pudores del director de orquesta, defendiendo una Leonor tensa y tersa, frente a la refinada pureza de Fernand, que no desmerece de sus modelos históricos. El barítono francés Ludovic Tézier sí parece optar por un supuesto estilo patrio, quizá con el Golaud de Debussy como referencia obligada. La historia transcurre en un sombrío ambiente con alusiones medievales, contrastado por el colorido y el carácter simbólico del vestuario, una atmósfera fúnebre más cerca de La favorita que de La favorite. Si por defecto peca Allemandi por exceso peca Warlikowski en su obcecación por convertir a Alceste en Lady Di. No puede decirse que la idea sea descabellada; la princesa de Gales es un ejemplo de la contaminación del poder real, capaz de destruir a quien se acerca al palacio con el candor de la novia enamorada y la seriedad de la mujer dispuesta a cumplir. Pero la excesiva literalidad, que arranca con una proyección de la soprano entrevistada como Diana, confunde al espectador. Una cosa es que el personaje inspire y a él se aluda; otra cosa es pretender que ella sea la protagonista de la ópera de Gluck. Warlikowski hace gala de una imaginación galopante, que le convendría controlar, porque es un muy talentoso “animal teatral”; consigue, sobre todo en el segundo acto, una detallada cadencia de situaciones que explicitan magistralmente lo que está ocurriendo, una tarea difícil por el estatismo de la acción.

Ivor Bolton convierte la Orquesta del Teatro Real en el conjunto adecuado para un caudal sonoro que fluye intenso, sosteniendo la absorbente y demoledora actuación de la soprano alemana Angela Denoke, una Alceste ideal, y el tenor norteamericano Paul Groves en el marido atribulado que se niega a que mueran por él. Una inteligente filmación de Stéphane Metge acerca la función al espectador televisivo, que es posible que no comparta los abucheos a la puesta en escena. Por una vez, el DVD sustituye con ventaja al público del teatro. © 2015 Ritmo





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