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Album Reviews



 
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Pedro Coco Jiménez
Ritmo, June 2019

La relación de Ermonela Jaho con la Royal Opera House es fructífera, habiendo cantado allí roles como Violetta, Mimì, Suor Angelica, Magda o Manon, por lo que se entiende la calurosa respuesta del público al fi nal de la representación de Madama Butterfl y. Es innegable que la cantante albanesa se entrega desde la primera nota y que los papeles dramáticos son su especialidad por la afi nidad que sus mimbres tienen con los roles trágicos; dicho esto, y aunque su voz suene más ligera de lo esperado en Cio-Cio-San, no se puede negar su intenso trabajo y sus buenos resultados. Todo un lujo es la Suzuki de Elizabeth DeShong, con medios frescos y sobrados para el rol. Los dos integrantes masculinos del cuarteto protagonista son menos adecuados, con un Marcelo Puente muy atento a la escritura de Pinkerton, pero de vibrato algo descontrolado y un Sharpless correcto, pero con pocos matices de Scott Hendricks.

Pappano realiza una lectura de dinámicas contrastadas y gran atención a los cantantes; es esta una Butterfl y donde el foso adquiere una relevancia especial, y la toma sonora del DVD así lo potencia. Por último, la ya famosa producción de Leiser y Caurier mantiene todo el atractivo visual del estreno, y el elegante minimalismo de los decorados se convierte en un especial marco para la inteligente dirección de actores. © 2019 Ritmo



Fernando Fraga
Scherzo, February 2019

Ermonela Jaho es hoy una de las Butterfly de mayor impacto dramático, junto a Opolais y Racette, intérpretes que combinan canto y expresión en dosis intercomunicantes, algo decisivo en el cosmos pucciniano, con tantas frases cortas e incisivas para las que se precisa un certero matiz que permita al personaje crecer ante nuestros ojos y oídos. La albanesa no deja al azar ninguna de ellas, al margen del suntuoso desarrollo en las frases melódicas de mayor aliento, por lo que es imponderable que disfrute de este testimonio.

Sostenida por un montaje con mucho clima, respetuoso, detallista, inteligente y sensible a los requisitos de la obra y a favor de sus intérpretes, cuidando en particular a la omnipresente protagonista, Jaho da una emocionante lección de cómo traducir a la frágil japonesa sin caer jamás en el sentimentalismo barato, y si en ciertos momentos puede acercarse a la desmesura, esta está totalmente justificada. Las vigilantes cámaras de Woorward se encargan de constatarlo y la minuciosa y delicada dirección de Pappano contribuye a rubricarlo. Triunfo absoluto para la soprano.

Es de destacar la espléndida Elisabeth Deshong, algo menor de acuerdo con sus posibilidades o currículo, ya que es hoy, por ejemplo, un Arsace rossiniano y un importante Orsini donizettiano, partes bastante ajenas de la personalidad musical de Suzuki. Puente pone un buen físico, una bonita voz y un discreto y algo superficial canto a un Pinkerton en conjunto funcional. Scott Hendricks añade la bonhomía asociada a tan tierno y sensato personaje. Carlo Bosi es un Goro ideal. El resto del equipo del teatro inglés colabora atento, demostrando de nuevo que el trabajo del director musical no deja de lado ninguna oportunidad de demostrar su concepto global del hecho operístico, tratándose de un auténtico concertador a la antigua usanza. © 2019 Scherzo



Sebastian Spreng
Miami Clásica, January 2019

Quienes afirman que en la era del #MeToo, Madama Butterfly tiene los días contados deberían ver esta sólida reposición de la puesta en escena estrenada en el 2003 en el Covent Garden londinense, sin excesos, tradicional hasta un punto, es un muestrario de los aciertos de Puccini en su aproximación al Oriente de entonces y la destrucción de un inocente por la cultura machista quizás sólo luego igualado por Britten con Billy Budd. Alguna que otra audacia no rompe con esta elegante versión – no lejana a la del film de Jean Pierre Ponnelle para Karajan –  firmemente sostenida desde lo vocal por un elenco excelente comandado por el siempre confiable Antonio Pappano que entrega una lectura espléndida, colorida, genuina, una lección de estilo y vitalidad con su mejor aliada, la Orquesta del Covent Garden.

Esta Butterfly marca el reencuentro del público londinense con Ermonela Jaho después de su debut consagratorio como Violetta -cuando en 2008 reemplazó a Anna Netrebko-  debut seguido por Manon Lescaut, Mimi, Magda y Suor Angelica. Apunta Pappano “ella es la razón de esta reposición”. Extraordinaria en la sala pero poco favorecida por los excesivos “close-ups” para la televisión que enfatizan algunos irritantes amaneramientos y excentricidades,  a medida que transcurre la representación, la soprano albanesa va creciendo como Cio Cio San para llegar a convencer plenamente en el final. Durante la clamorosa ovación final la cantante besa el escenario de sus mayores éxitos. Butterfly es su carta de presentación (con ella hizo su rentree en el Met el año pasado después de una solitaria Traviata en 2008), Jaho es una intérprete notable del esquivo personaje, tan extenuante como tramposo, tan difícil de abordar sin caer puerilidades, del que contadas emergieron creíbles y conmovedoras.

La enmarca una Suzuki memorable a cargo de Elizabeth DeShong, de una contención ejemplar la experimentada mezzo americana es la catalizadora absoluta, refleja la tragedia latente con una actuación estremecedora que se hace eco de la angustia creciente del público. Vocalmente impecable, desde su primera entrada, esta Suzuki lo sabe todo, cada paso es una comprobación de lo inevitable, basta la sentencia “Nella grande ora, sola! Piangera tanto tanto!”. Un punto por debajo el Sharpless de Scott Hendricks, cumple en el renglón vocal destacándose en el dramático con un papel que enfatiza esto último.

El debut de Marcelo Puente como el Teniente B. F. Pinkerton brinda un nombre nuevo, ascendente y con todas las de ganar. El tenor argentino es apuesto, condición también importante para el personaje, sabe actuar y cantar, tres virtudes que no siempre van de la mano. Al igual que Jaho, crece con la función para llegar a un “Addio fiorito” de altísimo nivel, aria que Puccini agregó para endulzar la imagen del “yanqui vagabundo”. Como su predecesor, tocayo y coterráneo Marcelo Alvarez, el cordobés Puente se instala como uno de los nombres a tener en cuenta cuando se mencionan tenores actuales y en ascenso.

La puesta en escena de Leiser y Caurier con escenografía de Christian Fenouillat y vestuario de Agostino Cavalca ha sido recibida con demasiados peros, especialmente aquellos que la tildan de “homogeneizada” o “esterilizada”. Antítesis de la espectacular producción del Met debida a Anthony Minghella (originalmente en el Coliseum de Londres), no se embarca en propuestas conceptuales limitándose a una austera, funcional y convincente aproximación del drama. La historia está contada tal como es, sin excesos ni interpretaciones, y en este sentido hay que valorar el retorno a un ascetismo escénico acorde con la estética nipona que la hace perdurable (y amortizable). 

Esta versión en DVD rivaliza con su contemporánea metropolitana, la mencionada de Minghella, y la original de 1904 escenificada en La Scala dirigida por Chailly con Maria José Siri, Bryan Hymel y Carlos Alvarez.
En última instancia, mas allá de los toques discutibles y licencias poéticas de la puesta londinense, otra vez se demuestra cómo el peso de la ópera reside en su protagonista y en Ermonela Jaho se tiene una artista que hace creíble hasta el aleteo final de esta pobre mariposa moribunda ideado por su directores. © 2019 Miami Clásica





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