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Javier Mitchell
Culturalmente Incorrecto, October 2016

“The Rape of Lucretia” (La Violación de Lucrecia”, muchas veces mal traducido por "El Rapto de Lucrecia"), es una ópera de cámara con música de Benjamin Britten y libreto en inglés de Ronald Duncan. Se estrenó en el Festival de Glyndebourne el 12 de julio de 1946 y fue escrita para Kathleen Ferrier, quien interpretó el rol titular. Duncan basó el libreto en la obra de André Obey, “Le Viol de Lucrèce” y éste, a su vez, se basó en un poema de Shakespeare, y todos se inspiran en el relato original de Tito Livio.

Naxos USA lanzó al mercado americano la edición en formato blu-ray de “The Rape Of Lucretia”, producción del año 2015 del Festival Glyndebourne, dirigida por Fiona Shaw y protagonizada por Christine Rice, Allan Clayton, Kate Royal, Duncan Rock y Matthew Rose. El maestro Leo Hussain dirige a la London Philharmonic Orchestra; el diseño de escenografía pertenece a Michael Levine, el vestuario a Nicky Gillibrand y el diseño de luces es de Paul Anderson.

Britten instruyó que los personajes de los coristas hombre y mujer permanecieran estáticos a lo largo de toda la obra, pero se trata de una orden frecuentemente desobedecida en las puestas posteriores a su estreno y en el caso de esta nueva producción de Glyndebourne, con resultados geniales. En un principio se trataba de dos personajes modernos (masculino y femenino ) que comentan la acción de una obra ambientada en la Antigua Roma en los tiempos paganos, desde una perspectiva cristiana. En la producción de Shaw, éstos se presentan como dos arqueólogos de la época de la composición de la ópera (1945) que trabajan en un sitio antiguo y cuentan la historia de ese descubrimiento. En esta antítesis de lo pedido por el compositor, Fiona Shaw se juega al impulsar una intensa relación entre el corista con Tarquino y la corista con Lucrecia. En un momento Tarquino monta su coro bravíamente en la descripción de su feroz y torpe cabalgata hacia Roma. El machismo y la violencia alcanza así una expresión extrema, desprovista de la dialéctica algo tiesa que normalmente acompaña las puestas donde el coro permanece separado de la acción. Lucrecia se ve similarmente realzada por la forma en que ésta parece comunicarse con su coro. Pero hay más aún, los coristas llegan a interactuar entre ellos para reflejar una contradictoria y mutua atracción. Con ello aciertan al mostrar el remordimiento que finalmente arrastra a Lucrecia al suicidio: se ha sentido atraída a su violador y con ello ha dejado de estar enamorada de su marido.

Allan Clayton y Kate Royal han sido perfectamente elegidos como el hombre y mujer del coro comprometidos emocionalmente, mientras que Duncan Rock se impone a través de su canto masculino (y su físico musculoso) como el violador Tarquinio. Christine Rice es por momentos devastadora como Lucrecia, atenuando el color de su voz después de su violación, y Catherine Wyn-Rogers es una Bianca fresca y vital. Mateo Rose también sobresale en su papel como Collatinus. El maestro Leo Hussain, en su debut en este Festival, logra imprimir a la partitura un sonido finamente interpretado a través de la la brillante ejecución de los músicos de la London Philharmonic Orchestra.

La escenografía es oscura y minimalista, con un suelo barroso que a la vez representa esa oscuridad física y moral de los soldados de Tarquino que interrumpe cruelmente las aspiraciones de pureza de una Lucrecia vestida con un camisón blanco manchado de barro por su violador. Sobre el final Lucrecia es semienterrada en este lodazal y todos los personajes vuelven a su pasado en una semioscuridad confusa. El tiempo de Roma ha pasado y sólo quedan nuestros coristas, abocados a la tarea arqueológica de tratar de desenterrar los vestigios de la historia que acaban de interpretar. Finalmente hallan tres pedazos de escultura: dos antebrazos y una cabeza de mujer que colocan en forma de cruz: la metáfora de Cristo como idea universal de perdón y sufrimiento, de lo masculino y lo femenino.

La directora aplica muchas ideas propias a la acción pero sin aburrir con detalles innecesarios: algunas funcionan muy bien, otras quizás confunden y algunas quizás irritan. Pero independientemente de cómo se hayan utilizado estos conceptos, pocas veces se tiene oportunidad de presenciar una ópera con tan alto nivel de calidad de interpretación tanto en lo actoral como en lo musical. Esta producción de “The Rape of Lucretia” es una excelente pieza operística-teatral con actuaciones de rara belleza, con una fuerza expresiva precisa y dinámica en el dramatismo de la trama. © 2016 Culturalmente Incorrecto





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