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BELLS OF DAWN (THE)


Ondine ODE1238-2

   El arte de la fuga, January 2015

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Urko Sangroniz
El arte de la fuga, January 2015

El barítono Dmitri Hvorostovsky (Krasnoyarsk, 1962) presenta una nueva referencia discográfica con un programa que incluye música religiosa y profana rusa, en el que el solista de origen siberiano se erige en el auténtico protagonista. Continuando con una costumbre habitual entre las voces graves del ámbito eslavo, la suya es la última aportación a lo que podría llamarse una tendencia, la cual goza de numerosos seguidores en todo el planeta, aficionados que se muestran atraídos por estas armonías tan características, por las oscuras sonoridades conseguidas, por los timbres carnosos propios de esas latitudes y por una expresividad marca de la casa. Tampoco hay que buscar muy lejos, en este caso sin abandonar su propia carrera, ya que esta no es la primera vez que Hvorostovsky realiza una grabación por el estilo: en su discografía se pueden encontrar algunas referencias anteriores que apuntan en la misma dirección y que fueron grabadas en la década de los noventa. La suya es, como ya se ha dicho, una iniciativa que se entronca en la tradición, y en este sentido nos vienen a la memoria las grabaciones que realizaron otros grandes antes que él, como aquellas de Fiódor Chaliapin o de Boris Christoff, por poner dos ejemplos destacables.

El programa escogido para la que es su tercera referencia en el sello finlandés Ondine está diseñado en dos partes bien delimitadas, diferentes a la par que complementarias la una con respecto de la otra. Esta dicotomía representa de forma inmejorable la esencia de la música y del alma rusa: por un lado encontramos la introspección del individuo y su religiosidad, ese sentimiento tan enraizado en el pueblo ruso que ni los sucesos más destacables del s. XX pudieron hacer desaparecer. Por otro lado y en el apartado profano, el programa hace hincapié en la soledad del individuo ante la inmensidad de la naturaleza circundante y en la resignación frente a las adversidades de la existencia, algo que los artistas y literatos han plasmado en sus obras de forma significativa desde la primera mitad del s. XIX. Las obras que aquí se escuchan, casi todas compuestas en la segunda mitad de esa centuria, son un buen ejemplo de esta manera de sentir.

En lo que a la música religiosa respecta, encontramos aquí varias obras canónicas dentro del repertorio, como son Khvalite imya Gospodne (Alabad el nombre del Señor) de Dobri Khristof, Blazhen muzh (Bendito sea), Sovet prevechnïy (Escucha mi plegaria) y Ot yunosti moyeya (De mi juventud) de Pavel Chesnokov, y Simvol verï (Credo) de Aleksandr Arkhangelsky. Todas ellas destacan, además de por su belleza, por el desarrollo polifónico alcanzado, algo común en la música litúrgica -cantada a capella– de la tradición ortodoxa rusa. La belleza en las melodías y las hipnóticas armonías tan caractrísticas hacen del apartado profano uno de los puntos fuertes del disco. De entre todas las canciones populares cabría destacar por su dramatismo Ne odna vo pole dorozhka (No hay ningún camino a través del campo) y Uzh kak pal tuman (La niebla ha caído sobre los campos) y Odnozvuchno gremit kolokol’chik (La solitaria campana del cochero) por la melancolía que trasciende en lo musical expresada por su protagonista. Sería injusto no destacar la soberbia canción de Sviridov Zoryu b’yut (Las campanas del amanecer) que da nombre al disco y su sorprendente -una vez más tratándose de este compositor y reparadora belleza, además de por sus desoladoras armonías.

La interpretación de Dmitri Hvorostovsky, ya sea cantando en solitario o acompañado por el coro, rezuma pasión y entrega a espuertas, identificándose plenamente con cada una de las situaciones y los pequeños dramas localizados. Pleno de facultades canoras, su canto suena fibroso, redondo y contundente, como en sus mejores tiempos, sin concesiones de ningún tipo a lo largo de todo el programa. El coro que le acompaña, el Gran Coro “Maestros del Canto Coral”, cuya nomenclatura pudiera parecer un tanto pretenciosa en un principio, hace honor a su nombre y da una lección magistral de acompañamiento. Magníficamente dirigido por Lev Kontorovich, las excelentes voces que lo integran saben adoptar el papel protagonista y secundario a la perfección cuando corresponde. En resumidas cuentas, un disco que supone una muy buena nueva aportación a este tipo de programas y que resulta disfrutable de principio a fin para los amantes de este tipo de repertorios. © 2015 El arte de la fuga





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